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Fallece a los 85 años la única hija de Stalin

Lana Peters ha muerto en Wisconsin (Estados Unidos) a los 85 años de edad víctima de un cáncer de colon

Día 29/11/2011 - 01.29h

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Lana Peters, la única hija del líder de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Josef Stalin, ha fallecido en Wisconsin (Estados Unidos) a los 85 años de edad víctima de un cáncer de colon, según ha informado el diario norteamericano «The New York Times».

Nacida en Rusia el 28 de febrero de 1926 con el nombre de Svetlana Stalina, Peters decidió cambiar su apellido para adoptar el de su madre, Alliluyeva, cuando Josef Stalin falleció en 1953. En los años 70, tras renegar del régimen comunista ruso, se casó con un ciudadano estadounidense y adoptó el nombre de Lana Peters. Peters falleció el pasado 22 de noviembre víctima de un cáncer de colon en el condado de Richland, en el estado de Wisconsin, según ha informado el responsable de la corporación de esta región, Benjamin Southwick. Su fallecimiento, al igual que los últimos años de su vida, no ha tenido una amplia repercusión en la prensa local de Wisconsin.

Fallece a los 85 años la única hija de Stalin
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Lana Peters

En el Centro Richland, en la localidad homónima en la que vivía, se han congregado algunas personas para expresar su pésame por el fallecimiento aunque, por el momento, no ha habido confirmación oficial sobre cuándo y dónde se celebrarán los oficios funerarios. Un responsable de la corporación del condado de Richland ha apuntado a que Peters podría haber fallecido hace varios meses. Una de las hijas de la fallecida, Olga Peters, que ahora se llama Chrese Evans, había intentado contactar con ella por teléfono durante estos últimos meses, sin llegar a conseguirlo. La fama inicial que tuvo Peters se debía únicamente al hecho de que era la hija de Stalin, lo que atrajo la curiosidad de los medios de comunicación internacionales durante varias décadas.

Posteriormente, Peters renegó de su pasado y de sus vínculos con el dictador comunista y escribió dos autobiografías que lograron un gran éxito en ventas. Tras rechazar cualquier relación con su fallecido padre y con el régimen de la extinta Unión Soviética, Peters viajó desde India hasta Estados Unidos, tras un periplo por Europa. En 1984, volvió a instalarse en Moscú y, desde allí, se trasladó a Georgia, todavía dependiente de Rusia. Posteriormente, viajó a Estados Unidos, a Inglaterra, a Francia, otra vez a Estados Unidos y, finalmente, de nuevo a Inglaterra, siempre intentando zafarse de la atención de los medios de comunicación.

Sobre ella, se ha llegado a decir que vivía en una humilde casa sin electricidad en el norte de Wisconsin y que, con anterioridad, había residido en un monasterio católico en Suiza. En 1992, se especulaba con que vivió en un barrio viejo del oeste de Londres en una residencia para ancianos con problemas psicológicos. «No puedes lamentar tu destino, aunque lamento que mi madre no se casara con un carpintero», llegó a decir en una ocasión la hija de Stalin.

La vida de la fallecida Peters se asemeja bastante a una melancólica novela rusa, que comenzó con una excelente relación con su padre, que le llamaba «gorrioncito», le hacía numerosos regalos y le entretenía con películas estadounidenses, a pesar de su fuerte rechazo a ese país. Peters llegó a convertirse en una celebridad en su país de la talla de la actriz Shirley Temple y muchos rusos decidieron darle a sus hijas ese nombre, que también fue adoptado por una marca de perfumes.

El momento más duro de toda su infancia llegó cuando sólo tenía seis años. Su madre, Nadezhda Alliluyeva, la segunda mujer de Stalin, se suicidó ese año, en 1932. El líder de la URSS le dijo entonces que había muerto de una apendicitis y, hasta diez años después, no conoció cómo falleció su progenitora. En sus años de adolescente, la vida de Peters estuvo marcada por la actitud de su padre, enfrascado en el enfrentamiento con Alemania. Uno de sus hermanos, Yakov, murió ejecutado por los alemanes después de que fuera capturado y Stalin se negara a entregar a un general germano a cambio de la liberación de su hijo.

En sus memorias, Peters relató cómo su padre decidió enviar a su primer amor, un director de cine judío, a Siberia durante diez años. La joven quiso estudiar en la Universidad de Moscú la licenciatura en Literatura pero Stalin se empeñó en que cursara Historia. Peters accedió a sus deseos y, finalmente, trabajó como profesora enseñando Literatura soviética e inglés, antes de trabajar como traductora literaria.

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