Europeo

Jessica Vall, plata en la final de los 200 braza

La catalana se queda a un paso del oro y subirá a un podio en el que no estará Marina García, cuarta

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Siendo realistas, la plata era el máximo objetivo a perseguir ayer en la final del 200 braza. La superioridad de la rusa Efimova convertía el segundo cajón del podio en el anhelo perseguido por el resto de participantes. Un puesto con el que soñaban todas las finalistas, pero que solo la española Jessica Vall disfrutó al final del día. Porque la catalana se lanzó valiente a la piscina. Nadó con seguridad, mandando durante algún tramo de la prueba, y acabó cazando una plata que sabe a oro tras el fiasco que supuso quedarse fuera del podio en la final del 100 braza. Marina García, la otra española que aspiraba al podio, se quedó fuera de él por dos décimas, superada en la última brazada por la británica Renshaw.

A Jessica Vall le costó llegar a la elite. Su explosión fue tardía, pero no por eso dejó de luchar por alcanzar sus objetivos. De la mano de Jordi Jou, su mentor durante casi toda su carrera, la catalana siguió trabajando sin descanso. «Nunca tiene una mala cara para hacer otra serie. Es una maravilla verla entrenar», explica a ABC un miembro del staff técnico de la selección. Palabras que desvelan el secreto del éxito de Vall. Porque hasta 2014, la nadadora del Sant Andreu no se había colgado ningún metal. Desde entonces, tres medallas continentales y una en el Mundial –bronce en 2015– adornan un palmarés que no parece tener freno.

A Glasgow, Vall llegaba con mucha confianza. Motivada por disputar su tercer Europeo de manera consecutiva y con la responsabilidad de ser la cabeza visible de una expedición en la que no estaba Mireia Belmonte. «La echamos de menos, porque para mí es un referente de ambición», reconocía la nadadora a ABCantes de comenzar su participación en el Europeo. Esa ambición de la que hablaba, se le pegó a Vall, que tras acabar cuarta en la final de los 100 metros no bajó los brazos y siguió peleando por subir al podio. Constancia que le dio resultado ayer en los 200 braza, su prueba preferida.

Después de Río 2016, Jessica lo pasó mal. No es que pensara en la retirada, pero sí tuvo dudas. «Esta medalla es especial, tras unos años complicados después de los Juegos», afirmó ayer tras bajar del podio. En la carrera, la catalana nadó segura. Con la confianza por bandera. Incluso llegó a pasar primera en el ecuador de la carrera, beneficiada por la mala salida de Efimova, oro a pesar de todo. Desfondada en los últimos metros, Vall sacó fuerzas de donde no las tenía. Pensó en los largos meses de entreno durante el invierno. En las series realizadas en Sierra Nevada y Font Romeu. Sacrificio alejada de los suyos. Impulso clave para esos metros finales.

Marina García, cuarta

Cuando tocó el tope de la piscina y sacó la cabeza la sonrisa invadió su rostro y se le escapó alguna lágrima. Atrás quedaban los sinsabores de Río y las lesiones. Los golpes de la piscina. Superados todos con esta plata que sabe a gloria y que vuelve a abrir un futuro halagüeño para la catalana que, a sus 29 años, mira hacia Tokio 2020 con más ganas que nunca.

Mientras, al otro lado de la piscina, el rostro de Marina García mostraba decepción. Dos décimas separaban su esfuerzo del podio. La joven nadadora española se fue desinflando poco a poco en los últimos cien metros. Hasta la mitad de laprueba, García iba segunda, pero ese tramo final se le hizo demasiado duro. Muy cuesta arriba. No le sirvió apretar los dientes, porque la británica Renshaw le arrebató el bronce en la última brazada.

La jornada en la piscina se cerró con un quinto puesto para el relevo nacional del 4x200 –mención especial para Melani Costa, espectacular en la primera posta–, un sexto puesto de Jimena Pérez en la final del 1.500 libre y la clasificación de Hugo González para la final del 200 espalda y de Lidón Muñoz para la del 100 libre. Ambos, lejos de los mejores tiempos, buscarán hoy subir al podio, aunque sus opciones sean escasas.