«Vista de Delft» (h. 1660), de Vermeer
«Vista de Delft» (h. 1660), de Vermeer
LIBROS

Vermeer, el mapa de una época

A partir de cuadros del pintor holandés, Timothy Brook estudia asuntos de la economía, el comercio y la cultura del siglo XVII

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No somos más que un ojo que mira. Si lo hace deprisa, pierde contrastes, volúmenes y texturas. La velocidad es veneno para la mirada. Si lo hace lentamente, se fija en detalles, aunque corre el riesgo de ignorar el conjunto. El llamado «perspectivismo» consiste en una técnica narrativa e investigadora que observa personas, objetos y acontecimientos, en busca de una grieta para descifrar sus claves. Sin duda, se adapta bien a nuestro tiempo de globalización, tan necesitado de poner orden mental y emocional en un océano de datos inconexos y, lo que es peor, manipulados. Este entretenido libro, del sinólogo canadiense Timothy Brook, juega con los puntos de vista.

Ha elegido una atalaya segura, los cuadros del pintor holandés Johannes Vermeer, apodado «de Delft», por la localidad en que nació en 1632 y murió en 1675. En la línea de lo ocurrido en años recientes con personajes como el príncipe de los viajeros, Alejandro de Humboldt, un prusiano «descubierto» en entornos anglófonos gracias al libro mediocre de Andrea Wülf, pero sobradamente conocido entre franceses y españoles, corremos el riesgo de «encontrarnos» con Vermeer. Para el lector o interesado hispano, afincado en la estela de Rembrandt y la cultura católica, Vermeer no es ningún extraño. ¿Cómo va a serlo un heredero del llamado «giro ibérico» en la ciencia global, pintor de la primera globalización, representada por la monarquía española de 1580 a 1640? Desafortunadamente, Brook no explota esa rica veta y resulta demasiado deudor de la historia nacionalista holandesa.

Detalle a detalle

A nivel narrativo, el libro es original. Cada uno de los siete capítulos despliega, mediante el análisis de un cuadro u objeto, un conjunto de historias, entre indeterminadas y rocambolescas. El primero, Vista de Delft pintado en 1660 o 1661, muestra la potencia capitalista de la Compañía de las Indias orientales (VOC). Aunque Vermeer no trabajó para ella, hacia la década en que pintó el cuadro, partieron cuarenta mil personas de allí hacia oriente. El aterrador y promisorio desembarco de los nativos de las antiguos Países Bajos españoles en Asia explica los éxitos de una moderna máquina de acumular riquezas. Procedentes de la América española, de donde salía la plata en lingotes o monedas que pagaba la deficitaria balanza comercial europea y americana con China. ¿Les suena? El segundo, «El sombrero de Vermeer», examina Militar y muchacha sonriente, cuadro de 1658. Aunque aparecen una copa de cristal de Amberes y un mapa de Holanda y Frisia, lo que llama la atención al autor es el sombrero de pieles de castor canadiense. El tercero se ocupa de Lectora en la ventana (1657), característico del estilo de Vermeer. En el lienzo aparece una mujer absorta en su intimidad, lo que refuerza el efecto de complicidad hacia el espectador.

¿Quién no querría mirar a la lectora de una carta a la que acompañan una alfombra turca y una fuente de porcelana china, la última moda? Capítulos posteriores, dedicados a los mapas del globo, el hábito de fumar, los jugadores de cartas y el viaje de los Reyes Magos a Belén, subrayan tanto el espíritu curioso y genial de Vermeer, muerto de miseria años después, como la importancia de hacerle las preguntas adecuadas. Es nuestro contemporáneo. Es él quien nos mira a nosotros desde el arte de sus pinceles.