Viñeta de Puebla a raíz de las últimas intervenciones de Pedro Sánchez en televisión
Viñeta de Puebla a raíz de las últimas intervenciones de Pedro Sánchez en televisión - PUEBLA EN ABC
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Qué busca Pedro Sánchez con su táctica de «política pop»

Tres expertos en comunicación analizan los nuevos métodos del líder socialista para «ocupar» los medios y darse a conocer al gran público

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En la semana del referéndum de Escocia, parecía que todas las miradas apuntaban a las Islas. Los política doméstica pasaba a un segundo plano expectante ante lo que se pudiera derivar del voto independentista. Solo un triunfo del sí podría haber devuelto a primera página a los políticos nacionales para proclamar las diferencias entre el caso escocés y catalán. Hasta que el líder de la oposición intervino en un programa de «telebasura».

El gesto, insólito, provocó que Twitter se olvidara del independentismo y apuntara a Pedro Sánchez. Fue una sorpresa generalizada para el público, aunque no tanto para los expertos en comunicación: la nueva cabeza del PSOE busca que los votantes le conozcan en un momento en el que la marca de su partido está «quemada». Y lo ha conseguido gratis.

La campaña electoral de 2007 costó al PSOE 19,2 millones de euros durante los 15 días que duró. En esos días los partidos también disponen de tiempo gratuito en radio y televisión para difundir sus mensajes, aunque las audiencias de estos anuncios son residuales. En conclusión, o mucho dinero o mínima audiencia. Sin embargo la nueva táctica de Pedro Sánchez, diseñada por su nueva dircom Verónica Fumanal, ha revertido la situación. Solo el miércoles la nueva cara del PSOE llegó a cuatro millones y medio de hogares sin restar un euro a las arcas del partido.

Pero esto son solo cifras. Detrás de los números están los intangibles: carisma, confianza, reputación... Que también se han puesto en juego con las sonadas apariciones en Sálvame o El Hormiguero. Pero, ¿a qué responde este cambio de táctica? Tres expertos del mundo empresarial y académico responden.

En busca de popularidad

En opinión de Alejandro Pizarroso, Catedrático de Historia de la Comunicación Social y Doctor en Ciencias de la Información, Pedro Sánchez «solo está buscando espacio». «Su equipo de comunicación llama cada vez que nombran al candidato. Y en Sálvame si llamas se ponen y te dan cinco minutos que, con esos millones de audiencia, te sirven para colocar el mensaje. El error sería que se convirtiera en tertuliano», explica el profesor.

Para Fran Carrillo, director de la fábrica de discursos, «presentar al candidato, que no es muy conocido, a través de todas las aternativas mediáticas con un discurso propio para cada canal es acertado, aunque es arriesgado». Y alerta de que el principal cuidado que debe tener el equipo dirigido por Verónica Fumanal es evitar que Pedro Sánchez caiga en «frikismo». «No deben sobrepasar la línea de convertirlo en un popstar», advierte.

En una línea parecida se mueve Jordi Rodríguez, profesor de Comunicación Política en la Universidad de Navarra. «La estrategia es dar visibilidad, para lo que aprovechan todas las ventanas». Es, además, la muestra de que el PSOE ha encontrado un candidato en el que confían y que además tiene telegenia y presencia. Por eso se «han arriesgado a perder credibilidad» con la famosa llamada a Sálvame. «Fue una acción medida. Puede tener efecto rebote pero les compensa», asegura el profesor.

Una táctica no tan nueva

Aunque la llamada a Sálvame (donde no se escuchó la voz de «Pedro», como le llamaba Jorge Javier Vázquez) o la visita al «Hormiguero» han llamado la atención, lo cierto es que aparecer en programas de este tipo no es ninguna novedad. Junto a Pablo Motos ya estuvieron rostros visibles de la política nacional como José Bono, Miguel Arias Cañete, Rosa Díez o González Pons. Pero es en Estados Unidos donde son auténticos maestros, con aquella memorable actuación de Bill Clinton tocando el saxo o las innumerables visitas de Obama (Barack y Michelle) a talk-shows. El objetivo de todos ellos es, en palabras de los expertos, acercarse al público para mostrar un rostro más humano; «el público ve a la persona, no al político». Sin embargo Jordi Rodríguez apunta una posible consecuencia si estas acciones se generalizan: banalizar la política. «Si los políticos acuden a programas ocupados habitualmente por gente del espectáculo, parece que le quitas gravedad a la política. Por querer acercarte tanto [al votante] conviertes el medio en el mensaje y la gente te acaba banalizando», explica el profesor Rodríguez Virgili.

Llegamos así a la «política pop», un término acuñado por el pensador italiano Claudio Magris que se puede resumir en que la imagen se ha convertido en un fin en sí mismo. Tanto Fran Carrillo como Jordi Rodríguez Virgili coinciden en que la táctica de Pedro Sánchez tiene muchas semejanzas con ese tipo de política de tan sonoro nombre que el propio filósofo italiano ya adjudicó a José Luis Rodríguez Zapatero.