«Aura. Díptico 119» (2016), de David Jiménez
«Aura. Díptico 119» (2016), de David Jiménez
FOTOGRAFÍA

David Jiménez, imágenes del aura

¿Por qué es David Jiménez uno de los autores más sugestivos de este PHotoEspaña? Hay que acudir al Canal para descubrirlo

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Al penetrar en la exposición de David Jiménez (Alcalá de Guadaira, 1970), nuestra vista ha de acomodarse a la oscuridad de la sala, donde la férrea arquitectura industrial de este antiguo depósito parece haberse ausentado o virtualmente disuelto. Solo destacan los puntos de luz que irradian las imágenes en la planta de entrada; primera sensación que nos introduce en un clima ambiental muy adecuado para percibir en óptimas condiciones el conjunto de la muestra y el hálito que domina la producción de este fotógrafo.

La exposición recoge los principales proyectos que Jiménez ha desarrollado a lo largo de más de 25 años. Toda su obra se organiza en base a ciclos que han ido tomando forma a partir de numerosas instantáneas obtenidas en diferentes momentos y lugares; aunque la temporalidad y localización que estas pudieran arrastrar quedan en suspenso: son dimensiones subsumidas en la estricta concreción de cada imagen. Motivos diversos, heterogéneos, muy dispares, en ocasiones indefinibles, que el artista logra conectar a través de asociaciones morfológicas unas veces, estructurales otras, pero sin abandonarse en ningún caso a la lógica de la obviedad o la simple semejanza.

Leer por parejas

Tampoco se apoya en las connotaciones que, más o menos vagamente, pudiera sugerir cada foto, ya que la contigüidad las anula mediante un proceso de relación que va más allá de la singularidad de cada motivo: estamos obligados a leerlas en parejas (que no serían tales) o en conjuntos, de modo que cualquier elemento particular es incapaz de mantenerse encerrado en su aparente mismidad: una excelente manera de poner en cuestión la teoría del punctum barthesiano, mas no así la del aura de Benjamin.

Por eso no resulta extraño que Jiménez haya producido algunos de los fotolibros más interesantes y sugerentes de cuantos hayamos podido contemplar en estos años y que es posible ojear en esta exposición, junto a sus maquetas. La estructura sucesiva implica ese ejercicio asociativo que anima su discurso, que asimismo sabe articular muy convenientemente en los distintos audiovisuales que aquí presenta. Espectacular es el que se proyecta en la cúpula y en él que comprobamos que su propuesta funciona también -de manera magistral, sin perder un ápice de sutileza- planteado a gran escala.

Alejandro Castellote, comisario de esta soberbia exposición (para mí, una de las mejores de PHotoEspaña en esta edición), seguidor desde hace tiempo de la labor de Jiménez, en algún momento buscó el paradigma holográfico (la información de la totalidad inscrita en cada fragmento) para referirse de forma muy pertinente a supoética cosmológica.

Al igual que al comienzo hice alusión al choque lumínico -a la baja- que nos recibe, al salir de la muestra, la nitidez innegociable del paisaje a pleno sol resulta casi obscena. Salimos «contagiados», no deslumbrados. Querríamos seguir percibiendo el entorno con la misma exquisitez que transmiten las fotografías de Jiménez y ser capaces de hallar en él esa vía de acceso hacia otra realidad, poética, preñada de indicios y sentido trascendentes.