La escritora sueca Camilla Läckberg durante su reciente visita a Madrid
La escritora sueca Camilla Läckberg durante su reciente visita a Madrid
ENTREVISTA

Camilla Läckberg: «Las mujeres vivimos tiempos interesantes. El poder está cambiando de manos»

Sus historias siempre llegan a lo más alto de las listas de ventas. Para los amantes de la novela negra es una de las escritoras imprescindibles porque ha construido un mundo con el que resulta fácil identificarse

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Se sorprende al comprobar el grosor y el peso de la edición en español de «La bruja», el décimo título de la serie de «Los crímenes de Fjällbacka», e insinúa que el libro podría convertirse en el arma de un crimen perfecto. Desde que en 2003, cuando ella aún no había cumplido los treinta, se publicó en Suecia «La princesa de hielo», primera entrega de las investigaciones protagonizadas por Erica Falck y Patrik Hedström, Camilla Läckberg (Fjällbacka, 1974) se ha instalado en el éxito: sus historias se han traducido a más de 40 idiomas y se han convertido en serie de televisión. Novela tras novela, Läckberg se ha consolidado como una de las voces más poderosas de la narrativa nórdica de género y, fiel a sus principios, de forma inevitable ha volcado en sus tramas dos de sus grandes pasiones: el interés por la parte más oscura del ser humano y la defensa de un perfil de mujer más allá de los tópicos.

Vista con perspectiva, la evolución de Läckberg parece el resultado de un cuidadoso plan, sin embargo convertir Fjällbacka, su pueblo natal, en destino de interés para sus millones de lectores incondicionales nunca estuvo previsto.

¿Cómo se imaginaba usted en 2018 cuando en 2003 publicó «La princesa de hielo»?

Desde luego, no así. Al principio pensé que sólo mi madre leería mis libros y mis expectativas se reducían, que no es poco, a poder vivir de la literatura. Yo me conformaba con escribir. Los libros para mí eran como dioses.

Y dentro de ese amor por la escritura, ¿por qué quería contar historias de crímenes?

Porque desde pequeña me he visto atraída por nuestro lado más sórdido. Me gustaban las historias de fantasmas, los relatos de Edgar Allan Poe… mientras mis amigas leían cuentos infantiles, yo leía sobre asesinos en serie. Era una niña un poco rara.

«Cuando me puse a escribir, tuve la sensación de que los detectives eran idénticos. Era necesaria una mujer»

Cumplió su deseo al publicar «La princesa de hielo», y con la princesa nació su protagonista, la escritora Erica Falck, que reivindica un determinado perfil de mujer alejado de los estereotipos a los que nos tiene habituados el género negro.

Cuando me puse a escribir, y también antes, como lectora voraz, tuve la sensación de que todos los detectives eran idénticos. Por lo general, eran hombres de edad madura, adictos al whisky y el jazz, solitarios y llenos de amargura. Me pareció necesaria la llegada de una mujer con una vida cotidiana normal para contribuir a que la ficción dejará de estar dominada por este arquetipo masculino.

Junto con Erica, su seña más clara de identidad es un estilo que juega con los saltos temporales y cuenta de forma simultánea varias historias. En «La bruja» nos movemos por tres épocas diferentes, una para cada asesinato: los años ochenta del siglo XX, la actualidad y la caza de brujas de Bohuslän en el siglo XVII, un periodo que resulta especialmente interesante.

Me parecía atractiva la idea de escribir sobre la caza de brujas, hasta que empecé a documentarme sobre el tema y cambié de opinión, porque era una época absolutamente desconocida para mí e ignoraba los detalles: el material de los cubiertos, las telas que se utilizaban para coser la ropa… me di cuenta enseguida de la tarea ingente que implicaba hacerlo bien, pero me resultaba demasiado divertido y, aunque la investigación supuso todo un reto, no me resistí. Eso sí -ríe-, me he prometido a mí misma no volver a escribir sobre una época anterior a los noventa.

Esta parte del XVII enlaza claramente con los personajes femeninos del tiempo actual en «La bruja», mujeres adultas, adolescentes y niñas que, de un modo u otro, son víctimas. Si en el XVII la religión se convirtió en una forma de represión para la mujer en toda Europa, ¿qué es lo que actualmente nos reprime y nos asusta?

La religión es, en esencia, una herramienta del poder que ejercen unas personas sobre otras. Hoy en día, instrumentos como la religión han perdido fuerza y es la amenaza de la vergüenza pública a través de los medios y las redes sociales lo que nos da más miedo. Esa es la nueva dictadura. La caza de brujas del XVII no me resultaba interesante para la novela por su carácter religioso, sino por su intención de dominar la mentalidad colectiva. En cuanto a esos personajes femeninos que menciona, me gusta construirlos observando a las mujeres que me rodean, mi madre, mis amigas o mis hijas. No hay descanso en el trabajo de una novelista, porque no puede dejar de mirar con atención lo que ocurre en su entorno.

«En mi próximo trabajo quiero hacer un guiño a las novelas románticas que animaron mi amor por la lectura»

¿Y que deduce de esa observación?

Tengo la sensación de que las mujeres vivimos tiempos interesantes porque el poder está cambiando de manos. Estamos asistiendo a una pequeña revolución. Quizás tardemos cien años o más en alcanzar el objetivo, pero está claro que algo se ha puesto en marcha.

¿Y la literatura debe reivindicar ese «algo»? ¿Debe ser política?

No. Cuando escribo, no pretendo inocular ningún mensaje. Lo que pretendo es entretener, que el lector disfrute, pero, dicho esto, no puedo escribir en el vacío. Mis opiniones van a reflejarse sí o sí en mis libros. Y cuantos más años cumplo, más opiniones tengo.

Otro de los temas de «La bruja» es el de que no hay lugar seguro. De Karim, uno de los personajes, escribe: «Había ido a Suecia porque era un país sin niños muertos». Pero a lo largo de la novela Karim descubrirá que no es así.

Por supuesto que no. La imagen de Suecia como una especie de paraíso no es real, somos una sociedad con problemas. En mis viajes me encuentro constantemente con la creencia de que en Suecia no hay crímenes, ni alcoholismo, ni malos tratos. El mundo sigue pensando que los suecos somos todos altos, rubios y con los ojos azules, por eso -ríe de nuevo- como ahora llevo el pelo oscuro, se empeñan en que soy rusa.

Más allá de los malentendidos, Erica, Patrick y el resto de los habitantes de Fjällbacka han conectado con millones de lectores. ¿Cómo lo ha hecho?

No ha sido algo premeditado. Escribo sobre gente normal y corriente, y creo que he conectado con algo humano, universal. Fjällbacka es un pueblo y todos los pueblos se parecen en su estructura. Muchos lectores me dicen que Erica y Patrick ya son como amigos.

Y después de Erica y Patrick ¿qué es lo siguiente?

Es hora de saltar al vacío y abandonar mi zona de confort. En Vida y amores de una diablesa, la novela de 1983, escrita por la autora feminista Fay Weldon, una mujer más bien fea es abandonada por su marido, que la deja por una escritora guapísima, y ella decide vengarse y destruirlo. Es un libro que he leído mil veces y, aunque me encanta, está ambientado en un mundo poblado de amas de casa que ya no existe. Así que me he planteado escribir sobre esta idea trasladándola a nuestros días. Quiero hacer un guiño a las novelas que yo leía cuando era adolescente: las novelas románticas de Sidney Sheldon y Jackie Collins, ambientadas en el campo y con hombres algo torpes pero muy atractivos, decididos a enamorar a la urbanita de turno, retirada a la vida rural. Eran libros llenos de escenas de sexo que animaron mi amor por la lectura. Sí... creo que todos echamos de menos a Sidney Sheldon.