Los «atascos fantasma» son una constante en las carreteras
Los «atascos fantasma» son una constante en las carreteras - Miguel Ángel Barroso

Por qué se producen los «atascos fantasma» y cómo evitarlos

El fenómeno, que aparece y desaparece sin causa aparente, no solo lo provocan los conductores menos hábiles al volante

MadridActualizado:

Circulando con nuestro coche por la carretera, de repente, el vehículo que está justo delante de nosotros frena de manera brusca y enciende las luces de emergencia. En ese momento, paramos el coche, que apenas avanza según pasan los minutos. Lo que si aumenta es la desazón y el nerviosismo entre la mayoría de los conductores, que no vislumbran el fin del atasco. Pero entonces, otra vez de manera súbita, la congestión en el tráfico cesa, sin que se vea un accidente, un control de seguridad o cualquier razón que explique por qué hemos permanecido casi parados durante tan largo rato. Es el «misterioso» caso de los «atascos fantasma».

En realidad, detrás de este fenómeno existe una explicación que nada tiene que ver con sucesos paranormales. Ni siquiera con la habilidad de los conductores, ya que estas aglomeraciones se formarán inevitablemente, incluso aunque la caravana esté formada por expertos pilotos de carreras, cuya pericia al volante está más que demostrada. Porque los «atascos fantasma» son inherentes al tráfico. Pero, ¿cómo se forman -y desaparecen- si no existe motivo aparente?

La dificultad de la velocidad estable

«La razón es sorprendentemente simple: a la gente le cuesta mantener una velocidad constante», afirma la física irlandesa Laurie Winkless en su libro «Ciencia en la ciudad» (Biblioteca Nueva, 2018), en el que explica desde una visión científica cómo se rigen todos los fenómenos que ocurren día a día en las urbes: desde por qué aguantan los edificios durante un terremoto o qué pasa cuando alguien acciona un interruptor eléctrico.

Lawless llega a esa conclusión sobre los «atascos fantasma» después de recoger un experimento de un grupo de investigadores japoneses de la Mathematical Society of Traffic Flow, quienes querían saber qué escondía el flujo del tráfico cuando no existen cuellos de botella -es decir, una causa aparente por la que se reduce el número de superficie por la que pasan los vehículos-.

El atasco te persigue

Se pidió a 22 conductores que circulasen por un circuito circular a una velocidad constante de 30 kilómetros por hora manteniendo siempre la misma distancia de seguridad con el siguiente coche. A pesar de que todos siguieron las indicaciones, el tráfico no tardó en colapsar y algunos coches se quedaron parados. Puedes ver el experimento en el siguiente vídeo:

La explicación es que, normalmente, la gente mantiene una velocidad constante a base de «frenazos»: en el momento en que se dan cuenta de que están excediendo la velocidad -por el motivo que sea, que puede ser desde la impaciencia hasta el despiste después de mirar un cartel publicitario-, frenan para compensar el aumento. Esto produce que el vehículo de atrás tenga que repetir la operación, que se propaga a los otros como una ola, provocando que finalmente los coches queden parados. Es el mismo fenómeno que se produce con las «ondas de choque», cuando en un accidente se ven implicados más de dos vehículos, aunque en este caso no se llega a producir el contacto directo.

«No es que vayas hacia el atasco, es el atasco el que va hacia ti», revela el periodista Tom Vanderbilt en su libro «Traffic», que también cita Lawless en sus páginas. Esta teoría es apoyada por un estudio de la Temple University (EE.UU.) que afirma que estas ondas suceden incluso si todas las personas implicadas en el tráfico conducen de manera perfecta. «Solemos culpar a conductores concretos, pero los modelos demuestran que estas ondas aparecen incluso si nadie hace nada mal», señala Benjamin Seibold, matemático de esta universidad.

La única excepción: las hormigas

Este fenómeno no ocurre solo en los atascos de coches: se ha comprobado que pasa exactamente lo mismo con los trenes e incluso cuando las personas andan por la calle o hacen cola. «Independientemente de la situación de partida, los resultados observados siempre son los mismos», concluye Lawless.

Sin embargo, sí que existe una excepción: las filas de hormigas. Es fácil observar hileras perfectamente estructuradas y fluidas de hormigas obreras que solo se frenan cuando existe un motivo para frenarlas, como la caída de un objeto extraño en su «carretera» de paso. La explicación más aceptada de por qué en la circulación de estos insectos no se dan «atascos fantasma» es la amplia distancia de seguridad que mantienen unas con otras: tienen más tiempo para reaccionar ante futuros incidentes, por lo que es menos probable que «frenen» bruscamente.

«Creo que todos los conductores tenemos algo que aprender de esto», afirma Lawless. Aunque para que la medida sea efectiva, debería ser respetada por todos y cada uno de los conductores que pueblan las carreteras. Una proeza que, de momento, solo está en manos -patas- de las hormigas.