Regino Hernández, en la casa de ABC - Maya Balanya / Vídeo: ARegino Hernández nos enseña a hacer snowboard

Juegos Olímpicos de InviernoUna lección de snowboard con Regino Hernández

El bronce olímpico da su primera clase para los lectores de ABC

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«Un café solo, por favor, sin azúcar», solicita Regino Hernández nada más pisar la redacción de ABC. Conquistó el bronce olímpico en Pyeongchang el miércoles y su agenda no para. Es el precio de la fama que asume con la tranquilidad con la que se lanzó en la bajada que le otorgó el tercer cajón del podio y un espacio en la historia del deporte español. Primera medalla invernal después de casi 26 años.

«Poco a poco sí me estoy dando cuenta de lo que he hecho. Cuando llego a casa, el teléfono no para de sonar, me reclaman de tantos sitios, tantas entrevistas, esta difusión que se le está dando... me voy dando cuenta. Se agradece mucho el apoyo», cuenta este ceutí, criado en Málaga, residente en Madrid, orgulloso de ser español. «Hay mucha gente que practica snowboard en España, pero nos falta ese salto de la afición a la profesionalización. Creo que les he hecho ver que de esto se puede vivir. Que España tiene mucho potencial», resume sobre el legado que espera dejar con su bronce.

Ha visto su bajada final muchas veces y le sigue saliendo una sonrisa de emoción. «En ese momento, en la salida, yo era consciente de lo que me estaba jugando: el pasar a la historia, ya no solo en mi deporte, sino en mi país. Es mucha adrenalina», confiesa. Durante la carrera, solo pensaba en la estrategia, en hacerlo lo mejor posible. En llegar. «Y animándome a mí mismo. En el momento en que me di cuenta de que tenía el bronce asegurado lo único que hice fue intentar buscar más energía para luchar por la plata. No pudo ser. Bronce». Ya en la meta, se le juntaron los días, el esfuerzo, las personas que le han ayudado a llegar hasta ese momento que hoy vive con ilusión. «No son solo los cuatro años entre Juegos y Juegos. Estos eran mis terceros. Es toda una vida. Mi familia, mis amigos y mi novia ya se encargan de ponerme los pies en la tierra. Para seguir siendo el que soy, una persona normal y corriente». Sin supersticiones en el deporte, pero con alguna en casa: «Nunca paso la sal en la mano. La dejo en la mesa y que el otro la coja».

Ambición

Por eso en cuanto bajó del podio ya estaba pensando en las tres pruebas de la Copa del Mundo que le quedan esta temporada. La primera, el fin de semana del 3 y 4 de marzo en La Molina. Es séptimo en el ranking y quiere seguir ascendiendo. «En dos años está el Mundial de Estados Unidos, y en cuatro, los siguientes Juegos, y habrá que luchar por otra medalla».

«Tengo unos doce anillos. El primero, de una calavera, me lo regalaron mis padres»

La primera en su currículo es un bronce que limpia, observa, siente en el pecho mientras habla a la cámara. «Es muy bonita, y pesa, ¿eh?». Con ella también ha aumentado el respeto que no solo él, sino España, despierta en los rivales. « Jordi Font ya fue cuarto en Turín 2006, pero cuando les digo de dónde vengo, de Ceuta, de Málaga, algunos se extrañan muchísimo. En el deporte de nieve puedes nacer donde sea que si tienes el tiempo y el apoyo se puede llegar allá arriba. Casi todos nos llevamos superbien en el circuito. Se pudo ver después de la final, todos abrazándonos. Eso no ocurre ni en algunos equipos de fútbol. Y hoy en día nos tienen bastante miedo», sonríe.

Agresivo salió en su bajada final. Con una estrategia muy clara que, por suerte, no tuvo que variar porque no le pilló ninguna caída. Reconoce que tener la cabeza equilibrada es más importante que saber mantenerse sobre la tabla. «Sabíamos que había viento y que en los saltos íbamos un poco largo. Debíamos evitar las caídas. Pero en carrera nada es exacto. Hay que pensar mucho en ese minuto que dura. La cabeza te puede hacer ganar o perder. Es el 80 % del resultado. Desde los nervios hasta encogerte por el respeto a los rivales. Eso te hace bajar tu nivel. Si a ti te da igual quiénes son los de al lado, confías en ti mismo y tienes las cosas claras porque sabes que eres capaz, las cosas te salen solas».

«De abril a junio tenemos vacaciones, en las que no piso nada de nieve. Playa, surf y casa»

No obstante, no descuida el físico, los entrenamientos. Que mezcla entre la nieve y el gimnasio. «Empezamos en julio y tenemos la base en Suiza, la Federación tiene alquilado un hotel entero, que llamamos “Casa España”, donde vamos todos y cedemos habitaciones a otras federaciones más pequeñas para que los de otras categorías también puedan entrenar». En gimnasio fortalece las piernas y la parte abdominal. Su exentrenador, que murió el pasado 2017, venía del mundo de boxeo, por lo que imponía su máxima que desde el «core» salía todo el poder del cuerpo. Tambien ejercitan la velocidad de reacción de la que hizo gala en las salidas.

Se cuida aunque por genética tiene un cuerpo adaptado para el snowboard. «En mi casa siempre se ha comido muy bien. Nosotros no miramos tanto la nutrición, pero sí nos cuidamos para mananter un peso. Necesitamos una media entre pesar bastante, pero ser capaz de mover tu cuerpo para ir a mucha velocidad, sobre todo de piernas. Depende de los circuitos. Si los saltos están más alejados unos de otros la persona que más pesa coge más velocidad. Pero en circuitos más rateros, donde los obstáculos están muy juntos, una persona que pesa menos es más rápida. Hay riders que pesan 110 kilos, y un italiano que pesa 56». Es consciente de que su deporte es de riesgo, aunque se mantiene con suerte relativa, a pesar de haberse roto mil huesos. «He tenido caídas muy fuertes, pero por suerte soy de los pocos riders que nunca he estado inconsciente por una caída. Sabemos dónde nos hemos metido».

«Me he dado golpes duros, pero soy de los pocos que no ha quedado inconsciente por una caída»

¿Qué es lo mejor de su deporte? «La adrenalina. En un salto, la sensación de libertad que te da el estar volando un segundo». ¿Y lo peor? «El mal tiempo y el frío. Soy una persona a la que le gusta mucho el sol, me encanta el calorcito, y tener que entrenar o competir a menos veinte, nevando, con niebla… es cuando peor lo paso». Por eso intentará llegar a casa por fin para celebrar y disfrutar la medalla con los suyos. «Y conocer a mi sobrina. Nació el 11 de enero y no he he estado en casa desde Navidad». ¿Qué podría pasar para que se cortara la barba, quizá ella? «(risas) No no, no podría pasar nada porque no me la voy a quitar».