David Grann
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David Grann y el poder de la palabra

Coincidiendo con sus adaptaciones al cine, publican los libros «Los asesinos de la luna» y «El viejo y la pistola», dos crónicas ejemplares

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El «New Yorker» de la pasada semana incluía un chiste de P.C. Vey que resumía en un vistazo el itinerario editorial en España de David Grann (Nueva York, 1967). En la viñeta sale un tipo cargado con palomitas y un refresco a la entrada de una sala de cine. Pero no se decide a dar el último paso, antes de abrir las puertas, porque su atención se dirige hacia un puesto que mira con perplejidad. Es un montón de libros, y encima de ellos hay un cartel con el siguiente mensaje: «Última oportunidad para leer el libro antes de ver la película».

Tres son los títulos de este excepcional reportero del «New Yorker» que se han traducido al español, y los tres están relacionados con sus adaptaciones a la gran pantalla. En el primero de ellos, «Z, la ciudad perdida» (Literatura Random House, 2017), incluso hicieron la grosería de llevar a la portada el cartel de la película.

En los dos nuevos lanzamientos, publicados al mismo tiempo y coincidiendo con los últimos estrenos de la cartelera, la editorial ha guardado más las formas. «El viejo y la pistola» es, como se dice en la faja que tapa el título de la portada, «el libro en el que se basa The Old Man & the Gun, la película protagonizada por Robert Redford y Sissy Spacek».

Publicado en su lengua original en 2010, esta obra incluye tres crónicas apasionantes: la que da título a la cinta que ha jubilado a Redford; «True Crime», la investigación de un crimen real a partir de la novela que escribió el sospechoso principal, y «El camaleón», donde Grann sigue las peripecias de un impostor francés que se hace pasar por un chico desaparecido.

La escritura de Grann es netamente periodística; pura escuela «New Yorker». Sin veleidades novelescas, dato a dato, escena a escena, construye tres relatos superiores a cualquier guión cinematográfico. El reportaje sobre el anciano atracador de bancos se sigue con mucho más interés que el filme de Redford.

En «Los asesinos de la luna» la referencia a la próxima película de Martin Scorsese viene en la contraportada del libro. Aquí la faja promocional solo recoge algunas citas que ensalzan a Grann, entre ellas una que lo describe como un «digno heredero de Truman Capote». Ya se sabe que las fajas exageran. Con «A sangre fría» Capote trascendió la no ficción, se adentró en un género nuevo; es incomparable. Grann no aspira a eso. Él prefiere quedarse dentro de los límites de la escritura factual y elevarla a su máxima expresión.

En «Los asesinos de la luna lo consigue». Las más de trescientas páginas de esta crónica son un derroche de recursos de primer nivel –la profundidad de su investigación, la recreación de las escenas, la precisión de su prosa– para recrear la ola de asesinatos que azotó en los años veinte, en Oklahoma, a la comunidad india de los osage, a quienes la explotación de los pozos de petróleo escondidos en las tierras de su propiedad convirtió en millonarios. Scorsese tiene ante sí un reto mayúsculo. El poder de la palabra es imbatible cuando se usa al modo de David Grann.