Miles de activistas marcharon hasta la explotación minera a cielo abierto de Hambach (Alemania)
Miles de activistas marcharon hasta la explotación minera a cielo abierto de Hambach (Alemania) - EFE

La Cumbre del Clima de Bonn busca cómo controlar «sin trampas» las emisiones de los países

Los líderes mundiales se reúnen desde hoy en Alemania para impulsar la letra pequeña del Acuerdo de París sin el apoyo de Estados Unidos

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

«Lo he perdido todo. Mi casa quedó destruida por la tormenta y apenas pude recuperar un par de objetos personales», lamenta Skinner Elbon, una mujer de 58 años que vive en las Islas Marshall, Micronesia, recordando el huracán que la dejó sin casa hace unos meses, «pero lo peor llegó cuando nos explicaron que no merecía la pena la reconstrucción porque en cincuenta años toda la región, el atolón Majuro, habrá desaparecido bajo las aguas». «Cuando supe que aquí se celebraría una reunión de todos los países para frenar el cambio climático, recaudé dinero entre amigos y vecinos y he podido pagar el viaje a Bonn», explica su presencia en la cumbre que comienza hoy en Alemania y que arranca en medio de la duda sobre si esta lucha es posible a pesar de que los Estados Unidos de Donald Trump hayan dado un paso atrás.

«¡Primero, el Planeta Tierra!», se desgañitaba Wolfgang Strescher, uno de los 7.000 manifestantes que acude a las protestas en nombre de la ONG Pan para el Mundo. La suya es una de las 500 organizaciones no gubernamentales que están acreditadas en Bonn y todas ellas coinciden en la necesidad de mantener vivo el Pacto de París.

La letra pequeña del acuerdo

La importancia de ese histórico acuerdo climático vinculante, sellado en diciembre de 2015 y ratificado ya por 169 miembros, radica ahora en que acabe siendo implementado, para lo que hay que negociar todavía detalles cruciales de la letra pequeña. Es necesario, por ejemplo, establecer un sistema de reglas que sirva para medir, comparar y comprobar si los objetivos del clima efectivamente se están cumpliendo en cada país. La ONU ha hecho un llamamiento a los gobiernos en vísperas de la cumbre para adoptar «de manera urgente compromisos climáticos más ambiciosos para garantizar que los objetivos del Acuerdo de París aún se puedan cumplir», en base al último informe elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). El texto subraya que incluso aunque se cumplan todas las metas fijadas por los Estados, la temperatura del planeta aumentará al menos tres grados respecto de la época preindustrial para el año 2100. Y esto sin tener en cuenta la retirada de Estados Unidos, que solo en el Fondo Verde contribuía con 2.000 millones de dólares hasta 2020.

«Tenemos que lanzar al mundo una señal fuerte y clara de compromiso», decía ayer la ministra alemana de Medio Ambiente Barbara Hendricks. «Se trata de que nadie haga trampas», concretaba bastante más su secretario de Estado, Jochen Flasbarth, anotando que «el diablo está en los detalles». Se refería a que «se podría engañar en muchos puntos, se podría dar, por ejemplo, cifras erróneas de partida o de las emisiones de CO2 anuales, por eso hay que establecer mecanismos seguros de control».

Los anfitriones alemanes han asumido el reto de acoger a los 23.000 participantes en la cumbre, aunque la presidencia sigue correspondiendo a Fiyi, uno de los territorios más afectados por la amenaza climática. Fiyi ha puesto en el centro del debate «la vulnerabilidad extrema de lugares como las pequeñas islas estado del Pacífico que están siendo devoradas por la subida del nivel del mar, ante los efectos de un cambio causado por otros», explica Manuel Pulgar, portavoz de cambio climático del Fondo Mundial para la Naturaleza. De ahí la importancia de implementar el llamado «Mecanismo de Pérdidas y Daños».

Abandono del carbón

Irónicamente, cerca de Bonn opera la poderosa compañía minera alemana RWE, la empresa más contaminante de Europa. La Organización medioambiental alemana Bund ha pedido a la canciller Angela Merkel que utilice la COP23 para que Alemania abandone el uso del carbón definitivamente en 2030, dando así un paso adelante en el nuevo liderazgo global por el medio ambiente. Estas presiones tienen lugar en un delicado momento para un gobierno alemán todavía en formación.

Tras ganar las elecciones del pasado 24 de septiembre, Merkel está negociando un acuerdo de gobierno con Los Verdes y los liberales del FDP, partidos contrarios en asuntos de protección del clima. De esa negociación ha de salir la posición de Alemania para la próxima década y las organizaciones ecologistas alemanas consideran necesario un abandono del carbón que al Partido Liberal no está dispuesto a someter a la industria alemana.