Sociedad

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Cuatro años enjaulados en un barracón

Miles de alumnos carecen de un aula digna. La situación es especialmente grave en Cataluña. Los escolares del colegio Mediterrània aprenden en clases de apenas 20 metros cuadrados

Día 11/05/2011
INÉS BAUCELLS

Mientras observaba cómo las excavadoras engullían el antiguo colegio Mediterrània, Montse, una de las madres del centro educativo barcelonés, fantaseaba con ver pronto a su hija Paula en una escuela soleada, de amplios patios, y más segura que la antigua, clausurada por las autoridades al detectarse una patología estructural en el edificio. Eso fue en octubre de 2007. Ahora, cuatro años y medio más tarde, esta madre y otras muchas siguen batallando con la Generalitat y el Ayuntamiento para que el nuevo Centro de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Mediterrània, del que todavía no se ha expuesto públicamente ni el proyecto de construcción, sea una realidad.

Mientras, sus hijos se han pasado casi un lustro enlatados en aulas prefabricadas, algunas de apenas 20 metros cuadrados, sin luz exterior, y en condiciones de higiene precarias. «Nos prometieron que tendríamos que esperar sólo dos años y llevamos más del doble viendo a nuestros pequeños estudiar enjaulados como ratas de laboratorio», afirma Montse López, madre de Paula Morillas.

Ni biblioteca ni comedor
Su hija, como otros muchos compañeros de su misma edad, pasarán probablemente toda la etapa de Educación Primaria (de los 6 a los 12 años) hacinados en barracones, estudiando «de prestado» gracias a la caridad de otros colegios vecinos que, ante la falta de condiciones del «chiringuito» metálico, les ceden de forma solidaria sus instalaciones.

Para empezar, los barracones del Mediterrània están instalados en el patio del colegio colindante, el Alexandre Galí, que les presta también el comedor. El otro patio lo comparten con el Instituto Salvat Papasseit, que les custodia en el extremo opuesto. La cosa no acaba aquí. Debido a la falta de espacio, las actividades extraescolares se realizan en un centro cívico del barrio y los profesores del colegio utilizan un almacén del Instituto Narcís Monturiol, ubicado en la zona, para guardar el material de las clases de deporte. «No hay espacio para nada. Todas las aulas son polivalentes porque no tenemos más remedio que usarlas para muchas cosas», asegura a ABC Carmen Piera, vicepresidenta de la Plataforma CEIP Mediterrània y portavoz del colegio. «En el mismo espacio en el que celebramos reuniones con los padres, después comemos», añade. Profesores y padres temen sobre los posibles efectos de esta situación entre el alumnado. «Los niños están todo el día metidos en las chapas, en condiciones extremadamente precarias, y no creo que eso sea bueno», apunta Carmen.

Los graves problemas de espacio del Mediterrània conducen a situaciones «kafkianas» como que el material de ludoteca, con el que juegan a diario los alumnos más pequeños, esté apilado en bolsas de plástico en el único lavabo que usan los veinte profesores. «Lo explicas y no te creen», denuncia Montse López. Su hija Paula, que tenía apenas seis años cuando pasó a los barracones, «irá directamente de ellos al instituto», comenta la madre apenada, quien no descarta que su otra pequeña, María, que está en párvulos, «corra la misma suerte», dada la falta de perspectivas de que se agilice la construcción del colegio. «En estos momentos de crisis, el Mediterrània no es una prioridad», indicó la Generalitat a la Asociación de Madres y Padres (AMPA) del centro. Ningún responsable educativo se ha pasado por los barracones para comprobar el estado en el que estos casi 200 alumnos tienen que convivir y aprender seis horas diarias. Además de estudiar apretados, los estudiantes deben aceptar otros condicionantes como, en ocasiones, «hacer las clases de gimnasia en el pasillo», explica López.

Gimnasia en los pasillos
«Cuando llueve fuerte los niños no pueden salir a hacer gimnasia porque el patio no está en condiciones y no tienen otra opción que hacerla en el pasillo, aunque parezca increíble, con el problema que eso supone para el resto de estudiantes que están haciendo clase», denuncia la madre en declaraciones a este diario.

Constreñidos en una especie de «V» metálica, de escasos metros cuadrados, los estudiantes del Mediterrània ya están acostumbrados a los ruidos. «Aparte de que estamos muy pegados en las aulas, también tenemos problemas, a veces, para oír a los profes porque hay demasiado ruido», dice Paula, quien confiesa que también le gustaría que las aulas «tuvieran más luz». Sabe de qué habla porque pudo, aunque por poco tiempo, saborear las instalaciones del antiguo colegio.

«Me haría ilusión poder estar, aunque sólo sea un año, en el centro nuevo pero mi madre dice que la cosa está muy complicada. Al menos, que mi hermana pueda verlo», dice Paula. La lluvia no sólo convierte los pasillos del colegio en gimnasios, sino que «conduce al caos total». Los profesores deben transportar uno a uno a los niños hasta el centro vecino donde está el comedor.

«Tenemos que pasar a los niños en brazos porque el patio está inundado. Si no, no hay manera de trasladarlos al comedor. Llevamos todos estos años así y la situación es insostenible», indica una de las cuidadoras. La chapa que recubre el techo de los barracones tampoco les protege de las goteras. «Hoy había tres que ya han reparado», comenta a ABC la mujer de la limpieza. La otra persona que le ayudaba a adecentar las instalaciones ya no trabaja por cuestiones de ajuste del presupuesto.

Óxido en los lavabos
El paso del tiempo ha dejado también huella en las aulas prefabricadas. El efecto erosivo del mar, situado a escasos metros de la escuela, ha acelerado la degradación de algunas zonas de la chapa exterior, que luce oxidada. En el interior, también hay óxido en los lavabos; también en el de los niños. «Los lavabos de los niños están tal cual los encontramos; aquí no se ha hecho ningún mantenimiento», afirma Piera, señalando el óxido en la pared posterior de uno de los váteres. «Esto es peligroso porque algún niño puede hacerse daño e infectarse», denuncia.

«Lo que sí han arreglado son algunas zonas del suelo que se habían levantado. Era algo urgente, no podían pasar de ello», aseguran las madres. Los padres del Mediterrània han logrado movilizar a todo el barrio por su causa y llevan meses aireando en la calle sus protestas. El próximo día 14, arropados por diferentes entidades vecinales, realizarán una protesta simbólica en el Paseo Marítimo, donde se encuentra el centro. «Sacaremos los pupitres fuera para que la gente se acuerde de la situación en la que estamos», avanza Montse López.

«No nos han hecho caso»

Padres y profesores exigen a las autoridades educativas que les concreten el estado del proyecto del nuevo colegio, que el presupuesto de su construcción «sea una prioridad» y que les permitan utilizar el solar en el que se ubicaba la escuela hasta que empiecen las obras. Las esperanzas de obtener alguna respuesta a su pregunta son escasas. «Si en todos estos años no nos han hecho caso, no creemos que ahora con la crisis nos lo hagan», indica la vicepresidenta de la Plataforma CEIP Mediterrània.

Aunque es el más grave, el caso de este colegio no es el único de Cataluña. Cerca de 10.000 alumnos reciben las clases diariamente en este tipo de instalaciones, que se han duplicado en los últimos años. Para todos estos escolares las perspectivas de mudarse a un centro nuevo se han paralizado con la crisis. Fuentes del Consorcio de Educación de Barcelona explicaron que el 14 de abril se reunieron con los padres y les expusieron el proyecto. Admitieron, no obstante, que «aún no está programado».

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