Aldous Huxley
Aldous Huxley
LIBROS

«La situación humana», el principal recurso del nacionalismo

Aldous Huxley no sólo es el autor de «Un mundo feliz». En este libro se reúnen dieciséis conferencias que dio en el año 1959 en la Universidad de California. Tan visionario como siempre

Actualizado:

Aldous Huxley (1894-1963) es uno de los grandes escritores ingleses que, entre nosotros, lleva muchas décadas olvidado. Estudió en Eton y Oxford donde se graduó en literatura inglesa. En el año 1928 publicó su novela «Contrapunto», una sátira contra su sociedad contemporánea; luego «Un mundo feliz» (1932) una feroz crítica contra la deshumanización de la ciencia; en «Ciego en Gaza» (1936) reflexionó sobre el misticismo y la filosofía oriental; y «La isla» fue su última novela de carácter utópico (1962) publicada coincidiendo con su propia muerte. En ensayos como «La filosofía perenne», «Las puertas de la percepción» o «Cielo e infierno», indagó en la filosofía de las religiones y sus experiencias con las drogas.

Estas dieciséis conferencias tratan de la relación del ser humano con su entorno natural, la ciencia y las nuevas tecnologías, la cultura, la política y el futuro de la humanidad. Para Huxley es el elemento más importante para la formación del individuo y debía responder a estas preguntas: ¿Quiénes somos? ¿Qué es la naturaleza humana? ¿Cómo deberíamos relacionarnos con el planeta? ¿Cómo podemos convivir con nuestros semejantes? ¿Cómo desarrollar nuestras potencialidades? ¿Cuál es la relación entre lo ignato y adquirido? Huxley se refiere a los maestros como «pontifex», constructores de puentes. Aunque afirma que la palabra exacta podría ser «puntifex», el que hace los sacrificios propiciatorios. Sea un significado u otro, es quien une lo material y lo espiritual, lo humano y lo divino.

El autor de «Un mundo feliz» detesta al nacionalismo. Para él la guerra estaba condicionada por los sistemas de símbolos y en el mundo contemporáneo ese sistema simbólico era el del nacionalismo, una suerte de «teología», un sistema de conceptos, ideales y mandamientos éticos basados en el apego natural e instintivo al lugar de origen y a las personas familiares, pero extendido más allá de ambas cosas mediante nuestra capacidad de abstracción y generalización. «El nacionalismo utiliza todos los recursos de la educación para crear una lealtad artificial hacia lugares que el individuo apenas conoce y hacia gente que no ha visto jamás», subraya el escritor inglés.

¿Qué es una raza?

¿Cómo se puede definir una nación? No se puede decir que consista en una población que ocupa una única área geográfica (Pakistán). No se puede decir que consista en el uso de una sola lengua, pues hay muchas naciones en las que la gente habla diversas lenguas. Tampoco se puede basar en una sola estirpe racial. ¿Qué es una raza? Huxley entonces nos sorprende refiriéndose a la extinta Liga de Naciones, y él da por supuesto que esta definición fue adoptada por las Naciones Unidas (yo no lo he podido comprobar) que una nación es «una sociedad que posee los medios para librar una guerra». Por lo tanto un territorio por pequeño que sea si tiene un ejército y material bélico es una nación «pero una inmensa unidad geográfica con una vasta población, como California, no lo es».

Para Huxley, toda la agitación previa nacionalista siempre ha tenido el fin de la guerra

Huxley hace un repaso histórico al concepto de nación desde la revolución francesa y se detiene en el análisis del proceso independentista hispano americano. Después de trescientos años de paz entre los súbditos del rey español, el proceso independentista condujo a una guerra civil y a numerosas guerras tremendas entre los estados republicanos constituidos. En 1862 lord Acton dijo y subraya Huxley, que el nacionalismo no buscaba la libertad ni la prosperidad, sino que tan solo pretendía que la nación, una suerte de idea abstracta, se convierta en la norma y el molde del Estado político. Y el resultado siempre ha sido la ruina, no solo material sino también moral.

Valor de la educación

Lo peor del nacionalismo, y para Huxley lo era casi todo, se basaba en el fervor cuasi religioso que obligaba a quienes creían en su teología a hacerse la guerra los unos a los otros y a prepararse continuamente para dicha guerra que siempre ha llevado a la destrucción de vastas áreas no solo de la civilización sino también de la vida misma. Los implicados lo saben pues las experiencias anteriores son conocidas, pero la presión social en la que viven muchas veces les impide reaccionar. La destreza, el conocimiento, la dedicación, el trabajo y el dinero son despilfarrados en proyectos que conducen a la vida, la libertad, o la felicidad, sino a la miseria, la destrucción y la muerte.

Toda la agitación previa nacionalista siempre ha tenido el fin de la guerra. ¿Cómo detener toda esa locura?, se preguntaba Huxley. ¿Sería suficiente una exhortación moral, rogar a la gente que entrara en razón, que se comportara racionalmente, que fuera sensata? Por desgracia dice él, diríamos todos, la exhortación moral no lleva muy lejos a la hora de cambiar la tendencia política aunque no subestimemos nunca su valor. De ahí la vuelta al inicio de este texto, el valor de la educación. Hay que combatir esos malos instintos, esa indiferencia y esa extraña insensibilidad moral ante los progresivos estratos de la violencia a que conduce el sectarismo y el fanatismo.