Arte / entrevista

Cai Guo-Qiang: «Empleo animales porque las personas se usaban para la propaganda»

Día 27/10/2014 - 14.12h

Compartimos con la familia Cai, y con algunos amigos, un almuerzo inolvidable en el que pudimos disfrutar de observar detenidamente al maestro en su mundo

Una mañana del pasado mes de Mayo llegamos al apartamento que Cai comparte con Hong Hong Wu, su mujer y sus dos hijas en el Soho neoyorquino. Por aquellos días, el artista estaba reformando su estudio y tuvimos la suerte de ver su casa convertida en taller con algunas de sus obras apoyadas entre los muebles y contra el suelo. Compartimos con la familia Cai, y con algunos amigos, un almuerzo inolvidable que se prolongó hasta bien entrada la tarde y en el que pudimos disfrutar de observar detenidamente al maestro en su mundo: su ritmo, su mirada, su profunda afición por la música y sobre todo, su conversación.

Cai Guo-Qiang es hoy uno de los grandes artistas de origen chino. Nació en 1957 en Quanzhou, provincia de Fujian, en la costa sur del Pacífico, no lejos de Hong Kong, caracterizada por su apertura cultural y su diversidad religiosa, vive en Nueva York. Amante de la cosmología taoísta, está en continuo movimiento y mutación personal. Su juventud transcurrió en una época convulsa, en plena radicalización de la revolución china, es decir, la Revolución Cultural Proletaria entre 1966 y 1976.

-¿Cómo ha contribuido la influencia espiritual que supuso crecer en esta era de reafirmación ideológica, por parte del Partido Comunista Chino, en el artista que es hoy?

-Los movimientos políticos durante la Revolución Cultural utilizaron métodos que motivaron a grandes masas. Fuí testigo y hasta partícipe de algunas de las protestas durante ese período; incorporé algunos de los mismos métodos en mi trabajo artístico unos años más tarde. Por ejemplo, a menudo trabajo con grandes grupos de voluntarios para poder llevar a cabo mis proyectos. Puede que mis objetivos y formas sean diferentes a los de los líderes políticos, pero está claro que esas experiencias de mi juventud me influyen hasta el día de hoy. Mao enseñó a los de mi generación que «la rebelión está justificada», y se nos transmitió la idea de no sometimiento a la autoridad. Como artista contemporáneo, estas palabras me dieron el coraje de salir de la tradición, explorar nuevos medios y nuevas maneras de trabajar, y de transformar iconografías tradicionales a través de mi propio lenguaje visual.

–Estudió escenografía en la Academia de Teatro de Shanghai y experimentó en el mundo del cine participando en dos películas de artes marciales. También se inició en el violín y en el teatro. Está dotado de una gran voz que tuve el placer de escuchar. Su padre, pintor tradicional y calígrafo, llegó a producir un gran impacto en su formación.

–¿Qué lugar ocupan estas experiencias?

–La formación en escenografía que recibí en la Academia de Teatro de Shanghai era distinta a la que se ofrecía en las academias de arte de aquella época. Aprendí a usar muchas técnicas diferentes para llegar a una idea creativa: el trabajo libre con diversos materiales, el estudio de las composiciones espaciales, etc. me ayudaron a crear formas de arte distintas. El espíritu de colaboración, el aspecto de performance o de exposición pública, el énfasis en los efectos dramáticos, el foco en la interacción con el público (o su participación, en el caso de teatro)- todas estas formas expresivas han ido configurando el carácter de mi trabajo.

–En 2008 se presenta en el Museo Guggenheim de Bilbao su retrospectiva «Cai Guo-Qiang: Quiero Creer». Esta exposición también se presentó en Nueva York y Pekín, incluyendo sus obras de casi dos décadas. ¿En qué quiere creer Cai Guo-Qiang?

–«Quiero Creer» fue una revisión completa de mis trabajos anteriores, muchos de los cuales expresan una profunda curiosidad hacia el universo y los mundos invisibles que nos rodean. El título de la exposición englobó todas estas posibilidades, da igual que fueran extraterrestres, principios del feng shui y la medicina china, o fuerzas y mundos metafísicos que el ojo humano no ve. Expreso una actitud y una sensación de expectativa.

En la obra de Cai está presente una visión crítica sobre las ideologías de masas. Se puede observar en «Head On», donde 99 lobos de tamaño real forman un arco en el aire hasta chocar contra un muro de cristal transparente.

–¿Qué le sugiere la frase de Plauto difundida más tarde por Hobbes: «El hombre es un lobo para el hombre»?

–Mientras crecía veía como los cuadros figurativos que representaban sujetos humanos -líderes políticos, soldados en guerra- se usaban como herramientas de propaganda: por eso he evitado representar personas en mis obras. Para contar historias, muchas veces utilizo animales que simbolizan a los seres humanos y su comportamiento. Los animales son más naturales, y su expresión es más espontánea que la de los humanos. También se pueden integrar más fácilmente en los espacios y temáticas de una exposición.

–En el año 1995, durante la 46 Biennale de Venezia, Cai presentó «Trayendo a Venecia lo que olvidó Marco Polo». Con su instalación de 1995 para la Bienal ¿qué trajo a Venecia que Marco Polo hubiera olvidado?

-El año 1995 marcó el 700 aniversario de la vuelta de Marco Polo a Venecia desde China, después de un viaje marítimo que empezó en Quanzhou, mi ciudad natal: por eso decidí hacer una broma sobre Marco Polo. Él había traído muchas historias de Oriente a Occidente, pero no contó nada del pensamiento o de la filosofía orientales. Quise resolver esta omisión trayendo hierbas medicinales chinas del hemisferio oriental al occidental. Traje un viejo barco de pesca que compré en Quanzhou, y con él recorrí el Gran Canal desde Piazza San Marco hasta el Palazzo Giustinian Lolin. El barco paró delante del palacio, y se utilizó como zona para sentarse donde los visitantes pudieron saborear las pócimas y tónicos medicinales que se ofrecían en el interior. Dentro del palacio, se había instalado una máquina expendedora para vender cinco variedades de tónico herbaria en botella, a 10.000 liras cada una. Esas bebidas se hicieron según el principio chino de los «cinco elementos», en el que esos cinco elementos (madera, fuego, tierra, metal, agua) corresponden a uno de los cinco gustos (amargo, dulce, agrio, especiado, salado) y a uno de los cinco órganos del cuerpo humano (hígado, corazón, bazo, pulmón, riñón).

En el año 1966 durante los primeros días de la Revolución Cultural, el Ejércitgo de Liberación Popular talló un retrato en una montaña cercana. Cai describe esto como su primer contacto con el Land Art. La relación entre el hombre y la naturaleza siempre presente en el artista, se refleja también en su reciente exposición «Falling Back To Earth»; primera muestra individual en la Galería de Arte Moderno en Queensland, Australia. En la exposición se incluye «Heritage», una alegoría del último paraíso que recrea un estanque rodeado de 99 animales de todo el mundo bebiendo agua: una utopía.

–¿Esta vuelta a la tierra es una necesidad de retorno a sus raíces, a la naturaleza?

–El título de la exposición, «Falling Back To Earth», nos hace pensar en el espíritu de las ilustraciones chinas antiguas, cuando las personas vivían modestamente en armonía con la naturaleza, un ideal que contrasta con la forma en la que las personas interactúan hoy con esa misma naturaleza.

La crisis ecológica y medioambiental que sufre China es la esencia de su última exposición «The Ninth Wave». Es la primera exhibición individual realizada a un artista vivo en el Shanghai Power Station of Art. En ella, un Arca de Noé apocalíptica, una barca de pescadores llena de animales artificiales moribundos, surcaba las aguas del río Huangpu.

–¿Cree que el arte debería servir a un fin moral, social, político, cultural? ¿O ser el reflejo de una pasión desnuda?

–Hay muchos tipos de artistas, y no hay reglas estrictas sobre su modo de actuar o su forma de comportarse. Si no fuera así el arte se convertiría en historia y sería estática, en lugar de mejorar constantemente y cambiar con los tiempos.

Desde 1985 Cai empezó a utilizar la pólvora como técnica artística. En su obra, además están presentes otros símbolos de la tradición china como la acupuntura o el dragón, pero también del mundo contemporáneo (tiempo), Oriente y Occidente (espacio) el ying y el yang, destrucción y creación (opuestos).

–Su interés en tiempo y espacio, los opuestos, y la cosmología es evidente en su obra. Nos interesaría saber qué base filosófica puede haber detrás...

–En el I Ching, o el Libro de los Cambios, el «I» significa «cambio», y esto es importante. Hay dos doctrinas que adopto de la filosofía Taoísta: «Ninguna ley es la ley», y «Aprovecha el poder de los demás para ejercer tu propia fuerza». En el Confucianismo, la tolerancia es un valor que me ha enseñado a no excluir a los demás, y a aprender y trabajar con los demás, sean cuales sean sus orígenes culturales. Eso me permite encontrar nuevas posibilidades en el arte. Estos principios de fondo son lo más valioso que he aprendido de la filosofía oriental, y son mucho más importantes para mi que los símbolos superficiales como los dragones, o incluso la pólvora como instrumento artístico.

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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