Emilio Saracho en la junta de accionistas de la entidad
Emilio Saracho en la junta de accionistas de la entidad - ABC

El Popular, contra las cuerdas

El sexto banco del país, cada vez más cerca de su venta a precios de saldo tras una semana de fuertes pérdidas

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En una crisis, el tiempo nunca juego a favor». Es una de las lecciones aprendidas durante estos años de caos financiero y económico por un banquero español y que ahora parece cumplirse a rajatabla en el caso del Banco Popular. La entidad presidida por Emilio Saracho pone hoy fin a una de las semanas más complejas de su historia, en la que los mercados parecen haberle dado un ultimátum con jornadas, como las del jueves y el viernes, en las que ha llegó a perder un 18% de su valor cada día. El banco entra así en tiempo de descuento, después de haber intentado enderezar su futuro en solitario, con ampliaciones de capital primero y un cambio de presidente después.

Lo cierto es que las cartas con las que juega el sexto banco español son cada vez menores. La posibilidad de venta de la entidad sigue siendo la más deseada, pero la falta de información y abundancia de rumores han hecho que se baraje ya la resolución sin tapujos. La ampliación de capital a la que apuntó el propio Saracho en la junta de accionistas de la entidad parece no tener sentido una vez planteada la venta del banco. ¿Qué inversor querría comprar lo que previamente han rechazado las grandes entidades financieras del país? Por último, la venta por trozos es otra de las salidas, aunque sólo es posible en un escenario de relativa calma, sin volatilidades como las que está viviendo actualmente la entidad.

Así, como posibles compradores siguen apareciendo los dos grandes del sistema financiero español, BBVA y Santander, junto a Bankia. Lo cierto es que los actuales niveles de precios sitúan la entidad a un nivel muy atractivo. Los títulos de la entidad cerraron el viernes con una caída del 17,4%, a 0,41 euros, después de que inversores institucionales vendieran grandes paquetes de acciones ante la incertidumbre sobre el futuro del banco. A ese precio el banco queda valorado en 1.720 millones de euros, frente a su valor en libros de 11.000. De hecho, el Popular valdría menos en Bolsa que el dinero que captó en su última ampliación del pasado mes de junio, cuando obtuvo 2.505 millones.

Compras a saldo

BBVA ya ofreció a Ángel Ron el pasado mes de noviembre 1,35 euros

por acción pero, a la vista de las incertidubres sobre las cuentas del Popular y la falta de garantías públicas rebajó su interés. Ahora, fuentes financieras vuelven a situarle en primera línea de salida, sobre todo teniendo en cuenta que la actual cotización del banco supondría una sustancial rebaja del precio inicialmente revisto por Francisco González.

Por su parte, Bankia también se ha situado entre los candidatos favoritos, aunque su presidente, José Ignacio Goirigolzarri, ya dejó muy claro que su interés responderá únicamente al de sus accionistas y que, en caso de que finalmente prosperara una oferta de la entidad, nunca sería a un precio mayor al que resultara de sus cálculos. «Cualquiera que presente una oferta lo hará a un precio que genere valor para sus accionistas, pero no para resolver un problema de Estado, incluida Bankia», asegura a este periódico un asesor financiero.

Lo cierto es que Bankia tiene unos holgados niveles de capitalización y además sus negocios son complementarios. Además, con la entrada de los accionistas del Popular se lograría la dilución del FROB (actualmente ostenta el 65%).

«La operación con Bankia presenta un atractivo tanto desde el punto de vista estratégico —Bankia se convertiría en la entidad líder en el mercado nacional empatada con Caixabank— como desde un punto de vista de credibilidad, ya que actuaría como garante de la confianza del sistema financiero español, que podría haberse visto dañada en los últimos meses con los saneamientos extraordinarios e inesperados de Banco Popular», aseguran los analistas de Analistas Financieros Internacionales (Afi).

Otras fuentes, sin embargo, interpretan que la labor de Bankia es este proceso es únicamente la de hacer de «liebre» en la operación. «Hay mucho interés del Gobierno en conseguir que la operación de venta fructifique. Sería un varapalo para la reputación de España el hecho de tener que recurrir al mecanismo de resolución, pues hay quien podría interpretarlo como que es un proceso que no está cerrado», asegura un economista especializado en el sector financiero.

Intervención europea

Y lo cierto es que la intervención de la entidad por parte de la Junta de Resolución Bancaria (SRB) es una opción que ha ido ganando intensidad a lo largo de la semana. De confirmarse, sería el estreno del mecanismo de intervención europeo y lo cierto es que en la institución conocen bien la situación del banco español. No en vano, Antonio Carrascosa, antiguo director general del Banco de España es ahora el director de Planificación y Decisiones de Resolución del SRB.

La activación del mecanismo de resolución supondría el debut del «modus operandi» que aprobó Bruselas tras los rescates bancarios desatados por la crisis económica y financiera y que busca evitar que los contribuyentes tengan que hacerse cargo de la factura, como ocurrió estos años atrás. Se trata de un «bail in», un autorrescate de la entidad, en el que los accionistas y deudores asumen las pérdidas de la misma. Así, el primer paso es valorar en cero todas las acciones del banco, con lo que los actuales socios perderían la totalidad de su inversión. Los siguientes en asumir pérdidas serían los llamados Cocos, de los que el banco tiene en torno a 1.250 milones de euros. Después, la deuda subordinada, la preferente y la senior y por último los depósitos no cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD).

En el mercado dan por sentado que el impacto llegaría únicamente a la deuda subordinada, pero la incertidumbre sobre los deterioros que aún quedan por aflorar va en aumento. Y lo cierto es que los distintos instrumentos de deuda, tanto senior como subordinada e híbrida se han visto ya muy afectados en su cotización y han caído con fuerza en las últimas semanas.

Banco Popular tuvó unas pérdidas de 3.500 millones de euros en 2016, a las que hay que sumar los 137 millones del primer trimestre de 2017, derivados en su mayor parte de las necesidades de saneamientos de su cartera inmobiliaria. Con estas provisiones, la entidad se situó en niveles de cobertura de créditos dudosos similares a la media de las grandes entidades de nuestro país, aunque siguió por debajo en la cobertura de sus activos adjudicados.

Así, con la petición del autorrescate sobre la mesa, la posibilidad de que los accionistas se vean obligados a aceptar una oferta muy a la baja respecto de sus expectativas iniciales va ganando fuerza. «Ahora el precio es muy atractivo, el problema es que hay pánico y eso es irracional. Estamos en una situación similar a cuando dejas caer un cuchillo al suelo. Nadie se atreve a cogerlo por miedo a cortarse», reflexiona un analista.

El único riesgo que podría frustrar la eventual operación es que la entidad comience a sufrir una salida de depósitos descontrolada. «El bancario es un negocio distinto al resto. Las intervenciones no se hacen por falta de capital, sino por salida de depósitos y eso es un proceso muy rápido y completamente irracional», asegura otro experto. La propia entidad se ha esfrozado por zanjar este tipo de rumores. «Banco Popular cumple con los niveles de capital regulatorio exigidos», insistió el banco en un comunicado emitido el jueves en el que además negó que hubiera suspendido un test de estrés interno que está realizando el Fondo Monetario Internacional (FMI) a toda la banca.

Tiempo de descuento

Sin embargo, de poco sirven ya los comunicados. Los analistas dan por sentado que la entidad financiera debe definir su futuro este fin de semana antes de que el lunes abran los mercados para evitar una nueva sangría como las vividas el jueves y el viernes pasados.

En opinión de los analistas de Afi: «Sea cual sea la decisión que se acabe tomando, lo que sí parece claro es que la entidad ha agotado las opciones de recorrido en solitario, y los niveles de capital actuales unidos a las dudas sobre posibles saneamientos adicionales hacen imperativa una solución corporativa en el corto plazo».