Byung Chul-Han
Byung Chul-Han - INÉS BAUCELLS
Byung Chul-Han

«Estamos inmersos en una masa de datos que nos controla totalmente»

El pensador Byung Chul-Han sostiene que el ser humano se ha convertido en el resultado de una operación algorítmica

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Antes de que Facebook se convirtiese en el centro de todas las miradas y de que algunos usuarios empezasen a plantearse seriamente la conveniencia de eliminar sus cuentas, el pensador surcoreano Byung Chul-Han (Seúl, 1959), gurú del pensamiento contemporáneo y azote del llamado capitalismo digital, ya había advertido de que, en realidad, somos poco más que un puñado de datos fluyendo sin control por el ciberespacio. Somos, asegura, el producto final que se trocea, se comparte y, finalmente, se vende al mejor postor. «Se supone que un e-book, por ejemplo, está para que yo lo lea, pero luego resulta que el e-book me lee a mí e interpreta mis hábitos a través de algoritmos», señala el filósofo para sintetizar lo que él mismo denonima «dataísmo». O, dicho de otro modo, la sumisión del «sujeto soberano» a la avalancha de macrodatos que nos envuelve.

«La ilustración empezó con Kant y lo que él denominó giro copernicano y fijó cosas como la libertad. Lo que yo llamo cambio dataísta implica que el hombre deja de ser un sujeto soberano para convertirse en un flujo de datos y en una unidad controlada. Evidentemente, deja de ser soberano para transformarse en el resultado de una operación algorítmica», explicó el autor de «La expulsión de lo distinto» el pasado mes de febrero, cuando viajó al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona para pronunciar una conferencia.

Para Han, especialmente crítico con las nuevas formas de comunicación (o, como él mismo sostiene, de incomunicación y aislamiento) que promueven las nuevas tecnologías y las cada vez más tupidas redes sociales, existen ejemplos alarmantes de cómo los datos que se generan a través de esas redes están desembocando en prácticas poco menos que sospechosas. «En China, por ejemplo, se ha introducido el social scoring, que escanea las inclinaciones y relaciones de un ciudadano y, en función de los datos recogidos por el Estado, se concede o no un visado», ilustra.

El «reconocimiento facial», añade, desemboca «en el control total de las personas» y coloca a los ciudadanos en una realidad aún más peliaguda que la descrita en la más célebre de las distopías. «En “1984”, la novela de George Orwell, la sociedad era consciente de que estaba siendo dominada. Hoy en día, en cambio, ni siquiera tenemos esa conciencia de dominación. Estamos inmersos en una masa de datos que nos controla totalmente», explica. Y aún hay más: «En Estados Unidos los resultados electorales están influidos por cosas como Facebook», anticipa antes de reclamar la necesidad de consensuar una «carta digital» que sirva para «recuperar la dignidad humana». «Se trata de ajustar el sistema para que el hombre esté en el centro», subraya.

Autor de ensayos que, como «La sociedad del cansancio», «Psicopolítica» o «Topología de la violencia», se han acabado convirtiendo en inesperados superventas, el filósofo instalado en Berlín cree que ha llegado el momento de revertir la situación y que internet y el flujo continuo de datos recuperen su condición de herramientas al servicio del ser humano. «Internet, los datos, las máquinas… Han de estar al servicio de las personas, no al revés, que es lo que está pasando ahora. Lo que tenemos que hacer es ajustar todo este sistema, no abolirlo», señala Han. Y es que, mal utilizada, añade, la tecnología sirve para homogeneizar, aislar y, en última instancia, convertir la comunicación en un mero intercambio de información. «Los medios sociales representan un grado nulo de lo social», dice.