El exciclista cuando fue detenido en la isla balear de Mallorca
El exciclista cuando fue detenido en la isla balear de Mallorca - EFE
Ciclismo

El fuera de control de Ullrich

El alemán, que ganó el Tour 97 y la Vuelta 99, trata de rehabilitarse de su adicción a las drogas y el alcohol

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A Joseba Beloki, que hoy tiene 45 años y subió tres veces al podio del Tour, le sobreviene un rapto de emoción cuando recuerda la imagen que le transportó al ciclismo profesional, allá por 1997. Era Jan Ullrich con 23 años al mando de la caravana de ciclistas del Tour, pisando los pedales como un tanque en la ascensión a Arcalís, desnudando a los corredores del Festina y proclamando con timidez el advenimiento de un nuevo emperador vestido con el maillot amarillo. Invadió aquel Tour con su potencia, lo sometió desde su juventud y se convirtió en un mesías llegado de la Alemania soviética. Beloki tiene esa fotografía en su disco duro como vital en su trayectoria, describe cada momento con minuciosa exactitud, pero evita la nostalgia gratuita... Hoy lamenta la peripecia que vive Ullrich, detenido en Mallorca y arrestado en Alemania este verano, acosado por el alcohol y las drogas después de una ruptura matrimonial.

Al talento de Ullrich se lo merendó la ambición de Armstrong en la carretera (fue cinco veces segundo en el Tour) y su debilidad mental saltó por los aires cuando fue descubierta su implicación en la trama de dopaje de Eufemiano Fuentes. Ullrich, el «número 1», «Jan» e «hijo de Rudicio» (por Rudy Pevenage), en la Operación Puerto. Aquella revelación destruyó al germano, quien se retiró apocado y por la puerta de atrás en 2007 con 33 años.

Primera separación

Desprestigiado en su país y separado de su primera esposa, Gaby Wiss (con quien tuvo una hija, Sarah María), Ullrich huyó de su residencia en Merdingen (cerca de la Selva Negra) para esconderse en Schenzinger (Suiza) del asedio de la prensa, a la que siempre rehuyó por su carácter retraído.

«Era muy respetuoso con los compañeros y a él se le respetaba en el pelotón -cuenta a ABCCarlos Sastre, ganador del Tour 2008-. Es un gran tipo y un grandísimo corredor. Hablaba muy poco, pero cada vez que charlaba con él, era muy cordial. Me quiso fichar para su equipo, pero no llegamos a un acuerdo».

Poca gente ha sabido de Jan Ullrich durante la última década, salvo su amigo Marcel Wust, el exciclista alemán que corrió en el Mx Onda (luego Relax Fuenlabrada) de Maximino Pérez, y con el que compartió marchas cicloturistas, viajes en bici con clientes por Mallorca y algún negocio de venta de cámaras de hipoxia que simulan las concentraciones en altitud para hacer acopio de glóbulos rojos.

Las últimas noticias del verano fueron devastadoras. Ullrich fue detenido en Mallorca por asaltar la casa de su compatriota el actor y director de cine Til Schweiger, en un estado lamentable. Y poco después, fue arrestado en su país por agredir a una prostituta en un hotel de Frankfurt. Presuntamente la habría estrangulado «hasta que sus ojos se pusieron negros».

Dos episodios relacionados con el alcohol y las drogas, el consumo de cocaína que habría depauperado a la antigua estrella del ciclismo. Una conexión conocida en este deporte que terminó en destino trágico para grandes ciclistas: Chava Jiménez, Marco Pantani, Frank Vandenbroucke, Philippe Gaumont...

«Ullrich siempre fue un tipo muy amable, correcto, un caballero en el pelotón», explica Joseba Beloki a ABC. «Hablaba poquísimo, casi nada. Y solo le vi enfadado una vez, en el Tour 2001, en el descenso del Peyresourde, cuando se cayó. Llegó al grupo de cabeza con la emisora colgando, lleno de raspones y muy cabreado. Muy pocos ciclistas he visto yo con la potencia de Ullrich. Eran muy llamativos sus contrastes de peso. En la primavera lo veías con muchos kilos y en el Tour, fino y estilizado, concienciado en su objetivo».

El exciclista contó en una entrevista en el «Bild» que la causa de sus males fue el divorcio de su segunda mujer, Sara Steinhauser, hermana de su antiguo gregario Tobias Steinhauser, con la que tuvo tres hijos (Söhne Max, Benno y Toni), a los que, según el exciclista, no había podido ver desde la pasada Semana Santa. La lejanía de sus retoños lo habría conducido a un fuera de control, a las adicciones y a las extravagancias violentas en Mallorca y Frankfurt.

Hace un mes fue a verlo Lance Arsmtrong, su enemigo y verdugo, el vértice de la era negra del ciclismo y el dopaje, desacreditado como Ullrich. Reunión de viajes glorias. «Me da mucha pena que Ullrich esté pasando por un trago así. Solo quiero desearle lo mejor y un rápido restablecimiento», dice Beloki.

El antiguo panzer, gloria del ciclismo, fue ingresado en un centro psiquiátrico en Frankfurt, donde trata de rehabilitarse. «No podía ver ni hablar con los niños y exploté. Rompí televisores y algunos techos con una pelota», dijo Ullrich. «Para calmarme, tomé cocaína y anfetaminas. Pero ya pasó, si tengo a mis hijos no necesito drogas».