El océano tiene un papel fundamental en la absorción de CO2 de la atmósfera
El océano tiene un papel fundamental en la absorción de CO2 de la atmósfera - Yosuke Shimizu/FLICKR

El papel oculto de los virus en el calentamiento global

Según un reciente estudio, estos microbios drenan energía de las bacterias que hacen la fotosíntesis en los océanos, y al hacerlo reducen la cantidad de CO2 de la atmósfera que es absorbido de forma natural

MADRIDActualizado:

Los virus son la forma de vida más abundante de la Tierra. La mayoría no causa enfermedades humanas, ni en realidad tiene nada que ver con el hombre. En realidad, la mayor parte de los virus está especializada en infectar microorganismos. Lo hacen tan bien que se podría decir que los virus se comportan como agentes reguladores de las poblaciones de bacterias y hongos. Y no solo porque sepan infectarlos y matarlos, sino también porque cuando infectan a una víctima actúan como vehículos transmisores de genes y de información entre microorganismos. Esto produce muchos cambios genéticos, y el resultado es que los virus actúan como una especie de interesante internet en el mundo de lo microscópico. Por todo eso, los virus tienen un papel fundamental en todos y cada uno de los ecosistemas de la Tierra.

Los océanos no son una excepción. Allí los virus tienen mucho que decir en varios importantes procesos: influyen en el crecimiento de los microbios que están en la base de la cadena alimentaria, regulan la cantidad de CO2 que puede ser absorbido por otros microorganismos e incluso promueven o dificultan la formación de nubes. Un estudio publicado recientemente en la revista « Current Biology» ha concluido que los virus son capaces de absorber la energía que algunas bacterias necesitan para capturar el CO2 que hay en la atmósfera. Este fenómeno es uno de los que inluye en el papel de los océanos en el clima global.

«Los virus no son más que máquinas egoístas», ha dicho Dave Scanlan, un microbiólogo marino de la Universidad de Warwick, Reino Unido y uno de los autores del estudio, en un artículo publicado en Science. «La energía de las bacterias es "robada" por los virus para hacer más virus», ha añadido.

Cuando uno de estos virus infecta a una bacteria, se las apaña para introducir en su interior genes capaz de «secuestrarla». Estos genes introducen unas nuevas instrucciones en la célula y, a causa de esto, la bacteria «pierde la cabeza»: deja de producir los ladrillos que necesita para vivir y en su lugar comienza a fabricar virus y más virus. Lo curioso es que, entre estos genes que el virus inyecta, hay incluso instrucciones capaces de alterar el proceso de la fotosíntesis.

Los culpables: los cianofagos

Los culpables son los cianofagos, que es el nombre que reciben los virus que infectan a las cianobacterias. Estas son a su vez unos de los microbios que hacen la fotosíntesis y que absorben CO2 en los océanos.

Por medio de las infecciones de los cianofagos, los investigadores estiman los virus evitan que se capture de la atmósfera una inmensa cantidad de CO2: hasta un total de entre 20 y 5.390 millones de toneladas métricas de carbono al año (el cinco por ciento de todo el carbono fijado anualmente en el mundo). La cifra real depende de cuántas bacterias puedan ser infectadas en cada momento por los virus, pero la cifra real no está del todo clara. Según estudios anteriores, la cantidad de cianobacterias que es infectada oscila entre el uno y el 60 por ciento de todas ellas.

«Creo que este es un gran estudio», ha dicho en Science Adam Martiny, un ecólogo microbiano de la Universidad de California, Irvine, Estados Unidos. «Contribuye a hacer más fuerte la idea, cada vez más clara, de que para entender el ciclo del carbono hay que entender un montón de interacciones biológicas».

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores estudiaron a uno de los microbios fotosintéticos más abundantes del mundo, la bacteria del género Synechococcus. Las capturaron en el Canal de la Mancha y en el Mar Rojo, y luego las alimentaron con bicarbonato sódico. A través de un isótopo radiactivo, los investigadores pudieron medir cuánto CO2 fijaban en cada momento, y en especial antes y después de ser infectadas con virus.

Gracias a eso, pudieron ver cómo a las pocas horas de ser infectadas, la fijación de CO2 caía en picado: hasta cinco veces en algunos casos. Lo interesante es que las bacterias seguían absorbiendo la misma cantidad de energía, pero en vez de usarla para fijar el CO2 y producir azúcares (tal como hacen las plantas), la usaban para producir virus.

Según Andrew Millard, otro de los investigadores del estudio, estos descubrimientos ayudarán a los investigadores a entender mejor el impacto de los cianofagos en el medio ambiente. Pero aún no está claro cómo se traduce lo que se ha visto en el laboratorio en el mundo real. «Tanto si es bueno como si es malo, los virus tienen un papel en el sistema», ha dicho. «Y debemos entender el sistema si queremos entender el calentamiento global», ha concluido.