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A estas alturas ya todos sabemos que Castellón era la provincia mediterránea con menor actividad sísmica. Escal-UGS, que realiza labores de inyección de gas estratégico ha actuado de manera transparente: avisó de los seísmos al ministerio, a los medios y a los consistorios afectados; desde ese papel vigilante su responsabilidad es inmaculada. Por ello la práctica totalidad de la población, estaba informada de lo que sucedía: se ejecutaban inyecciones y éstas iban a producir sismicidad, pero no esperábamos tanta.

Se ha encargado un informe independiente con carácter apremiante. Después de desatar la sismicidad, se pretende discriminar cuáles de esos seísmos podrían ser naturales o no. Todos son provocados. Las pruebas circunstanciales son infalibles. La petición actual se suma al estudio geológico pedido en 2010 por la Plataforma Ciudadana en Defensa de les Terres del Sénia. Alertaron entonces de la posible fractura y de la activación de fallas cercanas.

La sismicidad sea finalmente etiquetada como natural o inducida, es de origen humano. Este hecho da idea del grado de desconocimiento y de la poca investigación sobre el aspecto más básico a la hora de afrontar un problema de cambios tensionales: fallas inertes susceptibles de activarse.

La sismicidad inducida por embalses, cambios climáticos, inyecciones, etc., sigue siendo considerada marginal en los ámbitos científicos españoles, algo muy serio por ejemplo en EE UU. El modelo geológico sobre el que se actúa es transcendental.

Utilizamos nuestro territorio como si fuéramos sus dueños. La Naturaleza es ya una cuestión social. Con “nuestro Patrimonio Natural" expresamos una actitud profundamente moderna, pero también de apropiación de una dinámica que apenas comprendemos y menos aún podemos controlar.

Impredecibles y destructivos, los costosísimos desastres sísmicos, siguen pesando sobre las vidas, las economías y las sociedades españolas que se olvidaron de la sismicidad natural, cada vez más es también artificial. El resultado como vemos en la costa mediterránea, es que al no valorarlo adecuadamente no se reveló el riesgo a quienes toman decisiones, tampoco a los ciudadanos. En Lorca nadie lo esperaba. Ricos patrimonios perdidos, paisajes modificados de por vida, dramas personales. Las comunidades que no otorgaron importancia a la seguridad sísmica quedan trastocadas y afectadas por décadas, a veces para siempre.

La sismicidad desatada no es un problema puramente técnico o natural. Lo que la ha desatado es un problema de actitud, cultural, y por ende humano, social. El medio humano y la Naturaleza no deben destruirse mutuamente; determinados elementos del primero pueden ofrecer resistencia a los efectos negativos de una catástrofe natural o inducida. Pero como hemos visto frente a las costas de Castellón y Tarragona, aún esa mirada no está suficientemente ejercitada por nuestras instituciones. Una mejor comprensión de esta frágil y estrecha interfaz entre la atmósfera y la hidrosfera en la que habitamos pide paso.