Marilyn Monroe, bajo el objetivo de Cecil Beaton en la Fundación Canal
Marilyn Monroe, bajo el objetivo de Cecil Beaton en la Fundación Canal
FOTOGRAFÍA

Cecil Beaton, algo más que glamur

Una retrospectiva en la Fundación Canal explica por qué Cecil Beaton es, probablemente, el gran retratista (del lujo) del siglo XX

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Esta es la imagen: unos penetrantes e inquisitivos ojos divinos, con cejas interminables, como acerados arcos de orgullo y poder; gasas, tules; teatralidad, lujo y glamur desbordándose sobre cuero o terciopelo igual que un caro champán…

Pero ésta también puede serlo: la frágil belleza de un rostro demasiado vivido para tan poca vida; otros ojos hipnóticos en los que perderse o nacer; una boca triste y a la vez sangrante, como herida de luz. El retrato de una mujer niña; un ángel fieramente humano…

Dos imágenes separadas por una década (1946-1956), tomadas en dos hoteles de Nueva York (Plaza y Ambassador), de dos criaturas salvajemente iconográficas: Greta Garbo y Marilyn Monroe. Ambas son obra de un mismo hombre, proyecciones de una misma mirada. La mirada de quien como Cecil Beaton (1904-1980), muy posiblemente, debe ser considerado el retratista del siglo XX. Y ambas visiones son parte de su personal capacidad de acercarse a los diferentes rostros que componen el rostro humano.

Demasiado humano

Aunque en gran medida es considerado retratista de una sociedad glamurosa, exquisita, compuesta por rutilantes personalidades mundiales, envuelta en un halo de sofisticación, lujo, fama, poder y belleza, lo cierto es que poseyó igualmente el difícil talento de capturar también el lado más humano, y el más frágil, de sus modelos. Pienso que este es su principal haber, el que le mantiene como una de las grandes figuras de la fotografía mundial.

Cecil Beaton: Mitos del siglo XX es una excelente oportunidad de comprobarlo a través de más de 100 retratos de algunos de los nombres más destacados del pasado siglo: de Picasso a la Garbo, de Dalí a Marilyn, de Orson Welles a Maria Callas, de Sartre a Isabel II, de Audrey Hepburn a Mick Jagger… Beaton fue siempre dueño de un espíritu plural, polisémico, curioso, inquieto y creativo, propio de un auténtico esteta de la vida. Sus intereses expresivos llegarían a abarcar áreas tan diversas como la moda, el retrato fotográfico, el diseño de vestuario y escenografías, la pintura, la ilustración, el interiorismo, los dietarios y el mundo editorial. Sobre todos ellos arrojará una originalísima impronta, y en todos ellos destacará por su sensible creatividad.

Nacido en el seno de una acomodada familia, muy pronto empezó a interesarse por la foto, demostrando desde el principio una característica voluntad de capturar atmósferas muy teatralizadas, empleando espejos y otros recursos escenográficos. A mediados de los años veinte comienza a colaborar en revistas tan prestigiosas como Vogue o Vanity Fair, fotografiando a grandes iconos de la moda, como Coco Chanel o Balenciaga. Una vez asentado como uno de los principales fotógrafos de moda y retrato, necesitaba nuevos retos, lo que le llevó a trasladarse a Nueva York, y muy pronto, en 1929, a Hollywood, que ya era el centro de la industria cinematográfica. Allí terminaría por convertirse definitivamente en una gran figura internacional.

La II Guerra Mundial le brindaría otra oportunidad más de arrojar luz humana sobre sus imágenes: fotos de soldados, mujeres de las fuerzas auxiliares, sobrecogedoras escenas de un Londres devastado por los bombardeos alemanes… Un aspecto quizás menos conocido de su trayectoria. Es una pena que ninguna de ellas pueda contemplarse ahora.

Todavía tendría tiempo y energía de retratar en los sesenta a los iconos del naciente Pop, de Warhol a Mick Jagger. Sin duda, una mirada única y singular, capaz de actuar como notario visual de algunos de los momentos fundamentales del siglo XX y de los personajes que los protagonizaron.