«Córdoba fue una de las ciudades más bombardeadas en la Guerra»
Patricio Hidalgo, ayer, con un ejemplar de su libro, en el Círculo de la Amistad - rafael carmona

«Córdoba fue una de las ciudades más bombardeadas en la Guerra»

Patricio Hidalgo recopila 46 ataques aéreos que costaron más de 200 vidas

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El grito de terror de una mujer y el gesto aterrorizado de quien se lanza al vacío vienen a la mente cuando se habla del bombardeo en la Guerra Civil española. Guernica, con el cuadro de Picasso, es el icono de la población castigada por los aviones, pero pocos saben que Córdoba fue una de las ciudades más bombardeadas en la contienda, durante un año y medio, y hasta ahora no se había estudiado.

El teniente coronel e historiador Patricio Hidalgo presentó ayer «La Guerra Civil en Córdoba. Los bombardeos aéreos sobre la capital (1936-1939)», un libro, publicado por Almuzara, en el que ha volcado el resultado de sus indagaciones sobre la acción de los aviones republicanos sobre la ciudad. «Hay más de 100.000 libros editados sobre la Guerra Civil, pero de algunos temas no tenemos nada y de otros muy poco», resaltó.

Dos y tres al día

Patricio Hidalgo resaltó que Córdoba estuvo entre las primeras ciudades y entre las más constantemente bombardeadas durante el conflicto. Córdoba cayó en manos de los sublevados en las primeras horas y los intentos de recuperarla para la zona republicana fueron constantes. «Hubo hasta 46 bombardeos efectivos, además de los lanzamientos de octavillas advirtiéndolo, que sembraban el pánico entre la población», relató el autor, que explicó que en el verano de 1936 hubo días con dos y tres bombardeos y que, aunque se ha hablado de que el día 20 de agosto hubo cuatro, no lo ha podido constatar.

«Era verdaderamente angustioso, porque en los primeros meses no buscaban objetivos militares, sino que bombardeaban toda Córdoba», explicó Patricio Hidalgo.

Desde el 27 de julio de 1936 hasta el 9 de diciembre de 1938, murieron más de 150 personas en Córdoba. Las fuentes de la época hablaban de 235 víctimas en la ciudad, aunque el historiador sólo ha podido encontrar los nombres de 156. «Eso no quiere decir que sean sólo esos. La cifra final estará más cerca de los 235», concluyó el autor, que insistió en que la mayor parte fueron civiles y hubo 33 niños menores de catorce años.

Fueron, además víctimas a las que no se resarció ni se honró de ninguna forma, y muchos acababan en las mismas fosas comunes que los fusilados en la represión de los sublevados. En aquella primera fase cayeron bombas sobre la Casa de Socorro, el Hospital de Agudos y el Psiquiátrico, innumerables comercios y edificios. También sobre el patrimonio, como la Torre de San Andrés y las iglesias de la Compañía y Santa Marina, además de la Catedral, de cuyo tejado un bombero bajó un explosivo. «Las monjas de Santa Isabel vendieron parte de su huerto, que hoy son bloques de pisos, para poder arreglar los daños», relató Hidalgo. A partir de diciembre de 1936, los objetivos eran estratégicos, sobre todo la Electromecánica, algo que el presidente Indalecio Prieto consideraba esencial por su aportación logística al bando sublevado.

De esta época data el bombardeo del Hospital Militar, detonante de una cruel represalia: el ataque aéreo a Jaén ordenado por Queipo de Llano. En Córdoba no hubo refugios antiaéreos oficiales, los tenían que improvisar los vecinos, que luego los señalizaban para que pudiesen entrar los demás. «Se hicieron en la Corredera, en los soportales, que se protegían con sacos terreros», según el autor. El libro, con abundante material gráfico, ha nacido de la investigación en los archivos militares de Segovia y Ávila y en el análisis de la prensa de la época, sobre todo francesa y portuguesa.