Los artífices del AVE a La Meca

Altas temperaturas, restricciones a la mujer, «enjaulados» en una colonia... así es el día a día de los ingenieros españoles

MADRIDActualizado:

En Arabia Saudí residen decenas de españoles que permanecen ajenos a las informaciones sobre las relaciones entre el consorcio que construye el AVE a La Meca y Riad que han caldeado los medios de nuestro país durante las últimas semanas:ellos, sencillamente, trabajan cada día para que el tren de alta velocidad del desierto, un prodigio de la ingeniería que ha de estar preparado para resistir temperaturas de hasta 50 grados centígrados y el efecto abrasivo de las habituales tormentas de arena de la zona, se inaugure en el plazo previsto, el primer trimestre de 2018.

Más allá del desafío técnico la llegada a Arabia Saudí de muchos de estos ingenieros «expatriados» supuso un choque cultural. Las radicales diferencias en el papel de la mujer, el fuerte contraste de los hábitos de vida, la dureza del entorno... todo ello sintetizado en un semanario «exprés» del ICEX para aquellos primeros ingenieros que fueron trasladados de manera «urgente» al país árabe en 2012, al poco tiempo de que el contrato de 6.700 millones hubiese sido adjudicado, a la ciudad de Yeda. «Sin embargo, nada te prepara para la impresión que se tiene la primera vez que uno llega a este país: la forma de la ciudad, el clima, la fuerte presencia de la religión en el día a día, la semana laboral de seis días con descanso los viernes, la segregación de género…», explican en una entrevista conjunta para este periódico dos ingenieros de la empresa pública Ineco: Javier Pulido, gerente de proyecto, y Vicente Mayordomo, jefe de proyecto de asistencia técnica y aseguramiento de la calidad.

«Una vez te adaptas al ritmo de vida y las condiciones del país, puedes llevar una vida bastante normal», detallan, aunque esta normalidad guarda diversos matices, ligados a la alta exigencia de un proyecto con una extensión de 450 kilómetros que discurren por un área desértica. «Debemos adaptar nuestros horarios a las condiciones existentes. Obliga a empezar la jornada antes del amanecer e intentar desarrollar el trabajo durante la mañana evitando las horas de máxima temperatura. Ciertos trabajos, como hormigonado, soldadura de vía, neutralización… necesariamente se realizan por la noche».Los desplazamientos entre las oficinas de Yeda y los diferentes puntos de las obras plantean, por sí mismos, un reto. «Trasladarte por el desierto te obliga a ser bastante autosuficiente. Cualquier salida a obra implica llevar contigo combustible de reserva, herramientas para reparación de pinchazos, nevera portátil, teléfono satelital y maromas, entre otros».

El ocio en la cuna del Islam

Sin embargo, en el llamado proyecto Haramain también hay momentos para el descanso durante los viernes y sábados (fines de semana), aunque normalmente deben transcurrir, por los rigores de los códigos de conducta del país, en los «compounds», condominios protegidos por el ejército y sin residentes árabes, rodeados por una alambrada y un cerramiento «de muchos metros de altura», que en su interior esconden un vergel social para los empleados españoles en forma de instalaciones de corte occidental (como guarderías, supermercados, piscinas y cafeterías) y una mayor transigencia por parte de las autoridades saudíes.

En esta especie de colonias «las condiciones de vida son radicalmente diferentes a las propias del país, ya que de muros para adentro no aplican las reglas sociales que son de estricto cumplimiento fuera». Y a pesar de la apariencia inevitable de «jaula» la vida resulta «animada y enriquecedora», gracias sobre todo a la coincidencia con trabajadores «expatriados» de otros países.De cualquier modo, fuera de esas alambradas, persisten los retos, especialmente para las mujeres, que «no pueden conducir, deben respetar el código de vestimenta (la túnica hasta los pies denominada "abaya" y el pelo cubierto) y cuentan con un difícil acceso al mercado laboral». Por no hablar, al margen de las imposiciones, de otras restricciones para ambos sexos, como la prohibición de consumir alcohol y carne de porcino. Ello no es óbice para que los españoles organicen «habitualmente los viernes» sus «actividades "antimorriña" en las que no falta» la comida típica española. Una de las empresas, Copasa, que cuenta con raíces gallegas, incluso, sirve «catering» de productos españoles en uno de los campamentos.