El teniente Eloy Muro
opinión

El teniente Eloy Muro

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En el año 2002, el Ayuntamiento de El Casar de Escalona (Toledo), gobernado entonces por el PP, a propuesta del PSOE concedió al Teniente Muro el título de «hijo predilecto del pueblo» y le puso su nombre a una calle. El teniente Eloy Muro había muerto en Rusia en diciembre de 1942, en las filas de la División Española de Voluntarios, conocida popularmente como División Azul. Perdió la vida en una acción de valientes, precisamente la víspera de su regreso a España. Aquel 29 de diciembre a sus hombres se les encomendó una peligrosa misión en las filas enemigas y a pesar de que él ya no debía intervenir, no en vano volvía a casa en las siguientes 24 horas, no quiso que sus soldados ni el nuevo Teniente asumieran solos el riesgo y pidió voluntariamente dirigir la acción. Su valor le costó la vida y su ofrenda fue recompensada con la Medalla Militar individual, condecoración que sólo se concede a los valientes. Ahora, una década después, el cambio de mayorías en El Casar de Escalona y el cambalache de apoyos políticos para sacar adelante propuestas económicas ha hecho que la calle del Teniente Muro pierda su honroso nombre.

En Rusia hoy día, junio de 2013, existen monolitos que recuerdan a los soldados de la División Azul, precisamente en los mismos campos de batalla que fueron testigos del horror vivido durante la II Guerra Mundial. Por supuesto, no son un homenaje al entonces enemigo sino un signo de respeto y honor a los que murieron cumpliendo con el deber. El monolito de Pankovska, en Novgorod (Rusia), tiene grabado el nombre del Teniente Eloy Muro. Evidentemente, no podemos exigir a los concejales de El Casar de Escalona que adopten sus decisiones con la misma grandeza y dignidad que el pueblo ruso demuestra conservando esos monolitos pero, al menos, deberían sentir vergüenza por tratar con vilipendio a un hijo de su pueblo, soldado español, que murió como un héroe en las lejanas tierras rusas. El nombre del teniente Eloy Muro, lo quieran o no esos políticos localistas, permanecerá siempre escrito en las páginas de honor de la historia de España. De los concejales que adoptaron el triste acuerdo de borrar su nombre probablemente no quedará memoria salvo en el programa de las fiestas patronales de este año. A cada uno lo suyo.