Dos imágenes de la serie «La luz de los ojos» (1986)
Dos imágenes de la serie «La luz de los ojos» (1986)
ARTE

Juan Hidalgo, lúdico, sensual y raro

Tabacalera acoge una gran exposición que desvela el carácter pionero y el amplio alcance de la poética de este artista canario

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Creador convencido de la elocuencia del silencio, Juan Hidalgo (Las Palmas de Gran Canaria, 1927-Ayacata, 2018) se ubicó siempre en los márgenes de las categorías establecidas. Pese a ser una de las figuras más sobresalientes de la música y de la escritura experimentales en España, han sido muchas las dificultades de los historiadores a la hora de abordar su trabajo.

Este desequilibrio nos proporciona la clave para entender tanto la complejidad como la necesidad de esta antológica: un centenar de obras que desgranan sus facetas de músico, fundador del grupo Zaj, poeta, fotógrafo y performer.

El propio título de la muestra asume la noción de «etcétera» para designar la heterogeneidad de un creador cuya producción no evolucionó acorde a criterios formales o temáticos. La lógica de su producción, si bien integra intereses y líneas de pensamiento recurrentes, es siempre particular a cada pieza. Esta condición de «poeta raro», como él mismo se denominó, explica su difícil encaje en las narrativas del arte español de las últimas décadas. Y, posiblemente, también sea uno de los motivos de su tardío reconocimiento institucional, consolidado hace apenas dos años con la concesión del Premio Nacional de Bellas Artes.

Zaj, no Zaj

Resulta sorprendente la escasez de estudios que han profundizado en la trayectoria de Zaj: un movimiento impulsado en 1964 por el propio Hidalgo y que reunió a artistas interesados por la música, el gesto, la palabra, el sonido y la imagen. Disidencia y experimentación fueron los parámetros de un grupo que, a través de sus acciones, constituyó una grieta inédita en el tejido artístico del desarrollismo franquista. Sus aportaciones, próximas al espíritu neodadaísta de Fluxus, solo empezaron a ser plenamente asimiladas en nuestro país a partir de los años noventa. Ahora bien, conviene recordar que Zaj jugó a desaparecer ya desde sus primeros eventos, como aquel Traslado de tres objetos por las calles de Madrid, cuya invitación no fue enviada al público hasta una vez concluida la acción.

Fue capaz de localizar lo inaudito en lo cotidiano y ponerlo en circulación

El trabajo individual de Hidalgo mantuvo siempre la ironía y el sentido del humor que enmarcaron las propuestas zaj. Además, integró la influencia del budismo zen, presente ya en obras tempranas como El recorrido japonés (1963), donde lo nimio es acogido como un hecho trascendente. Pero, sobre todo, va a procurar subvertir el orden constituido y transgredir los estereotipos identitarios; en este sentido, una importante línea de su discurso reivindicará el propio cuerpo desde una dialéctica entre lo erótico y lo pornográfico. La actual cita integra piezas emblemáticas como Flor y hombre (1969) o Alrededor… del pene (1990), en las que el deseo se articula, sin ningún atisbo de rubor, desde su propia condición homosexual. Obras que, como reivindica Julio Pérez Manzanares en su reciente libro Juan Hidalgo y Zaj. Arte subversivo durante el franquismo [etcétera], constituyen un importante antecedente de las actuales propuestas visuales de temática queer.

Un piano diferente

La nave de acceso a las salas de Tabacalera se configura como el escenario de un extraño concierto. Allí sobresale la última pieza concebida por el artista: un piano de cola lacado en un color rosa brillante. Una obra inédita, que Hidalgo no llegó a ver construida, pero que anticipa y condensa las claves conceptuales de esta antológica: las bases establecidas por los readymade de Duchamp; la influencia del lenguaje musical no exclusivamente sonoro de John Cage; la irreverencia de Fluxus hacia las convenciones del sujeto burgués, y la voluntad de Zaj de demostrar que la música también era un asunto visual. Pero, sobre todo, este piano desacomplejado de su color simboliza la trayectoria de un artista capaz de retar constantemente lo normativo.

Fernando Castro Flórez, comisario de la exposición, señala en el catálogo que Hidalgo «construyó su biografía haciendo literalmente lo que le dio la gana, custodiando souvenirs de las historias personales». Esta reflexión subraya una de las principales características de la vida y de la obra -si es que ambas pudieran separarse- del artista canario: su capacidad para localizar lo inaudito en lo cotidiano y ponerlo en circulación. Y ello, incluso en aquellos años en los que la censura y la sanción de la disidencia establecían un estricto marco de actuación.

La cita traza con rigor los múltiples caminos de una voz tan heroica como humilde; de un poeta capaz de rescatar a las palabras de su uso común y de poner en pie un saber lúdico, sensual y trascendente.

Juan Hidalgo & etcétera.Tabacalera (La Principal). Madrid. C/ Embajadores, 51. Comisario: Fernando Castro Flórez. Hasta el 11 de noviembre