Así fue la violenta muerte de los bebés mamuts
El pequeño mamut «Lyuba» - Francis Latreille

Así fue la violenta muerte de los bebés mamuts

Científicos concluyen que «Lyuba» y «Khroma», dos crías de uno y dos meses famosas por su excepcional conservación, se asfixiaron tras caer al agua e inhalar barro

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«Lyuba» y «Khroma» llegaron al mundo hace más de 40.000 años en el Ártico siberiano, y pertenecían a poblaciones de mamuts separadas por casi 5.000 kilómetros. Aunque con toda seguridad nunca se encontraron en vida, sus historias tienen mucho en común. Ambas criaturas, apenas unos bebés, tuvieron muertes tempranas, violentas y tristemente muy parecidas, según acaba de revelar un interesante estudio dirigido por la Universidad de Michigan Ann Arbour (EE.UU.) que proporciona un análisis detallado de los resultados de las tomografías computarizadas realizadas a los dos ejemplares y que hace públicas alrededor de 30 imágenes inéditas. Los animales murieron por asfixia tras caer al agua e inhalar barro. Las pruebas, publicadas en Journal of Paleontology, también han desvelado detalles previamente desconocidos sobre el desarrollo temprano de estos paquidermos prehistóricos.

El bebé «Lyuba», que solo tenía un mes de edad cuando murió, fue encontrado por pastores de renos en mayo de 2007 sobre las orillas del río Yuribei en la península de Yamal, en el noroeste de Siberia. Su cuerpo estaba congelado y parcialmente deshidratado, pero intacto salvo por la pérdida de la mayor parte de su pelo y todas sus uñas. «Khroma» fue descubierta en octubre de 2008, cerca del río del mismo nombre en el extremo norte de Yakutia, en el noreste de Siberia. Quedó congelada en el permafrost con solo dos meses, en una posición vertical. Los cuervos y, posiblemente, zorros árticos devoraron partes expuestas de su carcasa, incluyendo partes del tronco y el cráneo y la joroba de grasa que probablemente cubría la parte posterior de su cuello. Por lo demás, el cuerpo fue recuperado en buenas condiciones.

Ambos ejemplares son los bebés de mamut más completos y mejor conservados que existen en el mundo y han sido exhibidos en museos de distintos países. Verlos es como echar un vistazo al pasado, pero las pruebas científicas han ido aún más allá: han conseguido reconstruir su historia.

Sedimentos en la garganta

Las tomografías computarizadas muestran que ambas crías estaban aparentemente sanas y que murieron de forma traumática. En el caso de «Lyuba», las exploraciones revelaron que una masa sólida de sedimento de grano fino estaba bloqueando los conductos de aire en el centro del tronco. Los sedimentos también se observaron en la garganta y en los conductos bronquiales del animal. Si «Lyuba» hubiera muerto por ahogamiento en lugar de asfixia, como se había sugerido anteriormente, los rastros de sedimentos también deberían haberse detectado en algunas zonas de los pulmones más allá de los bronquios, pero no fue así.

Los investigadores creen que «Lyuba» murió en un lago debido a que los sedimentos en su tracto respiratorio incluyen vivianita, un mineral que se forma comúnmente en entornos fríos, pobres de oxígeno, como los fondos de los lagos. La historia de la muerte pudo ser más o menos la que sigue: «Lyuba» intentó cruzar el lago durante el deshielo de primavera, pero el hielo bajo sus pies cedió y cayó a las aguas heladas. Mientras luchaba por respirar, es posible que se activara el reflejo de inmersión de los mamíferos, que inicia los cambios fisiológicos que permiten a los animales permanecer bajo el agua durante largos períodos de tiempo. Estos cambios incluyen un desplazamiento de la sangre hacia el centro del cuerpo, incluyendo el cerebro y el corazón. En efecto, según los autores, el cambio de la sangre ayudaría a explicar pequeños nódulos de vivianita de varios milímetros de longitud que se encontraron en los tejidos faciales de «Lyuba» durante la necropsia.

Leche en el estómago

Sedimentos ligeramente más gruesos aparecieron en el tronco, la boca y la garganta de «Khroma». Sus pulmones no estaban disponibles para el estudio porque desaparecieron antes de que se recuperara el cadáver. Un posible escenario de la muerte coloca a la cría y a su madre en la orilla de un río en primavera. «Khroma» había estado mamando al menos una hora antes de su muerte, como lo demuestra la leche no digerida que se encontró en su estómago durante una necropsia. «Parecía que le acaba de reventar la parte superior de un recipiente de yogur», recuerda el paleontólogo de la Universidad de Michigan Daniel Fisher. «Era de esa blancura y suavidad. Leche fresca y cremosa de mamá mamut».

Tal vez la orilla del río se derrumbó y los dos mamuts, madre e hija, cayeron a las aguas. Una caída explicaría la columna vertebral fracturada revelada por la tomografía computarizada de «Khroma», así como el barro inhalado.

Cambios corporales

Los estudios de los cuerpos de los mamuts también han permitido documentar los cambios que ocurren cuando este animal se desarrolla. «Esta es la primera vez que alguien ha sido capaz de hacer un estudio comparativo del desarrollo del esqueleto de dos bebés de mamut de edad conocida», dice Fisher. «Y puesto que ambos son esencialmente esqueletos completos, pueden ser considerados como las 'piedras de Rosetta' que nos ayudarán a interpretar los huesos de bebés de mamut aislados que se encuentren en otros lugares».

Los investigadores utilizaron una técnica desarrollada por Fisher que consiste en contar las capas de crecimiento diario dentro de los dientes, parecido a contar los anillos de un árbol para determinar su edad. Los estudios dentales también indican que los mamuts habían nacido en primavera.

Los escáneres demostraron que «Khroma» tenía un cerebro ligeramente más pequeño que el de un elefante recién nacido, lo que alude a la posibilidad de un período de gestación más corto para los mamuts. El cráneo de «Lyuba» es visiblemente más estrecho y sus mandíbulas superiores son más delgadas, mientras que los omóplatos de huesos de las patas de «Khroma» están más desarrollados. Estas diferencias pueden reflejar simplemente la diferencia de edad de un mes entre las crías o podrían relacionarse con las diferentes poblaciones de las que procedían.

Los investigadores se refieren a ambos mamuts como «momias» debido al alto nivel de conservación de los tejidos blandos. Además de los esqueletos articulados, se conserva grasa, tejidos, piel y órganos. «Khroma» ni siquiera había coagulado la sangre dentro de los vasos sanguíneos intactos ni la leche no digerida en el estómago.

«Estos dos bebés de mamut exquisitamente conservados son como dos instantáneas en el tiempo. Podemos usarlos para entender cómo factores como la ubicación y la edad influyeron en la manera en la que los mamuts se convirtieron en los grandes adultos que nos cautivan hoy», afirma Zachary T. Calamari, del Museo Americano de Historia Natural y coautor del estudio.