Hace 32 años

El «pacto del teleférico» -por haberse tramado en un aguaducho situado en la proximidad del teleférico de La Moncloa por importantes dirigentes socialistas- convenció a Felipe González, que el 4 de julio de 1985, sustituyó a Boyer por Solchaga

JUAN VELARDE FUERTES
MadridActualizado:

El 31 de diciembre de 1986 comencé a publicar artículos sobre economía en ABC. ¿Y qué preocupaba a un economista entonces? Pues, sencillamente, que parecía evidente que solo quedaban ya cascotes del modelo económico que Boyer había planeado, como ministro de Economía del Gobierno de Felipe González. España, desde 1986, se encontraba plenamente en el seno del mundo comunitario europeo. Y ese modelo se ajustaba, de modo aceptable, a las exigencias nacidas, que se habían planteado entonces en la economía española. Ese gran experto que es Jaime Requeijo señalaba entonces que el problema esencial era el del saldo exterior que comenzaba a ser muy preocupante.

El modelo de Boyer, como informó entonces la profesora Sánchez Lissen, tenía su raíz en los Pactos de La Moncloa, como parecía mostrarse en lo señalado con motivo de la prórroga de los presupuestos de 1982. La postura de Boyer, como consecuencia del estallido del asunto Rumasa y de la crisis bancaria, fue acentuar una política restrictiva, gracias a unas decisiones presupuestarias que disminuyesen el déficit público, sin intentar apelar al Banco de España; y todo ello, junto a políticas equilibradoras de la balanza de pagos, incluyendo una política realista del tipo de cambio de la peseta, incluso afectando una inmediata devaluación, así como la implantación del IVA, y aceptando la mejora de los excedentes empresariales, para recuperar el crecimiento de las inversiones, además de una reestructuración industrial.

El «pacto del teleférico» -por haberse tramado en un aguaducho situado en la proximidad del teleférico de La Moncloa por importantes dirigentes socialistas- convenció a Felipe González, que el 4 de julio de 1985, sustituyó a Boyer por Solchaga, y en 1996, pasó a encabezar otro modelo, el socialkeynesiano. Aparecieron, inmediatamente, incrementos del déficit público, rigideces en el mercado laboral, incrementos en el déficit exterior y despreocupación por el funcionamiento del libre mercado. El resultado produjo una crisis considerable, que al ingresar España en el Sistema Monetario Europeo, generó una coyuntura desfavorable.

Los economistas criticaron esta novedad, y yo, desde ABC. Ahora, ¿no reaparece un desequilibrio presupuestario, una política laboral preocupante, un déficit de la balanza comercial?, ¿no vemos algo parecido? Por eso tienen que renacer las críticas.

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