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Sí o no... Las dos caras del «fracking»

Los «antifracking» avisan de su alto coste ecológico. Los «pro» consideran que prohibirlo es suicida

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«Fracking» sí, «fracking» no, he ahí la cuestión. Y como cualquier dualidad de situaciones, las ventajas y los inconvenientes están sobre la mesa. El caso es que la energía en la sociedad actual se ha convertido en un bien esencial para el crecimiento de cualquier economía desarrollada. Pero debe ser competitiva, barata y abundante. Y, en España, no lo es.

Aquí es cuando aparece el «fracking», nombre con el que se conoce la extracción de gas y petróleo no convencional mediante fracturación hidráulica. Se trata de explotar el hidrocarburo acumulado en los poros y fisuras de ciertas rocas sedimentarias estratificadas de grano fino o muy fino, generalmente pizarras o margas, cuya poca permeabilidad impide el movimiento del gas a zonas de más fácil extracción.

¿Los contras? Aquellos que no ven con buenos ojos esta técnica aseguran que para realizar extracciones son necesarios cientos de pozos ocupando amplias áreas e inyectar en ellos millones de litros de agua cargados con un cóctel químico y tóxico para extraerlo. Otros estudios inciden en los trastornos que puede causar a las poblaciones de los alrededores, un problema mayor en Europa, donde las poblaciones están más concentradas.

Mientras, los «profracking» recuerdan que la tecnología está absolutamente probada con éxito, y se desarrolla de manera eficiente y segura en más de 10.000 pozos anuales en Estados Unidos. Además, estiman que ahorraría a Europa 900.000 millones en su objetivo de reducir importaciones y emisiones de CO2 a 2050 combinado con aquellas energías renovables que ya no necesitan subvención.

Empleo «a granel»

Para Gonzalo Escribano, director del programa de energía del Real Instituto Elcano, la utilización del «fracking» en España sería muy útil «para reducir la dependencia exterior de nuestro país en hidrocarburos y por el valor económico de esa eventual producción». Ahora bien, especifica que el potencial que tendría España en este terreno es «relativamente reducido. Aunque la industria es muy optimista las estimaciones de recursos y sobre todo el contexto sociocultural no son ni de lejos tan propicios como en EE.UU».

Los datos que circulan entre los expertos toman como referencia que en el mercado norteamericano trabajan 1.700.000 trabajadores en 400.000 pozos, es decir, 4,25 por pozo. Estos mismos técnicos sostienen que en España se podrían crear unos 50.000-60.000 empleos. Haciendo la misma regla de tres, el sector estima que se explotarán en España unos 13.500 pozos para llegar a esas cifras.

Pero hay más datos que decantan la balanza del lado de las ventajas. Así, desde que la revolución del «fracking» comenzó en Estados Unidos, el precio del gas allí ha caído más de un 44%, mientras en Europa subía un 23% de media. «Eso es un estímulo de verdad. No es una cuestión irrelevante. El coste de la energía supone casi el 30% de los costes totales de las industrias en Europa», apunta el economista y experto en energía, Daniel Lacalle, autor de «La Madre de todas las Batallas». España importa casi el 55% de su gas de Argelia y depende, para tener flexibilidad, de países que cobran por su gas precios muy superiores a lo que costaría el gas pizarra. Incluso asumiendo un coste que duplicase al gas americano, el gas nacional seguiría siendo mucho más competitivo. Casi un 40% inferior al gas licuado importado.

Además, nuestro país cuenta con importantes reservas de gas pizarra, concentradas en regiones afectadas por un paro cercano al 30%, y que necesitan como el agua recibir inversiones. La industria del petróleo no solo atrae inversiones sin subvenciones, sino que crea empleo cualificado, además de traer extranjeros expatriados de alto poder adquisitivo. «España necesita inversión y crear empleo ya -demanda Lacalle-. Rechazar capital es un lujo que no nos podemos permitir. Escondernos en el "no en mi jardín" subvencionando costes esperando que algún día la demanda crezca y nuestro bolsillo lo pague, solo nos hunde más en la desindustrialización y falta de competitividad en la que estamos. No nos dejemos llevar por historias de miedo y soluciones mágicas. Tenemos soluciones en casa».

Pros y contras sobre la mesa. ¿«Fracking» sí, «fracking» no? Lo que importa es tener una factura final baja.