Fotografía del orificio detectado en la Soyuz MS-09, acoplada a la Estación Espacial Internacional (ISS), y realizado con un taladro. El agujero provocó una fuga de la atmósfera en toda la instalación, el pasado 29 de agosto
Fotografía del orificio detectado en la Soyuz MS-09, acoplada a la Estación Espacial Internacional (ISS), y realizado con un taladro. El agujero provocó una fuga de la atmósfera en toda la instalación, el pasado 29 de agosto - EFE/NASA

¿Un sabotaje en la Estación Espacial Internacional?

La hipótesis de que alguien intento despresurizar el laboratorio orbital cobra fuerza, después de las declaraciones de un interlocutor desconocido para la agencia de noticias rusa TASS

CORRESPONSAL EN MOSCÚActualizado:

El prestigioso, largamente experimentado y fiable programa de vuelos tripulados rusos al espacio se enfrenta por primera vez en su historia a lo que a todas luces no puede ser otra cosa que un caso de sabotaje. Nada menos que una perforación en el fuselaje de la nave Soyuz MS-9, acoplada a la Estación Espacial Internacional (ISS) y único medio de evacuación de los inquilinos de la plataforma en caso de emergencia.

El pasado 29 de agosto, los sistemas de monitorización del complejo espacial detectaron una pérdida de aire. Tras las debidas comprobaciones se pudo establecer que el origen de la fuga estaba en la cápsula Soyuz MS-9, que al estar ensamblada a uno de los muelles de la ISS comparte la misma atmósfera interior. Se pudo establecer que había un agujero de dos milímetros de diámetro.

La reparación corrió a cargo de los rusos, Oleg Artémiev y Serguéi Prokópiev. La avería se pudo subsanar y los cosmonautas no sufrieron en ningún momento pérdida significativa de oxígeno. Roskosmos, la agencia espacial rusa, aseguró que todo estaba en orden y en ningún momento temieron ni por la vida de los tripulantes ni por la estación espacial. Eso sí, comenzaron las pertinentes investigaciones para dilucidar qué había pasado.

Se especuló en un primer momento con la posibilidad de que la oquedad hubiera podido ser causada por un micrometeorito o un fragmento de basura espacial. Después, sin embargo, se puedo constatar que el agujero fue perforado por un taladro desde dentro de la nave. Se hallaron además muescas o arañazos que indican que a quien lo hizo se le resbaló la broca hacia los lados antes de lograr sujetarla firme para abrir el orificio.

Una cápsula Soyuz abandona la Estación Espacial Internacional en 2015
Una cápsula Soyuz abandona la Estación Espacial Internacional en 2015 - Scott Kelly/NASA

Pero todos estos detalles no se supieron hasta el pasado lunes, cuando el director de Roskosmos y antiguo viceprimer ministro, Dmitri Rogozin, compareció ante la prensa. «No sabemos todavía qué ha podido ser e ignoramos por ahora si la perforación se hizo en tierra o en el espacio, no descartamos nada», declaró Rogozin. Eso sí, aseguró que dilucidar el asunto y dar con los responsables «es una cuestión de honor». Dijo que se trabajaba sobre dos supuestos: «defecto de producción o acción premeditada».

Al día siguiente, el martes, y tras la creación de dos comisiones de investigación, la hipótesis de que lo sucedido había sido un acto de sabotaje tomó cuerpo. Y este jueves la agencia oficial rusa TASS citaba una fuente anónima próxima a la factoría Energia que daba por hecho que alguien quiso de forma intencionada deshermetizar la Estación Espacial Internacional. «El agujero lo taladraron cuando la nave ya había sido ensamblada», y con toda probabilidad sucedió en tierra, sostuvo el interlocutor anónimo de TASS.

La primera consecuencia del desaguisado ha sido que la corporación Energia, fabricante de las cápsulas tripuladas Soyuz y los cargueros Progress, ha comenzado a revisar todas las naves preparadas para su lanzamiento al espacio en los próximos meses: las Soyuz MS-10 y MS-11, que partirán hacia la ISS, en octubre y diciembre, respectivamente, y la de carga Progress MS-10, que lo hará también en octubre.

Artémiev y los astronautas estadounidenses, Drew Feustel y Richard Arnold, llevan en la plataforma espacial desde el 21 de marzo. A ellos se unieron el 8 de junio Prokópiev, la norteamericana Serena Auñón-Chancellor y el alemán Alexander Gerst. En total seis tripulantes.

Rusia ha sufrido en los últimos años varios percances en su industria espacial. Perdió una nave carga Progress y varios cohetes Proton, empleados para poner en órbita satélites artificiales. A la espera de que la NASA se dote de una nueva nave espacial, la única forma hoy día de volar a la ISS es con la naves rusas Soyuz. Esta línea de colaboración entre Moscú y Washington se mantiene todavía pese al empeoramiento de sus relaciones y a las sanciones.