La mujer cura Claudia Rocha, de la parroquia de Carrapatelo (Alentejo)
La mujer cura Claudia Rocha, de la parroquia de Carrapatelo (Alentejo)

Sacerdotes con hijos y mujeres curas en Portugal

La Iglesia católica del país vecino no especifica si son síntomas de apertura o una tolerancia motivada por la escasez de vocaciones

LisboaActualizado:

La Iglesia católica lusa vive en los últimos meses episodios que llaman la atención de los ciudadanos, como los cerca de 20 sacerdotes que continúan ejerciendo a pesar de tener hijos o la presencia de al menos una decena de mujeres curas.

¿Síntomas de apertura o tolerancia motivada por la escasez (alarmante) de vocaciones? El presidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa (CEP), Manuel Clemente, no ha concretado ninguna respuesta en este sentido, pero la práctica diaria revela que ambas circunstancias se manifiestan día a día.

Los casos de padres religiosos que son padres han vuelto a salir a la luz a causa del revuelo generado en Madeira por Giselo Andrade. Se trata del párroco de Nuestra Señora del Monte, cinco kilómetros al norte de la capital de la isla, Funchal.

Allí, justo donde la caída de un gigantesco roble provocó 13 muertos el pasado agosto, saltó la sorpresa tan solo unos días después: Andrade reconocía públicamente ser el progenitor de una niña nacida en un hospital de las proximidades. Y más de uno se acordó de una de las novelas cumbre de la literatura portuguesa: ‘El crimen del padre Amaro’, publicada en 1875 por Eça de Queirós.

La polémica no tardó en estallar, aunque los feligreses le muestran su apoyo en todo momento porque su relación con la gente siempre ha sido buena y cariñosa.

El patriarca Clemente salió a la palestra para declarar: «Hay que verificar con el sacerdote cuál es la situación, cuál es la disposición, y también las responsabilidades que ha de asumir en relación a la niña».

A su juicio, casos como este deben ser abordados con el «respectivo obispo», por lo que se ha remitido una y otra vez al dictamen de la Diócesis de Funchal, cuyo obispo, António Carrilho, se pronunció con estas palabras: «El sacerdote puede proseguir con su ministerio en la fidelidad al celibato, sin vida doble».

Una frase reforzada por el propio Manuel Clemente: «La Iglesia es un espacio de misericordia y Dios perdona todo, pero no puede admitir una vida doble. Corresponde al propio sacerdote discernir, en diálogo con el obispo, si pretende continuar con el ejercicio del ministerio, según las exigencias y normas de la Iglesia, o si pretende abrazar otra vocación».

Más declaraciones suyas al respecto: «El sacerdote es una señal viva de lo que era la vida de Cristo, que escogió no formar familia para ser familiar de todos»… Antes de concluir: «La niña sabe, y sabrá, quién es su padre».

Por si acaso, la Diócesis madeirense también puntualizó que sigue al minuto la situación «en el respeto por la delicadeza del caso, de la dignidad de las personas y de las consecuencias que las mismas tienen en la parroquia y en las demás comunidades cristianas».

En cualquier caso, la paternidad de Giselo Andrade era un secreto a voces en los alrededores de Funchal. Nació en secreto la pequeña, pero los vecinos conocían la historia desde hacía tiempo, sin que nadie se planteara solicitar la destitución del padre. Tampoco han cesado de acudir a misa cada domingo.

Hasta un cura bloguero, José Luís Rodrigues, se permitió terciar en la controversia para defender al aludido: «Parece que vivimos en una sociedad tan perfecta que dejó de haber traición, adulterio, infidelidad, hijos fuera del matrimonio. Una sociedad donde todo es tan impecable, tan honesto, tan bonito, tan fiel, tan feliz».

Mujeres

En cuanto a la otra cara de la moneda, la Iglesia católica del país vecino tiene constancia de que los poco más de 2.500 sacerdotes existentes no resultan suficientes en todo el territorio, por lo que determinadas zonas rurales del Alentejo y del Algarve han comenzado a acostumbrarse a la presencia de algunas mujeres (cerca de una decena) que ofician misa.

Una de las más activas, Claudia Rocha, no ha dudado en presentarse abiertamente ante la población desde su púlpito en Carrapatelo, cerca de los viñedos de Reguengos de Monsaraz.

«Si no estuviese aquí, esta iglesia estaría cerrada. Poco importa que yo sea una mujer, lo importante es que la comunidad mantenga los vínculos con el padre, incluso aunque no esté», dijo ella.

Otras, no obstante, prefieren ejercer su actividad bajo el anonimato, especialmente en esos rincones del Portugal profundo.

A pesar de todo, no faltan voces que reclaman una mayor transparencia de la Conferencia Episcopal Portuguesa, con el objetivo de que se traduzca en una postura diáfana de cara a la población. Es decir, si se aceptan realmente estas situaciones, tanto en el caso de los curas con hijos como en el de las mujeres que toman las riendas. Hasta ahora, la cautela se ha impuesto cuando se han registrado eventualidades de uno u otro signo.