Cultura - Arte

Derriban la Casa Guzmán de Alejandro de la Sota

Su propietario, heredero de Enrique Guzmán, quien encargara su construcción en 1972, ha levantado un nuevo edificio en la parcela, ubicada en la urbanización Santo Domingo de Algete (Madrid)

La Casa Guzmán, en una imagen de 1972
La Casa Guzmán, en una imagen de 1972 - undación Alejandro de la Sota

La emblemática Casa Guzmán, diseñada por Alejandro de la Sota (1913-1996), ha sido demolida para ser sustituida por una nueva vivienda. Así lo ha anunciado la Fundación que lleva el nombre del arquitecto español, uno de los más relevantes del siglo XX. Obra de referencia de la arquitectura contemporánea española, la Casa Guzmán fue construida por Alejandro de la Sota en 1972 para Enrique Guzmán en la urbanización Santo Domingo, ubicada en el término municipal de Algete (Madrid).

Se da la cirunstancia de que otra obra de De la Sota, la Casa de la madrileña Avenida Doctor Arce (en el número 20), construida en 1953 y prototipo del movimiento moderno, fue también demolida en 1987. «Nuevamente, la arquitectura contemporánea sufre de la falta de cultura, de la falta de sensibilidad, la falta de protección y el fallo en cadena de la profesión, fruto de la desidia que se ampara en lo que es legal», asegura la Fundación Alejandro de la Sota en la nota hecha pública a través de su página web.

La institución tuvo conocimiento de la destrucción de la Casa Guzmán a través de Pablo Latorre y Gonzalo García-Rosales, profesores del Departamento de Arquitectura de la Universidad de Alcalá, que habían encargado a sus alumnos un trabajo para el Área de Expresión Gráfica Arquitectónica y descubrieron la demolición. «Tiempo tendremos para entre todos tomar consciencia del valor de este proyecto en la historia reciente de la arquitectura española pero, desde su construcción, ha sido una referencia visitada, estudiada, publicada, disfrutada por generaciones de arquitectos de todo el mundo», dice la Fundación.

Tras fallecer Enrique Guzman, la Fundación se puso en contacto con su heredero para «ayudarle a encontrar un propietario que pusiera en valor y se sintiese privilegiado por poseer esa obra, que la restaurase y la conservarse», pero prefirió «demolerla para hacerse su propia tontería». «Una cadena de desinterés, inconsciencia y desidia ha dejado la suerte de esta obra de arquitectura en manos de los que no aman la arquitectura, sin que nadie pelease por su conservación. Ha habido un arquitecto que no ha tenido empacho en participar en su destrucción para construir su propio proyecto en ese “nuevo solar”, cuya calidad no juzgamos porque las fotos lo hacen por sí mismas», dicen, con dureza.

La nueva construcción, en la parcela que antes ocupaba la Casa Guzmán
La nueva construcción, en la parcela que antes ocupaba la Casa Guzmán- Laura Rivas Olmo

Como advierte la Fundación Alejandro de la Sota, en Arquitectura, a diferencia de la Literatura o el Arte, por poner sólo dos ejemplos, el heredero de una obra puede decidir, a su antojo, lo que hacer con ella en el futuro; es decir, el arquitecto firma sólo el proyecto, pero lo que suceda a partir de entonces es decisión, única y exclusiva, del propietario del edificio. «Nadie se imagina que un heredero pueda destruir un cuadro o una escultura, quemar el manuscrito de un escritor. Nadie lo puede imaginar y tendría enfrente, además del peso de la ley, el escándalo de la sociedad. En la Arquitectura, sin embargo, es posible y ocurre en demasiadas ocasiones», remata la institución.

Alejandro de la Sota fue uno de los maestros de la arquitectura española del siglo XX. Profesor en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM), su estela ha servido de referencia a varias generaciones de arquitectos españoles. Entre sus obras más representativas se encuentran la Pedanía de Esquivel (Sevilla, 1952), el Gimnasio del Colegio Maravillas en Madrid (1962), un conjunto de viviendas en la calle del Prior (Salamanca, 1963), el Colegio Mayor César Carlos (Madrid, 1967), el Colegio Residencia Caja de Ahorros Provincial de Orense (1966-1967), el Edificio de Correos y Telecomunicaciones de León (1980-1983) o la Biblioteca Universitaria de Santiago de Compostela (1990). Sus últimas construcciones fueron un bloque de viviendas en Zamora y el rediseño y rehabilitación del Edificio del Cabildo Insular en Las Palmas de Gran Canaria (1994).

«La Pagoda», de Miguel Fisac
«La Pagoda», de Miguel Fisac- ABC

Uno de los últimos, y más llamativos, ejemplos de destrucción de obras arquitectónicas de referencia fue el de «La Pagoda», de Miguel Fisac (1913-2006), en 1999. Piedra angular de la arquitectura moderna española, su desaparición fue comparada, en su día, con con la quema de un Miró. «La Pagoda», como popularmente era conocida la sede los laboratorios Jorba, estaba ubicada en la autopista de Zaragoza, en Madrid. El edificio fue demolido porque nunca se incluyó en el catálogo de edificios protegidos y su privilegiada ubicación hizo que terminara siendo víctima de la especulación inmobiliaria, que a finales de los 90 empezaba su burbuja.

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