Christian Sewing, nuevo CEO de Deutsche Bank
Christian Sewing, nuevo CEO de Deutsche Bank - REUTERS

Deutsche Bank anuncia 10.000 despidos

Deutsche Bank acaba de anunciar un nuevo recorte de su plantilla desde los 97.000 empleados actuales hasta «muy por debajo» de los 90.000, en el marco de la reestructuración de sus negocios de banca corporativa y de inversión.

Corresponsal en BerlínActualizado:

El anterior presidente, John Cryan, ya había reducido en 2015 cerca de 9.000 puestos de trabajo en la entidad, pero no era suficiente. Deutsche Bank acaba de anunciar un nuevo recorte de su plantilla desde los 97.000 empleados actuales hasta «muy por debajo» de los 90.000, en el marco de la reestructuración de sus negocios de banca corporativa y de inversión.

En la era digital, Deutsche Bank pretendesuperar su profunda crisisadaptándose a una forma de hacer negocio bancario dominada por los algoritmos.Poco antes de comenzar la junta general de accionistas, el banco ha adelantado en un comunicado que prevé reorganizar especialmente su sector de negocio bursátil, en el que se recortarán un 25% de los puestos de trabajo. En el comercio de acciones la entidad se concentrará en el futuro en soluciones electrónicas y en los clientes más importantes a nivel mundial.

El negocio de financiación con fondos de alto riesgo se reducirá una cuarta parte, cerca de 50.000 millones de euros, una medid que gustará especialmente a sus accionistas alemanes. Con estas y otras medidas, los activos totales de la banca corporativa y de inversión disminuirán en cerca de 100.000 millones de euros, según la entidad, que indicó que la mayoría de los recortes se llevarán a cabo este mismo año.«Seguimos defendiendo nuestra banca corporativa y de inversión y nos mantenemos a nivel internacional, pero tenemos que concentrarnos en lo que realmente sabemos hacer bien», ha dicho el nuevo presidente de Deutsche Bank, Christian Sewing, que prevé también reducir los gastos y establecer medidas de ahorro a nivel general, con una estimación de los costes de reestructuración solo este año de unos 800 millones de euros.

Geográficamente, la parte del mapa en el que el otrora primera banco europeo está dando mayores pasos de retroceso es EE.UU. El departamento que mayores y más rápidos recortes sufrirá va a ser el de banca de inversión en ese país, que emplea a unas 41.000 personas. La estrategia de recortes es lograr «más claridad de responsabilidades y más agilidad de gestión» y para eso es necesario un ejército de empleados más reducido y con mayor capacidad de precisión. La consigna, según adelantaba a mediados de mayo uno de sus nuevos fichajes, Ram Nayak, es despedir «a los trabajadores malos de las secciones buenas e incluso a los trabajadores buenos de las secciones malas».

Nayak, anteriormente jefe de operaciones con bonos en Londres, será el responsable de administración de riesgos, asignación de recursos y dirección estratégica, de forma que decidirá sobre la nueva asignación de recursos y personal, así como sobre la dirección estratégica. Los nuevos directivos parecen tener claro cómo disminuir costes, pero los accionistas desean saber además cómo piensan aumentar los ingresos netos.

El beneficio después de impuestos del Deutsche Bank ha caído en el primer trimestre de 2018 un 79% respecto al año anterior hasta los 120 millones de euros y el volumen de negocios descendió un 5% hasta los 7.000 millones de euros, cifras que no suenan a recuperación. Siguiendo asépticamente los consejos del BCE, que insiste en la necesidad de fusiones en Europa, habría que pensar que es más fácil asimilar su actividad a la de algún otro banco más exitoso, pero en la mentalidad alemana sería un golpe demasiado difícil de asumir y es una opción que nadie osa mencionar en voz alta.

El banco sigue atribuyendo los descensos principalmente a las diferencias de tipo de cambio, especialmente la revalorización del euro frente al dólar, y a los bajos ingresos de la banca de empresas y de inversión. Y su reputación no logra todavía recuperarse, sobre todo en EE.UU., de los recientes escándalos.

La Reserva Federal de Estados Unidos multó el año pasado al gigante financiero alemán con 41 millones de dólares por fallas al fiscalizar miles de millones de dólares en transacciones potencialmente sospechosas. Esta sanción fue apenas la última de una cadena de problemas legales. Sumándose al pagó más de 150 millones de dólares por prácticas de cambio «inseguras y endebles» y una supervisión negligente. El Departamento de Justicia también investigó las acciones del Deutsche Bank en Rusia y las llamadas «operaciones espejo» en las que los clientes del banco disfrazaron la salida de dinero de ese país, saldando el asunto con el pago de cerca de 630 millones de dólares, y también se ha visto envuelto en créditos comprometidos a Donald Trump en sus negocios.