Historias del «rock» en «Mystery Train», de Greil Marcus
Elvis (a la derecha) es retratado por Marcus como un fanfarrón de impresionante talento
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Historias del «rock» en «Mystery Train», de Greil Marcus

Toda la historia del «rock» cabe en las páginas de «Mystery Train». Un recorrido por sus intérpretes, sus canciones y sus mitos. La curiosidad ilimitada y la penetración crítica de Greil Marcus convierte este libro en un papa al que volver

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El autor de la que puede considerarse como la crónica canónica del proceso contracultural («Rastros de carmín. Una historia secreta del siglo XX», Anagrama), con aquel fascinante y convulso relato que nos lleva del dadaísmo al situacionismo o el «punk», condensó en «Mystery Train» una prosa de un vigor desafiante en la que se unen las riberas confusas del «rock» y de la cultura norteamericana. Cuarenta años han tenido que pasar para que se traduzca a nuestra lengua un libro escrito entre 1972 y 1974 en el que, como apunta Marcus, están sedimentados la rabia, excitación, soledad, fatalismo y deseos de una época marcada por lo que llama «una obscena perversión».

Greil Marcus, que se ejercitó en revistas como «Express-Times», «Rolling Stone» o «Creem», es una de las voces más lúcidas y personales de la crítica cultural contemporánea, capaz de desentrañar la letra de una canción y establecer conexiones con la dinámica social de la época o con autores como Chandler.

Elvis es retratado como un fanfarrón de increíble talentoSe comporta como un descarado intempestivo que realiza retratos excepcionales de una serie de tipos a los que califica de «americanos simbólicos»: Harmonica Frank, Robert Johnson, The Band, Sly Stone, Randy Newman y Elvis. No está interesado en cimentar un canon, sino en dar cuenta de una serie de vidas accidentadas que van del anonimato, como el de Frank Lloyd, un blanco que sonaba como si tuviera el sentimiento de un negro, a la dimensión manierista del estrellato encarnada por el regodeo de Elvis en «Love Me Tender».

Matar por un sombrero de cinco dólares

A lo largo de más de quinientas páginas, en las que no se pierde la tensión, demuestra que la llave del tesoro es el tesoro mismo. El mapa ensayístico de Marcus se va creando dinámicamente, en una travesía a través de lo extraño y lo enmarañado, recalando en canciones conocidas y versionadas hasta la saciedad, como «Love in Vain», pero también mostrando recónditos lugares de la cultura norteamericana.

«Buena parte del impacto del «rock & roll» –indica Marcus– tuvo que ver con su propia esencia anacrónica, la manera en que pareció que surgía de la nada, la gran sorpresa que trivializó los acontecimientos que regían la vida cotidiana.» El pensamiento ágil de este crítico le lleva desde el delta del Misisipi, aquel territorio originario del «blues», a la dimensión «paliativa» del «country» y la transgresión del «rock».

Greil Marcus se comporta como un descarado intempestivoEl viaje nos ofrece una mezcla de paisaje desolador y comportamientos desaforados, músicas desgarradas o, mejor, sostenidas por una pulsión que intenta dejar atrás el miedo, sabiendo que lo infernal es una sombra cosida a nuestro cuerpo. Pero también es manifiesto que el «rock» da cuenta, en muchos momentos, de una seguridad en la que no se tiene fe. Una cultura, fundacionalmente puritana, obsesionada por el diablo, que estaría en todas partes, se autoconcibe como «faro del mundo», aunque propicie infinidad de naufragios.

Si Johnson sucumbió y ya no tenía ni siquiera «derecho a rezar», The Band encarna un compromiso con la idea profunda de una Norteamérica complicada, peligrosa, viva. El capítulo dedicado a Sly Stone arranca con el «mito» de Stagger Lee –asesino negro que mató a un tal Billy Lions por un sombrero de cinco dólares– para luego adentrarse en uno de los mejores discos de rock, «There’s a Riot Goin’ On».

Canciones empalagosas

Mientras Randy Newman, un intérprete vocacionalmente extraño o, en otros términos, un Bartleby del «rock», termina triunfando con bandas musicales de películas como «Toy Story», el descomunal e incomparable Elvis es retratado como un fanfarrón de increíble talento; un amante de canciones empalagosas que, en el fondo, era un despreocupado. Consiguió dar la impresión de que iba en pos de algo, luego fue declinando e incluso resucitando para dejar una leyenda fantasmal.

Este libro señala una dimensión misteriosa y apasionada «El rock & roll –sintetiza con su ironía característica Marcus– es una combinación de buenas ideas desecadas por modas pasajeras, basura inmunda, un espantoso mal gusto y falta de criterio, credulidad y manipulación, momentos de increíble lucidez e inventiva, placer y diversión, vulgaridad, exceso, novedad y absoluto agotamiento, todo resumido como en ningún otro lugar en el Top 40 radiofónico, la máxima versión radiofónica, la máxima versión del «rock & roll» de América.»

Este libro-tren misterioso no se detiene nunca, ofreciéndonos, en una segunda parte apabullante, las discografías, libros, películas y biografías que en torno a estos «generadores de imágenes de la comunidad» han ido proliferando hasta nuestros días. Bruce Springsteen nos recuerda, ya en 2007, en este siglo marcado por un atentado demoledor, que «es necesario un hombre inquieto para cantar una canción inquieta».

La curiosidad ilimitada y la penetración crítica de Greil Marcus convierte este libro en un mapa que tendremos que utilizar en muchas ocasiones, sobre todo porque señala una dimensión misteriosa y apasionada que anhelamos que surja en nuestras vidas.