María Josefa Wonenburger
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María Josefa Wonenburger

La olvidada matemática gallega con dos tesis que nadie reconoció en España

María Josefa Wonenburger tuvo una brillante carrera académica, pero no fue hasta el final de su vida que fue valorada en su propio país

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María Josefa Wonenburger Planells nació en Oleiros (A Coruña) el 19 de julio de 1927. Hija de Julio y Amparo, tenía una hermana pequeña. Su padre se ocupaba de la fundición familiar, negocio que les permitía vivir con holgura. En aquella época, las mujeres no solían cursar carreras superiores. No estaba mal visto que estudiaran magisterio y se dedicaran a la enseñanza, pero a la mayoría de ellas les esperaba el matrimonio y el cuidado del hogar.

La familia de María Josefa quería que su primogénita estudiara una ingeniería para continuar con el negocio familiar. Pero las matemáticas se cruzaron en su camino y, aunque sabía que sus posibilidades de dedicarse a ellas profesionalmente eran limitadas, Wonenburger no quería arrepentirse en el futuro de haber abandonado una de sus pasiones.

Para María Josefa las matemáticas eran a la vez sencillas y divertidas. Tras acabar el bachillerato en 1944, debía trasladarse a Madrid para seguir la carrera de matemáticas. Pero era un momento de gran crispación política y no era conveniente vivir lejos de casa. Tuvo que esperar hasta 1945 para comenzar sus estudios en la Universidad Central de Madrid. Se alojó en la Residencia de Señoritas, centro en el que se relacionó con muchas intelectuales de la época.

María Josefa nunca tomaba apuntes en el aula, solo escuchaba para no perder ningún detalle. Por la noche, ya en la residencia, reproducía las explicaciones que había dado el profesor.

Tras los cinco años de carrera, entre 1950 y 1953, desarrolló sus estudios de doctorado. Su padre falleció en 1951 y María Josefa pasó seis meses en Galicia acompañando a su madre y a su hermana en ese momento de duelo.

Algunos de sus profesores le recomendaron viajar al extranjero para completar su formación. Gracias a la concesión de una beca Fullbright pudo viajar a Estados Unidos en 1953. Tras un largo viaje en barco llegó a la Universidad de Siracusa (Nueva York) para realizar un curso previo antes de comenzar sus estudios.

Su siguiente destino fue la Universidad de Yale, donde su supervisor fue el conocido algebrista Nathan Jacobson. Con él realizó su tesis doctoral titulada «On the Group of Similitudes and its Projective Group» en 1957.

Una broma pesada

Por falta de financiación tuvo que regresar ese mismo año a España, donde no le convalidaron su título de doctora de la Universidad de Yale. Tuvo que volver a realizar cursos de doctorado y una nueva tesis doctoral, dirigida esta vez por el destacado matemático Germán Ancochea. El Instituto Matemático Jorge Juan del Consejo Superior de Investigaciones Científicas la financió en esta etapa.

Defendió su tesis, titulada «Representación espinorial de los grupos de semejanza», y debido a una serie de problemas administrativos, tampoco logró su título de doctora. ¡Parecía una broma pesada! ¡Dos tesis y ninguna reconocida en España!

Un golpe de suerte la llevó a Canadá: el matemático Israel Halperin había comentado a Nathan Jacobson que necesitaba alguien con conocimientos de álgebra para colaborar con él en sus trabajos sobre álgebras de von Neumann. Con las pocas perspectivas de futuro que tenía en España, María Josefa permaneció en Canadá durante seis años, los dos primeros con una beca postdoctoral y después con un contrato de profesora en la Universidad de Toronto. Allí era la única mujer que ocupaba un puesto como docente.

A pesar de su mala suerte con sus tesis, dirigió unas cuantas. La primera de ellas fue en Toronto: Robert Moody, un alumno de aquella universidad, le pidió que fuera su tutora. Al ser mujer y extranjera, le sorprendió. Creo que revela las grandes capacidades matemáticas que María Josefa había mostrado a sus alumnos. Moody se doctoró en la Universidad de Toronto en 1966.

Tras su etapa en Toronto, María Josefa regresó a Estados Unidos. Allí tenía ofertas de trabajo de varias universidades, mientras que en España su futuro era incierto. En nuestro país, para obtener una plaza, debía pasar una oposición. En el extranjero valoraban sus conocimientos, sus capacidades y su trayectoria investigadora.

El fin de una brillante carrera

María Josefa se quedó en Indiana hasta 1983. Fue una época muy fructífera científicamente: conoció y compartió conocimientos con grandes matemáticos, organizó, asistió y participó en congresos, cursos y seminarios. Allí dirigió siete tesis doctorales.

Ese mismo año, su madre se puso enferma. María Josefa no dudó en dejarlo todo para regresar a España y cuidar de ella. Ahí terminó su brillante carrera científica.

Aunque permaneció apartada del mundo académico, por fin ha sido valorada en España. Y lo ha sido gracias al empeño de su amigo, Federico Gaeta. Este matemático animó a María José Souto Salorio y Ana Dorotea Tarrío Tobar, dos matemáticas de la Universidade da Coruña, a contactar con María Josefa para que su historia no cayera en el olvido. Gracias a ellas es un poco más conocida… y reconocida.

Entre otros reconocimientos, María Josefa fue nombrada socia de honor de la Real Sociedad Matemática Española en 2007 y doctora honoris causa por la Universidade da Coruña en 2010. En 2007, la Unidad Mujer y Ciencia de la Xunta de Galicia creó el Premio María Josefa Wonenburger Planells para “reconocer aquellas mujeres gallegas con trayectorias notables en el ámbito de la ciencia y la tecnología”.

Desde 2011, en el Paseo de las Ciencias del parque de Santa Margarita (A Coruña), un monolito recuerda los logros de esta especialista en álgebra. Desde 2012, un parque lleva su nombre en Oleiros, el lugar donde nació.

María Josefa falleció en A Coruña el 14 de junio de 2014. ¿Dónde habría llegado si hubiera continuado con su carrera científica en Estados Unidos? Nunca lo sabremos. Probablemente sería uno de los grandes referentes en matemáticas a nivel mundial.

Marta Macho-Stadler es profesora de matemáticas en la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU).

Este artículo ha sido publicado originalmente en «The Conversation».