Cataluña

Cataluña / tribuna abierta

Limitando la democracia

Día 21/05/2013 - 09.44h
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En política, advierto, el corto plazo -salir airoso del engorro de la participación popular- acaba siendo siempre escombro del largo plazo

La empatía consiste en situarse en el lugar del otro y, de esta manera, reconocer sus problemas, y la responsabilidad supone actuar en su defensa. A los progresistas, la empatía siempre nos ha llevado a identificarnos con las necesidades de los demás, algo de lo que no pueden presumir todas las sensibilidades políticas. Siempre nos ha llevado a trabajar para intentar encontrar soluciones pero nunca, nunca, a restringir la democracia. La empatía, en política, exige mimar los espacios de participación en los que se expresa el sentir ciudadano y donde se construyen los acuerdos indispensables entre representantes y representados.

Pienso en ello mientras leo, atónito, la última decisión de la regidora de Nou Barris, Irma Rognoni: limitar la entrada de ciudadanos a la audiencia pública del distrito, revisarles mochilas y bolsas e, incluso, cachearles. La razón no es otra que evitar la queja y la crítica de unos vecinos que sufren como pocos esta lacerante crisis. Notamos cómo se está limitando, en todos los distritos de Barcelona, la participación ciudadana. El argumento, esgrimido por el Gobierno municipal, es querer limitarla al aforo de la sala en lugar de buscar un espacio en la que todos puedan estar presentes.

La decisión de CiU es un error mayúsculo, de los que acaban pasando factura. Soy de los que pienso que la labor del ciudadano no puede acabar el día de unas elecciones. Es exigible que se corresponsabilice de su voto, que fiscalice a sus representantes y que ejerza su rol hasta las últimas consecuencias: aplaudiendo y criticando según sea su criterio. Debatir y confrontar ideas, siempre desde el respeto más escrupuloso a la diferencia, debe formar parte de nuestra cotidianidad política: los políticos tenemos la obligación de escuchar, sobre todo cuando se discrepa. El alcalde y sus concejales, sin embargo, han apostado por todo lo contrario: limitar el debate. Con esta decisión, han limitado el derecho a la palabra, a oír otros argumentos, otras ideas; han limitado el acceso a un espacio de participación ciudadana que debe estar abierto a los vecinos; han limitado, en definitiva, la democracia. En un momento de gran desafección política, cuando la desconfianza con la clase política es mayor, considero que apartar a los ciudadanos del ágora, ni que sea de la de un distrito, es de una inconciencia absoluta. No está nuestra democracia como para que un político vaya pegándole tiros en sus cada vez más frágiles pies.

En política, advierto, el corto plazo -salir airoso del engorro de la participación popular- acaba siendo siempre escombro del largo plazo. El representante público debe afrontar las adversidades con visión y valor. En Nou Barris, la regidora no ha tenido ni una cosa ni otra. Las situaciones políticas son reales, tanto como los hechos que las suscitan. ¿Hace falta recordar que los ciudadanos escogemos a nuestros representantes para que éstos se concentren en nuestros problemas, y no en los suyos? La política tiene mucho que ver con los valores, con la capacidad de comunicación, con conseguir generar confianza, con transmitir honradez, autenticidad. Flaco favor le hace CiU a la política limitando y cacheando la participación.

Enclavado en el extremo norte de Barcelona, entre Collserola y el distrito de Sant Andreu, Nou Barris es un territorio marcado por la orografía montañosa y las barreras artificiales que lo delimitan, las diferentes carreteras y autopistas y vías férreas. Viven, en la actualidad, unas 125.000 personas y en las últimas elecciones municipales votaron cerca de 58.000. A todos ellos, y por extensión al conjunto de barceloneses, Trias les ha limitado su derecho a participar en la construcción de nuestra ciudad. Y en democracia, como nos recuerda George Lakoff, al final se vota no como forma de establecer una verdad, sino como manera civilizada de finalizar la discusión y tomar una decisión. Si negamos la discusión negamos la labor de perfeccionar la democracia. ¿Es lo que se merece Barcelona?

Jordi Martí preside el grupo socialista en el Ayuntamiento de Barcelona.

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