Cajal no asistió a la inaguración de su escultura por Alfonso III
Cajal no asistió a la inaguración de su escultura por Alfonso III - P.Q.
Neurociencia

La escultura de la que Cajal renegó y otras curiosidades sobre el Nobel español

Su crisis de los 40, las 65 nominaciones al Nobel, el accidente de automóvil con Benlliure, en la exposicón «Cajal y Madrid»

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  1. 65 nominaciones al Premio Nobel

    Diploma del Nobel Conedido a Cajal
    Diploma del Nobel Conedido a Cajal - ABC

    La Real Academia Nacional de Medicina acaba de celebrar la II Semana Ramón y Cajal en la que se ha recordado al Nobel español, considerado el padre de la Neurociencia moderna. Se han desarrollado diversas actividades, entre ellas la inauguración de “Cajal y Madrid”, una exposición que podrá verse hasta el 15 de enero de 2016, organizada por el profesor Javier Sanz Serrulla, que explicó anécdotas sobre la vida de Cajal en Madrid, donde desarrolló la mayor parte de sus investigaciones.

    En el simposio “Los contactos neuronales vistos por Cajal”, coordinada por Carmen Cavada, directora de la Cátedra de Neurociencia UAM–Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, se hizo un repaso a la figura de Cajal en sus dimensiones personal y científica.

    Una curiosidad de los asistentes fue el número de nominaciones que Cajal recibió para el Nobel. Como puede verse en la página de la organización Nobel, antes de obtener el Nobel, Cajal había sido propuesto para recibir el premio en 63 ocasiones, la primera en 1901, coincidiendo con el estreno de los galardones. Y después de recibir el Nobel en 1906, aún fue propuesto dos veces más. Esto da idea del prestigio de Cajal entre la comunidad científica internacional. Los más insistentes en pedir el galardón para Cajal fueron el suizo Albert von Kölliker, que le dio a conocer, y el sueco Gustaf Retzius, con quien Cajal mantuvo una larga relación científica y de amistad.

    Cajal fue la quinta persona en recibir un Nobel en Medicina. Lo compartió con el italiano Camilo Golgi. Antes que Cajal, lo habían recibido Robert Koch  (1905), Ivan Petrovich Pavlov (1904), Niels Ryberg Finsen (1903), Ronald Ross (1902), y  Emil Adolf von Behring (1901). 

    El propio Cajal nominó a 3 personas: dos para el premio de Fisiología y Medicina (Gustaf Retzius en 1901 y Charles Robert Richet en 1912) y a Ramón Menéndez Pidal para el de Literatura en 1931.

  2. Un Nobel que sentó precedentes

    El Hall de Golgi, en el Museo de Historia Natural de Pavía
    El Hall de Golgi, en el Museo de Historia Natural de Pavía

    Cajal y el italiano Camilo Golgi compartieron el Nobel de Medicina en 1906. Fue la primera vez que se premiaba a dos candidatos, aunque en la actualidad sea frecuente. La Academia sueca designó a Emil Holmgren, profesor de histología, para que hiciera un informe sobre el trabajo de ambos para resolver a quién habría de otorgarse el premio. Tanto Golgi como Cajal habían sido nominados insistentemente cada año desde la instauración de los Nobel en 1901 por científicos muy influyentes. El propio Holmgren había propuesto a Golgi en 1902. Tras examinar concienzudamente el trabajo de ambos, Holmgren concluyó: «Si se consideran los logros de Golgi, por un lado, y de Cajal, por otro, en la investigación sobre el sistema nervioso, no se puede, en justicia, evitar la conclusión final de que Cajal es muy superior a Golgi». En su informe de 50 folios, Holmgren dejó claro que él habría dado prioridad a Golgi unos años antes. Pero añade que su conclusión en 1906 era diferente ya que Cajal había hecho descubrimientos tan importantes, novedosos y valiosos que habían cambiando el conocimiento del cerebro. Además, destaca, Cajal interpretó lo que veía al microscopio de una manera correcta. Su teoría neuronal supuso el origen de la Neurociencia Moderna. Pese al informe, el premio fue compartido por los dos.

    En contra de las evidencias incontestables aportadas por Cajal, Golgi, muy influyente entonces en la comunidad científica, se resistía a aceptar -como consta en su discurso de los Nobel- que las neuronas fueran células independientes. Por el contrario, defendía que el sistema nervioso estaba formado por una enmarañada red de fibras nerviosas unidas entre sí. Una idea que chocaba con lo que Ramón y Cajal veía al microscopio y por lo que recibió el Nobel.

    A pesar de sus diferencias con Golgi, Cajal escribió en su autobiografía que el Nobel compartido fue una decisión justa, puesto que Golgi había aportado la técnica que a él le permitió desarrollar su importante trabajo.

  3. La Escultura de la que renegó

    Cajal: "Nunca me he desnudado ante ningún hombre"
    Cajal: "Nunca me he desnudado ante ningún hombre" - P.Q.

    En el Paseo de Venezuela del Parque del Retiro hay una escultura que pretendía ser homenaje a Cajal, pero de la que el Nobel renegó. Es obra del escultor Victorio Macho, y está realizado en piedra granítica y bronce. Macho representó a Cajal reclinado al modo de las figuras de sarcófago etruscas, con manto y el torso desnudo, como un héroe clásico.

    La obra de Macho no fue del agrado de Cajal, que comentó irónicamente al verla: "Yo nunca me he desnudado ante ningún hombre”, como explica Javier Sanz, de la RANM. Pese a todo la escultura fue inaugurada en el año 1926 por el Rey Alfonso XIII, en un gran acto oficial al que Cajal no asistió.

    Una vez inaugurado el monumento, Cajal no volvió a entrar en El Retiro, que había sido su parque favorito. Pese al desagrado de Cajal, la obra escultórica de Macho se hizo muy popular porque fue reproducida en el reverso de los billetes de 50 pesetas emitidos por el Banco de España en 1935, al año que siguió a su muerte

  4. Aficionado a los selfis

    Cajal, con sus hijos. En su mano derecha ocultaba el dispardor de la cámara
    Cajal, con sus hijos. En su mano derecha ocultaba el dispardor de la cámara - ABC

    En 1890, Santiago Ramón y Cajal fue nombrado presidente de honor de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, y en 1912 publicó el libro "Fotografía de los colores, bases científicas y reglas prácticas", en el que predecía el éxito futuro de la fotografía cromática. Y es que entre las aficiones de Cajal estaba la fotografía, en la que se mantenía perfectamente actualizado. Le gustaba hacerse autorretratos, lo que hoy denominamos selfis, un término que se utilizó por primera vez en 2002. Como entonce solo había control remoto, Cajal disiminulaba el cable entre su ropa, para que no se viera en la foto y ocultaba el “disparador” en su mano derecha, que aparece siempre cerrada en los autorretratos. En este “selfi” aparece con sus hijos.

  5. Su «crisis de los 40» en Amaniel

    Cajal se retiró a su casa de Campo de Cuatro Caminos, en la imagen
    Cajal se retiró a su casa de Campo de Cuatro Caminos, en la imagen - ABC

    Cajal construyó una casa de campo en lo que entonces eran las afueras de Madrid, en la actual calle Almansa. Allí pretendía recobrar fuerzas: "Durante el otoño e invierno de 1899, mi salud dejaba harto que desear. Invadiome la neurastenia, acompañada de palpitaciones, arritmias cardíacas, insomnios, etc., con el consiguiente abatimiento de ánimo. Semejantes crisis cardíacas atacan frecuentemente a las personas nerviosas fatigadas, sobre todo durante esa fase de la vida en que declina la madurez y asoman los primeros desfallecimientos precursores de la vejez". Tenía entonces 46 años. "Y, por reacción fisiológica y moral, acometiome violenta pasión por el campo (...). Poco hay que escoger en los alrededores de Madrid para nido de un espíritu romántico. Sólo las frondosas hondonadas y las vertientes vecinas del puente de Amaniel, con espléndidas vistas a la Moncloa, al Guadarrama y a El Escorial, prometían adecuado marco a mi casita".

    "Compré, pues, en dicha barriada de los Cuatro Caminos huerta no muy extensa, y mandé construir modesta quinta, circundada de jardín, emparrado e invernadero liliputienses, escalonados en cuesta y expuestos al sol del Mediodía. Y procediendo a lo temerario, puse todos mis ahorros en la obra. Mi curación honró poco a la Farmacopea. Una vez más triunfó el mejor de los médicos: el instinto, es decir, la profunda vis medicatrix. Porque luego de instalado con la familia en la campestre residencia, mi salud mejoró notablemente".

  6. El incidente con un caminero

    La imagen recrea la escena con el caminero corrigiendo a Cajal
    La imagen recrea la escena con el caminero corrigiendo a Cajal - La Voz de la Sierra

    El escultor valenciano Mariano Benlliure mantuvo una estrecha amistad con Cajal, tal vez por su común interés por el arte. En el verano del 1922, con motivo de la jubilación de Cajal como catedrático de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Universidad de Zaragoza, Benlliure comenzó a trabajar en una estatua sedente del prestigioso invstigador que se inauguró oficialmente en 1925 con la presencia del rey Alfonso XIII.

    Como Cajal veraneaba en Cercedilla y no conducía, Benlliure iba a recogerle en coche para llevarle a posar a su estudio de Villalba. En uno de esos viajes sufrieron un accidente en el que Benlliure se hizo una brecha profunda en la cabeza que no dejaba de sangrar. Para poder atenderle, se dirigieron a una caseta próxima de peones camineros. Y cuando Cajal se disponía a curar al escultor, uno de los camineros le dijo: “Quite usted allá, señor; déjeme a mí, porque usted seguramente no entiende ni una jota de estas cosas

  7. Las tentaciones de Madrid

    Cajal frecuentaba las tertulias del Café Suizo
    Cajal frecuentaba las tertulias del Café Suizo - ABC

    En « Recuerdos de mi vida», Cajal explica las muchas distraciones de una ciudad como Madrid, «peligrosísima para el provinciano laborioso y ávido de ensanchar los horizontes de su inteligencia. La facilidad y agrado del trato social, la abundancia del talento, el atractivo de las sociedades, cenáculos y tertulias, donde ofician de continuo los grandes prestigios de la política, de la literatura y del arte; los variados espectáculos teatrales y otras mil distracciones seducen y cautivan al forastero, que se encuentra de repente como desimantado y aturdido. En su vida hase operado radical metamorfosis: la abeja se ha convertido en mariposa, cuando no en zángano».

    No obstante, Cajal se propuso «a todo trance cerrar los oídos al cántico de la sirena cortesana y defender mi tiempo, trabajando tanto como en provincias. Y lo conseguí por fin, no sin provocar frialdades, ni impedir que se me aplicasen los epítetos de huraño, estrafalario y orgulloso. Estoy muy lejos de pretender —lo he dicho ya varias veces— que el hombre de ciencia sea un cartujo; antes bien, estimo necesarios los pasatiempos, las excursiones, el teatro, el Ateneo, la literatura, las tertulias, etc. Mas todo a su hora, con medida, y cuando lo pida el ánimo, en fin, y no cuando lo deseen los demás».

    Sin embargo, para compensar el encierro en el laboratorio que requiere la investigación, conservó de forma regular dos distracciones, como él mismo cuenta: «los paseos al aire libre por los alrededores de la villa, y las tertulias de café».

    «¡Cuántos pequeños descubrimientos asócianse en mi memoria a tal sendero solitario de la Moncloa, o a un fresno ribereño del Manzanares, o alguna colina de Amaniel o de la Dehesa de la Villa, espléndidos miradores desde los cuales ostenta el Guadarrama, asomado entre pinos, toda su augusta majestad!»

    A sus paseos solitarios unía las tertulias del Café Suizo, ya que «además del paisaje físico, conviene también al hombre de laboratorio el paisaje moral, la amena tertulia, donde, al calor de la amistad y de la confianza, broten, variadas y espontáneas, las flores del ingenio».

  8. Cajal busca su sitio

    Imagen de 1955 de la casa en que vivió sus últimos días Ramón y Cajal
    Imagen de 1955 de la casa en que vivió sus últimos días Ramón y Cajal - ABC

    Pese a ser una figura de renombre y prestigio universal, Cajal no cuenta con un museo, donde exhibir sus pertenenecias, dispersas por distintos lugares de España. Gran parte se encuentran almacenadas en una habitación del Instituto Cajal, donde Cajal quiso que estuvieran. Pero el espacio es insuficiente.

    Cajal vivió en varios casas situadas cerca de la antigua Facultad de Medicina, hoy Colegio de Médicos. Su última residencia estuvo situada en Alfonso XII número 64, que aún conserva las iniciales de Cajal. En la actualidad se encuentra en venta, apunta Javier Sanz Serrulla, que opina que podría ser un buen lugar para reunir el "Legado de Cajal".