110 motivos para admirar a españa

AVE, la estación de salida de la marca España

La red de alta velocidad española se ha convertido en el referente internacional

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El día 21 de abril de 1992 comenzó la singladura de uno de los proyectos más reconocibles de una España que se sacudía los complejos del pasado y se convertía en campo de pruebas de una de una tecnología en fase embrionaria. Alfredo Durán, maquinista, esperaba en la cabina del nuevo modelo Alstom estacionado en Atocha (Madrid) la señal de salida, que debía sonar a las 7.00 horas. Ni un minuto más ni un minuto menos.

A esa misma hora partiría desde la estación de Santa Justa, en Sevilla, el tren que recorrería el trayecto inverso. Todos los medios de comunicación estaban pendientes. Lo más granado del ámbito empresarial abarrotaba los vagones. Decir, por tanto, que el primer AVE comercial había salido antes de Sevilla -inmersa en plena Expo- o de Madrid podría haber sido el origen de una polémica sobre la atribución de la nueva joya de la corona del transporte. Los dos trenes tenían que ponerse en marcha a la vez.

Sonó el dispositivo. Durán empezó a incrementar la velocidad, a «meter potencia», como describe casi 21 años después de aquel primer viaje. «Habíamos oído hablar de la alta velocidad en Francia y Japón. Como profesional, ser el primero que conducía un tren AVE suponía un orgullo, pero yo no alcanzaba a ver lo que iba a significar para Renfe y para España. Nadie, en realidad, era capaz de dimensionar lo que iba a significar ese primer tren».

En efecto, aquel servicio comercial nació como el germen de una apuesta empresarial que, con el paso de los años, ha contribuido a modelar la marca España, constituyendo uno de sus principales motores de crecimiento en el exterior. Un conocimiento del negocio que, como ha demostrado el contrato de 6.736 millones de euros de la línea de alta velocidad La Meca-Medina (Arabia Saudí) adjudicado a un consorcio integrado por una pléyade de empresas españolas (Renfe, Adif y Talgo, entre ellas), ha permitido ahuyentar los fantasmas del añejo «que inventen ellos».

Con 2.144 kilómetros de vías ya en funcionamiento y cerca de 1.700 kilómetros en construcción, España se encuentra únicamente por detrás de China en el ranking mundial de servicios ferroviarios de alta velocidad en explotación. A punto de que se cumplan 21 años de la inauguración de aquel tren, nuestro país se ha convertido, indiscutiblemente, en un referente, por varios motivos. «Lo somos -explica la ministra de Fomento, Ana Pastor- por la gran especialización de nuestras empresas de ingeniería, construcción y tecnología ferroviaria, por nuestros excelentes profesionales y por el desarrollo de la red».

Lejos de fundamentarse en un criterio exclusivamente numérico, el sello distintivo del modelo de AVE español, con el que nuestras empresas compiten en los concursos internacionales, es su escrupulosa eficiencia y versatilidad. «Nuestro país está a la cabeza en modernidad de la flota, velocidad comercial y puntualidad. Contamos también con unos profesionales altamente cualificados. Todo ello es, sin duda, una de las mejores cartas de presentación que tenemos para salir al exterior y contribuir de esta manera a mejorar la competitividad de nuestra economía», subraya la titular de Fomento.

Pese a las turbulencias que ha atravesado la economía española, las empresas de nuestro país no se han apeado de los primeros puestos en las quinielas de los favoritos para hacerse con nuevos contratos en países como Israel, Brasil o Rusia. La internacionalización se ha convertido en la gran apuesta de Renfe. «Lo que está claro es que en cualquier consorcio español, Renfe será el operador que actúe. Tenemos en el radar países en todos los continentes», recalca su presidente, Julio Gómez-Pomar.

Algo difícilmente imaginable en 1992, cuando Durán atravesaba las estaciones andaluzas con aquel AVE primigenio, entre las muestras de expectación generalizada. Algunas familias -cuenta el maquinista- renunciaban al paseo vespertino y se agolpaban en los pasos superiores de las estaciones para hacer fotos, una estampa propia de una España que, quizá por primera vez, se enorgullecía de albergar un prodigio tecnológico que despertaba admiración desde el extranjero. «La historia de la alta velocidad española es una historia de éxito y lo seguirá siendo, porque la red AVE continúa ampliándose», subraya Pastor. El reto ahora es incrementar la demanda de unos servicios que a veces se perciben como prohibitivos. Para ello el Gobierno aprobó recientemente tarifas flexibles, que permiten descuentos de hasta el 70%. «Nuestro objetivo es que deje de ser un transporte para una minoría y que cada vez más ciudadanos puedan disfrutar de este medio de transporte seguro, eficiente y de vanguardia», concluye la ministra. Dos décadas después de aquel tren a Sevilla, el AVE sigue conquistando nuevas metas (y destinos).