Un tren que viajará a 1.300 km/h: la nueva inversión del ambicioso Richard Branson

El magnate inglés ha firmado un acuerdo con Hyperloop One para desarrollar este proyecto basado en la levitación magnética de una serie de cápsulas que hacen las veces de vagones

MADRIDActualizado:

La ambición empresarial de Richard Branson no tiene fronteras. Primero fueron las aerolíneas Virgin America, después presentó su nave espacial para turistas —bautizada como VSS Unity— y ahora ha invertido en lo que podría ser el transporte del futuro: un tren capaz de alcanzar los 1.300 kilómetros por hora dentro de unos túneles especiales. El magnate ha llegado a un acuerdo estratégico con Hyperloop One, la compañía que está desarrollando este novedoso proyecto que podría unir Nueva York y Washington en menos de media hora.

«Estamos encantados de anunciar la inversión de Virgin Group en Hyperloop One, el servicio de trenes más revolucionario del mundo. Se trata de una forma increíblemente innovadora y emocionante de transportar por tierra a personas y mercancías a la velocidad de las compañías aéreas», aseguraba el comunicado emitido por la compañía. Branson no ha hecho pública la suma total que ha invertido su firma, pero sí que, fruto de esta, la empresa pasará a denominarse Virgin Hyperloop One.

Este sistema de transporte ultra-rápido está basado en la levitación magnética de una serie de cápsulas que hacen las veces de vagones, las cuales se desplazarían a través de unos tubos en los que no habría fricción del aire. Mediante este método, calculan, se podrían alcanzar por tierra velocidades propias de los aviones. Se trata de una tecnología cuyo principal promotor, hasta ahora, era Elon Musk, consejero delegado de la empresa espacial Space X y de la firma de automóviles eléctricos de lujo Tesla.

Branson —cuyo holding empresarial controla otros negocios relacionados con cadenas de gimnasios y firmas de alimentación— ha reconocido que se sintió muy impresionado al visitar las instalaciones donde se prueba el Hyperloop, en Nevada. Desde entonces se puso el objetivo de promover este medio de transporte en ciudades de todo el mundo. En la actualidad, la compañía ya desarrolla sus primeros proyectos en Estados Unidos, Canadá, India, Europa y Oriente Medio, junto a sus cofundadores, el presidente ejecutivo Shervin Pishevar, y el responsable de ingeniería Josh Giegel, que trabajó anteriormente en Virgin Galactic.

Cuando Musk hizo públicos sus planes en 2013 —a los que bautizó como Hyperloop Alpha—, aseguró que su sistema de transporte de larga distancia sería más seguro y rápido que los automóviles y los trenes. Dijo, además, que tendría un coste muy bajo y sería sostenible e inmune a las condiciones climáticas adversas, incluyendo los terremotos. Más tarde habló de un sistema de tubos elevados a través de columnas que recorrerían los 631 kilómetros que separan Los Ángeles y San Francisco en apenas 35 minutos, y no las seis horas que se tarda en coche.

En la pruebas que se llevaron a cabo a principios de año en Nevada, con Branson presente, consiguieron que una de las cápsulas alcanzara los 305 kilómetros por hora. No obstante indicaron que, con el tiempo, se acercaría los 1.000, aunque una serie de expertos en ingeniería dudan ahora de que este tren salga siquiera de la estación alguna vez.

Es cierto que es este transporte por levitación magnética se ha utilizado durante mucho tiempo en Japón, Corea del Sur y China. Los sistemas para entregar mensajes y paquetes pequeños a través de tubos neumáticos se desarrollaron durante el siglo XIX. Entre 1870 y 1873 ya se utilizó el sistema Beach Pneumatic Transit, que empleó aire comprimido para mover un vagón a lo largo de un túnel de 95 metros en Manhattan. Sin embargo, transportar personas de manera segura a través de largas distancias es algo muy diferente, argumentan algunos críticos, a los que la entrada de Branson en este proyecto no ha hecho cambiar de opinión. Creen que ninguna de las pruebas realizadas hasta ahora ha tenido en cuenta los enormes obstáculos que conlleva hacer realidad esta tecnología.

La compresión rápida del aire requerida para impulsar las cápsulas, por ejemplo, produciría mucho calor. El aire acondicionado podría solucionar este problemas, pero requeriría tubos o túneles más anchos y más caros. Los ingenieros aseguran que las tuberías estarían sujetas a una importante expansión a causa de calor bajo la luz directa del sol, sobre todo, en el desierto de California. Según sus cálculos, una tubería de 100 kilómetros de longitud podría crecer hasta 50 metros, lo que podría obstruir el sistema que permite la entrada del aire, por citar sólo algunos de los problemas apuntados.

Seguridad y coste

A esto se une la seguridad de los pasajeros. Según los ingenieros, los planteamientos de Musk nunca han sido muy claros a este respecto. «El diablo aparecerá en los detalles. Realmente necesitamos saber mucho más sobre las características de la seguridad y lo que sucedería si algo sale mal», explica a «The Guardian» el jefe de tecnología y fabricación del Instituto de Ingenieros Mecánicos de Gran Bretaña, Philippa Oldham. «Acelerarse a semejantes velocidades para luego desacelerarse podría conllevar la aparición de problemas de salud en los pasajeros», defiende por su parte David Bailey, profesor de la Aston Business School de Birmingham. Se refiere a la fuerza ejercida sobre el cuerpo de las personas, muy superior a la que se soportan en los aviones.

Otros expertos creen que todas estas pruebas podría prolongarse durante 20 años, lo que aumentaría el coste para poner en práctica esa tecnología. En 2013, Musk tasó el plan inicial que unía Los Ángeles y San Francisco en 6.000 millones de dólares. Sin embargo, desde que el proyecto del fundador de Tesla pasó a ser subterráneo, el precio se ha multiplicado varias veces. Y aunque asegura que puede reducirlo construyendo túneles más estrechos, con diámetros de sólo 12 pies, los expertos vuelven a insistir en que eso aumentaría aún más los problemas de seguridad.