Putin se baña en aguas heladas para celebrar Epifanía ortodoxa
Putin se baña en aguas heladas para celebrar Epifanía ortodoxa - EFE

La obsesión por la injerencia rusa amenaza Europa y refuerza el liderazgo de Putin

Varias voces opositoras en Rusia denuncian que la continua denuncia occidental de una supuesta omnipresencia rusa tras los problemas domésticos afianza aún más en el poder al presidente ruso y su imagen de «dominador del mundo en las sombras»

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Las supuestas injerencias rusas en elecciones como las francesas o en crisis como la catalana han catapultado la ciberdefensa hasta las principales amenazas de los Estados para las próximas décadas. Si bien varios informes alertan de la existencia de «fábricas» de trolls rusos y una vasta maquinaria de desinformación salida de los múltiples tentáculos del Kremlin, los países europeos no han logrado aún encontrar ninguna prueba irrefutable que señale directamente a Vladimir Putin, que ve reforzada su imagen de gigante que mueve los hilos de Occidente a su antojo.

Putin será reelegido casi toda seguridad en las próximas elecciones que tendrán lugar en marzo. Con su principal oponente, Alexei Navalni, inhabilitado, la crisis económica que viven los rusos apenas ha mellado en la valoración del presidente, que acaba de superar a Breznev y solo le queda Stalin en años al frente de Rusia en el último siglo. Precisamente, la supuesta obsesión con la injerencia rusa, apuntan las fuentes consultadas, refuerza su liderazgo interno: «Sí, los precios suben y la calidad de vida baja pero tenemos a un líder muy poderoso». Varias voces anti Putin y pro occidente han denunciado el efecto adverso de la reciente obsesión occidental con la supuesta omnipresencia rusa. «¡Ya basta!», escribió Leonid M. Volkov, socio del activista anticorrupción y líder de la oposición, Alexei Navalni, hace mes y medio en un post de su perfil de Facebook muy difundido por las redes sociales, en el que denunciaba que la investigación sobre la interferencia rusa «no solo es una desgracia», sino también «un eclipse colectivo» de los problemas profundos de EE.UU. que han llevado a alguien como Donald Trump al poder. «Hablar tanto sobre la influencia rusa en occidente resulta halagador», dijo al portal europeo de «Politico» Anton Barbashin, editor de la web «Intersection», que con sede en Varsovia se encarga en estudiar las acciones de propaganda de Rusia en el extranjero.

El líder opositor Alexei Navalni
El líder opositor Alexei Navalni - AFP

Una de las mayores amenazas para Reino Unido es la de los ciberataques que atacan tanto a la vida militar como a la vida civil, alertó ayer el jefe de defensa del Estado mayor de Gran Bretaña, Nick Carter. En esta línea, los congresistas demócratas, en plena campaña para destapar la supuesta injerencia rusa en la derrota de Hillary Clinton, reportaron hasta 11 intentos rusos de interferir en hasta 19 países europeos desde 2016, mediante ciberataques, campañas de desinformación y operaciones «social media» clandestinas. Al calificar las actividades de Rusia como un «asalto asimétrico a la democracia», el informe señala que incluso las elecciones en países como Gran Bretaña, Francia y Alemania supuestamente fueron blanco de ataques coordinados por Moscú, mediante trolls y financiando grupos extremistas. Sin embargo, varios estudios han demostrado una baja influencia de estos perfiles y bots en el voto final de los ciudadanos.

«Es sorprendente cuántos gobiernos europeos están promoviendo la narrativa de la interferencia rusa como una explicación universal de los problemas que enfrentan», considera Maxim A. Suchkov, experto del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia. En Rusia, cuenta este analista, se considera que es una estrategia para desacreditar aún más las políticas de Moscú y la imagen rusa en general en el exterior. La existencia de trolls, bots y cuentas falsas vinculadas al Kremlin existe y forma parte de la estrategia de guerra informativa rusa, confirma Suchkov, «pero no es muy diferente a la que tienen otros países». A su juicio, Rusia siempre ha tratado de culpar sus propios fallos a la «interferencia e influencia extranjera». Y ahora los gobiernos europeos están emulando esta estrategia. «Como no vayan a la raíz de sus problemas, en unos años todos podrán ver una Europa diferente».

En el caso español, el ministro de Exteriores Alfonso Dastis dijo que habían detectado cuentas falsas en las redes sociales, la mitad de las cuales estaban vinculadas a Rusia y otro 30 por ciento a Venezuela, para amplificar las supuestas ventajas de la causa separatista antes del referéndum ilegal del 1 de octubre. Para desmentir su supuesta agenda oculta para con Cataluña, el presidente ruso tildó el problema de Cataluña como un «asunto interno» español y deseó que el país pueda superar esta crisis.

Ley Macron contra las «fake news»

En Francia, el equipo de campaña de Emmanuel Macron denunció un hackeo masivo a pocos días de la segunda vuelta. «En Marche! ha sido víctima de un hackeo masivo y coordinado que tiene previsto difundir información interna esta tarde», anunció la formación de Emmanuel Macron el viernes 5 de mayo, a dos días de la elección presidencial. «El ataque fue real, no fue un simple rumor. No triunfó porque el equipo de Macron con el actual secretario para internet Mounir Mahjoubi -entonces jefe de la campaña digital del partido- estaban preparados. Tenían preparado un señuelo. Lo que no pudieron detener fueron los rumores acerca de Macron», dice a ABC el analista geopolítico de la cadena francesa CNews. En esos días, la cadena rusa Russia Today y la agencia Sputnik, vinculadas al Kremlin, hablaron de la supuesta homosexualidad de Emmanuel Macron, cuestionando su relación con Brigitte Macron. Esto pudo motivar la ley de Macron para luchar contra la proliferación de noticias falsas a lo largo del periodo electoral. La cobertura de «RT Francia» parece similar a otros medios, pero con un gran énfasis en la violencia callejera y los inmigrantes. La gran diferencia: una mayor cobertura sobre la guerra en Siria, con un punto de vista muy favorable a los gobiernos ruso y sirio. «La ley de Macron podría ser el principio de la censura de la libertad de expresión. Creemos que es una situación muy peligrosa», dijo a la «Agencia France Press» la directora de la cadena rusa en Francia, Xenia Fedorova. «El consejo superior audiovisual francés, que es un organismo muy fuerte, va a vigilar lo que dice RT para mantener su derecho de ser prensa y si hacen propaganda después de dos avisos puede retirar la licencia», subraya Hyman. Los rumores sobre Macron no minaron su popularidad: «Un rumor como la supuesta bisexualidad de Fillon le afecta más a él que por ejemplo a Macron porque Fillon era el candidato de la Iglesia».

«A pesar de ser exageradas, las acusaciones de interferencia hacía Rusia contribuyen de hecho a favorecer el “mito Putin”, y a alimentar la visión occidental sobre la presencia en Rusia de un hombre supuestamente todopoderoso que tendría la capacidad de influir sobre la marcha del mundo», argumenta el fundador de la consultora de seguridad Stractegia, Barah Mikail, que incide en cómo esta campaña alimenta el aura de Putin de gran dominador mundial. Occidente, alegan en Rusia, sigue siendo el gran dominador cultural y en materia de soft power del mundo: el alcance de CNN o Netflix, de su tecnología puntera y redes sociales no tiene competencia. Las herramientas para promover la «narrativa occidental» son mucho más diversas y poderosas de lo que tiene Rusia, cree Suckhov. «Los chinos llevan mucho tiempo invirtiendo en grandes paquetes de acciones en medios de comunicación occidentales y estadounidenses para, en parte, influir en la línea editorial, por lo que es un verdadero desafío. Ahora mismo parece no tener efecto pero puede que en unos años sea casi imposible anularlo».

Todas las acusaciones vertidas contra el entorno del presidente ruso, que van de la tan cacareada injerencia hasta el entramado gigante de corrupción o los asesinatos por encargo de opositores, se topan con un muro difícil de franquear: no hay pruebas. El periodista británico Luke Harding, corresponsal en Rusia para «The Guardian» durante años, cuenta en el epílogo de su libro «Conspiración», sobre la injerencia en las elecciones de EE UU, que en Moscú se comenta que Putin se ha vuelto tan paranoico que cualquier material incriminatorio debe haber sido destruido o guardado en su caja fuerte. Si su liderazgo interno se sitúa en torno a un 80% de apoyo según sondeos, no ocurre lo mismo a nivel mundial, donde según el think tank estadounidense Pew Research solo uno de cada cuatro ciudadanos confía en el líder ruso al tiempo que no para de crecer la desconfianza hacia Rusia.