Alfredo Landa fue el detective Germán Areta en «El crack» (1981), una de las mejores películas de Garci
Alfredo Landa fue el detective Germán Areta en «El crack» (1981), una de las mejores películas de Garci
CINE

Un regalo sobre Garci, por Garci y para Garci

Decenas de autores, incluido el homenajeado, recuerdan en «E-motion Pictures» la filmografía y la carrera del hombre que ganó el primer Oscar español

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Libros sobre cineastas hay cientos, pero tan bonitos como este se editan los justos. Lo insólito es dedicarle una obra tan hermosa a un director vivo. Con permiso de Lincoln, se puede decir que «E-motion pictures» es una obra sobre Garci, por Garci y para Garci, el primer director que ganó un Oscar por una película española. Luis Alberto de Cuenca prologa la extensa relación de textos, obra de un ramillete de ilustres colaboradores, algunos de ellos ya desaparecidos.

José Luis Garci no es un director popular entre el público joven, que quizá se sorprenda al saber que, además de ganar el Oscar por «Volver a empezar», estuvo a las puertas de repetir discurso con otras tres películas. Ante la profusión de material interesante que incluye el libro, tan completo como sugiere su tamaño, no es preciso gastar más líneas para ensalzar al madrileño. El lector encontrará entrevistas, artículos, fotos, críticas, afiches… como si no hubieran retirado la palabra afiche de la cartelera. Porque estamos ante un volumen de otra época.

Gusto por la palabra

La obra empieza por un repaso exhaustivo de la filmografía, escrito por innumerables manos que comparten con el protagonista el gusto por la palabra (bien) escrita. El cine y la literatura tienen en común que se beben por los ojos y Garci practica ambas formas de saciar la sed, como recuerdan varios autores y confirman los artículos del cineasta. Oti Rodríguez Marchante lo define como «un escritor necesario, feliz, terapéutico, premiable y que transmite una ilusión casi infantil por las cosas que para él son vitales». Dieter Brandau desvela que el brillante monólogo final de «Solos en la madrugada» fue utilizado por Alfonsín en la campaña electoral que sacó a Argentina del pozo.

Un rasgo del Garci que trabaja con las yemas de los dedos, remachaba Oti el día que al primero le daban el Mariano de Cavia, es que nunca escribe «contra nada ni contra nadie». Solo lo hace «de lo que le apasiona». Manuel Alcántara explica el secreto: «Escribe como habla y habla como bebe, con precisión y con alegría». Asombrado por su incapacidad para el rencor, el maestro del columnismo destaca que es un cine «con tipos, no arquetipos» y resalta lo envidiado que ha sido casi siempre José Luis, detalle que repite Manuel Martín Ferrand en uno de los textos póstumos de la obra. No falta quien recuerda, de pasada y también sin revanchismo, el veto de José María Calviño, cuando el padre de la actual –peligra el adjetivo– ministra de Economía era director general de RTVE. Esto tampoco lo sabe ya casi nadie, pero la disputa llevó al cineasta a colgar las cámaras durante tres años.

El cine y la literatura se beben por los ojos y el director practica ambas artes

Es imposible compilar la cantidad de hallazgos que pueblan las 416 páginas de «E-motion Pictures». Víctor Arribas recuerda el éxito instantáneo de «Asignatura pendiente», cuando en los cines «se aplaudía». Alfonso Sánchez, crítico inmortal, recordaba en 1977 una de las atinadas dedicatorias de Garci: «A Miguel Hernández, que se murió sin que nosotros supiéramos que existía». Gil Parrondo, otra gloria desaparecida, agradece la oportunidad de trabar en «Volver a empezar». Agustín Faro analiza la secuencia que aseguró el Oscar, entre Antonio Ferrandis y José Bódalo. No falta el repaso futbolero de Marañón hijo. Nacho García Garzón da esperanzas sobre una «precuela» de «El crack». Alfredo Landa, recuerda Garci, prefería su actuación en esta trilogía incompleta a la premiadísima de «Los santos inocentes».

No sabemos si estamos ante alguien que hace «películas americanas pasadas por lo español» (Gistau) o si (corrige Balmori) «es un director de Hollywood que rueda películas en España». Al lector le quedan por descubrir infinidad de anécdotas, datos, conocimiento y amor, por el cine y por el amigo, a menudo por los dos. Horacio Valcárcel, su guionista más fiel con permiso de José María González Sinde, nos deja sin contar también en su texto magnífico –habrá que preguntarle a Garci– en qué consistía el gag de la viejecita, que intentaba colar sin éxito en todas las películas que escribía. Como regalo final, no se pierdan las siete maravillas del cine, según Garci, y el álbum de cromos (desordenado), con pies fantásticos del protagonista.