Portugal se ha visto convertido en la ciudad turística de moda
Portugal se ha visto convertido en la ciudad turística de moda - ABC
Un modelo bajo sospecha

Explosión turística y burbuja inmobiliaria, el alarmante cóctel que agita la economía lusa

El precio de la vivienda suma dos años creciendo por encima del 14% y ya se deja ver el fantasma de la turismofobia

Corresponsal en LisboaActualizado:

La doble velocidad se instala en Portugal a golpe de «boom» turístico e inmobiliario. Mientras el sueldo mínimo no alcanza los 600 euros, el precio de la vivienda se dispara sin freno, con los crecimientos interanuales por encima del 14% en los últimos dos años. La burbuja se ha instalado y «difícilmente retrocederá a los niveles anteriores», tal cual alertan los expertos.

Ya lo predijo Standard & Poor’s con un informe en el que concluía: «La fuerte demanda doméstica y extranjera, así como la escasez de la oferta, está promoviendo unas fuertes subidas del valor de las casas en Portugal».

El Ayuntamiento de Lisboa confirma la explosión y sus servicios urbanísticos ya han detectado que un tercio de los inmuebles del centro de la capital se destina para el alojamiento, convertido en un negocio en esta ciudad de moda.

El poder adquisitivo de los demandantes foráneos está muy por delante de los locales y cada vez la avalancha resulta más elevada, sobre todo porque los jubilados de países como Suecia o Finlandia están exentos de pagar impuestos en el país vecino. Así las cosas, los residentes de toda la vida se ven desplazados y obligados a echarse en brazos del mercado de alquiler en la periferia tanto de Lisboa como de Oporto.

Nada menos que 49 nuevos hoteles abrirán sus puertas en Lisboa y Oporto de aquí a finales de año

Nada menos que 49 hoteles van a abrir sus puertas en ambas urbes de aquí a final de año; tales son las plusvalías vigentes en este ramo en alza. Los lisboetas se lanzan a colocar en Internet decenas de casas disponibles para estancias cortas, que son las más solicitadas. Y numerosos edificios destartalados se renuevan a golpe de lavado de cara urbanístico, toda una fuente de ingresos para las arcas municipales a través de la concesión de licencias.

La presión turística resulta casi asfixiante en el Chiado, Santa Catarina o Príncipe Real, antesala para una cierta «turismofobia» en ciernes, tal cual reflejan las últimas manifestaciones de protesta registradas.

En distritos lisboetas como Santa Maria Maior o Misericordia, la cantidad de turistas sobrepasa a la de vecinos, con el metro cuadrado por encima de los 3.000 euros. ¿Hasta cuándo se va a manifestar esta ascensión que parece imparable? ¿No hay manera de establecer unos límites? Es lo que piden los portugueses de a pie, hasta ahora encantados de recibir a turistas pero con una reticencia en clara progresión.

Una proposición no de ley en la Asamblea de la República ha querido devolver el protagonismo ciudadano a las comunidades, pero aún está por comprobarse su eficacia real. Y es que la mayoría de los residentes en un portal puede bloquear a quienes ponen sus apartamentos en renta si consideran que hay demasiado ruido o cualquier otra circunstancia. La decisión final corresponderá siempre al Consistorio, eso sí.

Las tasas que se cobran por pernoctaciones o en los billetes de transportes no cesan de mostrar su pujanza como fuentes recaudadoras

«¿Demasiados turistas? En absoluto. Todavía tenemos que atraer a un número mayor». Las recientes palabras del primer ministro socialista, António Costa, no han hecho sino inquietar a muchos portugueses que sortean el vendaval inmobiliario como pueden.

Lo dijo a finales de la IV Cumbre Turística de Lisboa, donde difundió el dato de que el peso del sector permanece en el 8% del PIB. A partir de ahí, anunció el objetivo de alcanzar el 10% a corto y medio plazo. Y eso que el Fondo Monetario Internacional ya ha alertado al país vecino sobre los riesgos que conlleva sustentarse demasiado en la fuerza del turismo como motor económico.

Pero las tasas que se cobran por pernoctaciones o en los billetes de transportes no cesan de mostrar su pujanza como fuentes recaudadoras, una de las razones por las que el ex alcalde de la capital no oculta su satisfacción por este tipo de apuesta. Se habla de un «efecto Barcelona» que puede transformar Lisboa en un enclave prohibitivo para el modesto poder adquisitivo local.