Ciria durante el montaje de su exposición en Tabacalera
Ciria durante el montaje de su exposición en Tabacalera - josé ramón ladra
arte

José Manuel Ciria: «No quiero madurar aún»

«Las puertas de Uaset», en Tabacalera, es un recorrido transversal por el trabajo de José Manuel Ciria. No es esta exposición una retrospectiva, sino una reunión de sus mayores logros en torno a la abstracción

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Situarse entre la mancha y la línea, la abstracción expresionista y la puramente geométrica. Esa es la base de Las puertas de Uaset, la muestra con la que José Manuel Ciria (1960) regresa a Madrid, recorre su trayectoria y ofrece trabajos que nunca expuso antes aquí. El tiempo no se detiene y, junto a los proyectos recientes, pinturas que se recuperan para ser intervenidas y dotarse de una nueva lectura. La sede: el espacio de Tabacalera.

¿Qué tiene la pintura para que le siga obsesionando?

Que ni nunca se acabó, ni nunca se acabará con ella. Es un espacio con muchas posibilidades. Los agoreros han hablado muchas veces de su muerte, por eso yo digo siempre que no trabajo con brochas, sino que soy como un forense que interviene con un bisturí en el cadáver de la pintura para sacarle las vísceras, levantar su piel e investigar lo que hay debajo.

Esta exposición demuestra que pocas veces le ha sido fiel: lo suyo ha sido desmembrarla, encorsetarla, cambiarle los soportes… ¿Qué ha dotado de unidad a su trayectoria?

«No me interesaba hacer una retrospectiva. Creo que aún no es mi momento»

Se trata de una cuestión de lenguajes. Suelo comparar la pintura con una especie de caligrafía. Eso también es una forma de desmitificarla. Tengo la sensación de que siempre pinto el mismo cuadro, lo que pasa es que consigo disimularlo. Lo que hay de continuidad en mi trayectoria es una actitud sobre cómo investigar o experimentar y, a la par, un lenguaje. A estas alturas, ya podría pintar cualquier cosa, que la gente reconocería mi vocabulario, aunque la iconografía fuese nueva.

«Las puertas de Uaset» se asienta sobre los pilares de la mancha y la geometría. ¿Es una retrospectiva?

El comisario Carlos Delgado Mayordomo ha pretendido no tanto realizar un recorrido cronológico sino más bien un recorrido transversal a través del trabajo. La única condición que puse es que las obras seleccionadas no se hubieran visto antes en Madrid. Quería escapar de la idea de hacer una retrospectiva. No sólo no me interesaba, sino que además creo que aún no es el momento. Pero sí que me interesó marcar el discurso de que mi obra es muy poliédrica, muy abierta, a la que se puede entrar desde diferentes vías. De ahí el título. Lo que se ha pretendido es coger los momentos más inspirados de las series hasta la fecha.

Es la segunda parte de la exposición la que se ocupa de su producción actual («The London Boxes»). ¿Se encuentra especialmente activo ahora?

Dos tercios de la muestra recoge obra antigua, pero ese último tercio al que te refieres se basa en obra que llevo realizando en Londres desde hace un año. The London Boxes es un trabajo con el que busco experimentar nuevas resoluciones en el ámbito dispositivo, lo que es a su vez una continuación de lo que esbocé entre 2003 y 2005 y que cobró sentido en Nueva York. Esa experimentación se tradujo en la serie La Guardia Place. The London Boxes recoge algunas de las matrices que no se llegaron a experimentar en ella. Así, pese al salto, es una especie de continuación. Así mismo, este ámbito se completa con unas vitrinas en las que, en lugar de conformar un archivo normal, hemos preferido jugar con la memoria y dar saltos, yendo y volviendo del pasado al presente, y al revés. Lo que se plantea es una reflexión sobre mi pintura en particular y la pintura en general.

«Me esfuerzo siempre para que los cambios geográficos impliquen cambios en la obra»

Se habla de punto de inflexión en 2005 con el traslado a Nueva York. ¿Lo ha supuesto también Londres?

Definitivamente, sí. Me fuerzo siempre para que los cambios geográficos impliquen una transformación en la obra. Aprovecho el salto para favorecer la novedad. Y en ello también interviene el factor sorpresa. No soy un artista que se acomode al mercado, y me molesta repetir la misma pieza hasta la saciedad. Y espero que el resultado de lo de Londres sea extraño para el espectador.

Curiosamente, usted nació en Manchester. Es como volver a los orígenes. Pero su pintura es española: ¿por qué?

Llevo toda la vida viviendo aquí. Los artistas que he admirado desde niño son españoles. Me puede gustar mucho la pintura americana o la alemana, pero mis raíces están aquí y eso se traduce bien en lo que hago: en el uso del color, de los tonos, en la vertiente tenebrista o dramática; el que tenga cierta garra o potencia... Se traduce en una estela nacional de la que ni puedo, ni quiero escapar. Hago una obra internacional pero con un marcado sello español.

Lo dijo antes: «Tengo la sensación de estar pintando siempre el mismo cuadro». Por suerte, no es Antonio López…

No. Pero a lo que me refiero es que, aunque no necesite 20 años para pintar un cuadro, no puedo escapar de mi propia caligrafía. Se dice que la madurez se expresa yendo hacia la pureza. Yo soy bastante barroco, por lo que creo que no quiero madurar aún porque me quedan muchas cosas por hacer. Intento hacer todo lo que se me ocurre. Me tiro a la piscina con todo lo que creo que merece la pena ser analizado. No miro si es o no adecuado. Hay «pinturas milagro», que salen en seguida. Y conjuntos que necesitan de un reposo. De un volver más tarde.

No hemos hablado aún del comisario, bastante más joven que usted. ¿Nota el cambio generacional?

Me gusta la labor de los comisarios, creo además que es imprescindible. Pero es que con Carlos Delgado Mayrdomo todo es muy sencillo. Ya hemos desarrollado bastantes proyectos juntos, por lo que lo considero casi más como mi hermano pequeño. Y nos guiamos mutuamente. Me fío mucho de su trabajo y creo que tiene una mirada muy acertada. Está llamado a hacer grandes proyectos en este país.