Una imagen del monumento en honor de los Héroes Numantinos tomada con un dron - NumanciaMultimedia | Vídeo: Así fue la batalla de Numancia RODRIGO MUÑOZ

Las 3 dimensiones de Numancia que el papel no podía contar

Un libro multimedia reconstruye el suceso que se convirtió en el símbolo hispánico de la resistencia

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En agosto de 1919 dos intrépidos se subieron a un avión para tomar la primera fotografía aérea de Numancia. La aventura –volar entonces lo era– constataba un interés mucho más antiguo: el que generó la épica resistencia de los 4.000 numantinos frente a las huestes de Roma, formadas por más de 60.000 soldados. Fueron quince meses de asedio para la eternidad, que es el nombre que toma la historia cuando se convierte en mito. Un mito que Cervantes transformó en teatro, un mito poetizado por Antonio Machado y Gerardo Diego, un mito estudiado y citado hasta la saciedad y que es, sin lugar a dudas, el gran emblema hispánico de la resistencia. Un mito, en fin, que hoy vuelven a sobrevolar aviones en miniatura (los llamamos drones) y que lo rastrean georradares por el mismo motivo: porque fascina, porque forma parte de la cultura española. Y todo eso que es Numancia –historia, arqueología, literatura y símbolo– queda ahora recogido en un libro multimedia que viene a celebrar aquella gesta que en 2017 cumplía 2.150 años.

Primera fotografía aérea de Numancia, tomada en 1919
Primera fotografía aérea de Numancia, tomada en 1919- NumanciaMultimedia

«Numancia: arqueología e historia», un proyecto de Acción Cultural Española y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, recoge en una misma plataforma un sinfín de documentos, imágenes, audios y vídeos que ayudan a comprender qué es Numancia y, sobre todo, qué ha sido. Hablamos de un libro irrealizable en papel, que cuenta con un texto base del mayor experto en el tema, Alfredo Jimeno Martínez, y que está trufado con fotografías en tres dimensiones que se pueden imprimir si uno dispone de la maquinaria adecuada, mapas interactivos, prospecciones con georradar con las que ir profundizando en la tierra para ver los diferentes niveles de la ciudad, planos de nivel que permiten medir desde el ordenador el ancho de las calzadas o el tamaño de las casas… Vamos, un juguete en el que han trabajado más de 20 expertos de diferentes campos durante cinco meses y que ahora está disponible de manera gratuita para todo el mundo a través de internet (www.numanciamultimedia.com).

«Es un nuevo formato. El libro multimedia no quiere competir, como el ebook, con el libro en papel, un error que ya había ocurrido cuando el cine, en sus inicios, pretendía imitar al teatro. No. Esto es otra cosa, con un lenguaje nuevo», explica José María Luzón, que ha editado el libro junto a María del Carmen Alonso. En efecto, estamos frente a otra cosa. En el libro multimedia el texto es una guía que nos lleva por diferentes lugares. Y no solo hablamos de fotos o modelados en tres dimensiones, sino de archivos que están aquí enlazados. Así, en el momento en el que leemos por primera vez el nombre de Adolf Schulten, y tras descubrir que este alemán fue el encargado de desenterrar en 1905 los campamentos romanos que rodeaban Numancia, solo tenemos que pinchar en un enlace que nos lleva hasta su diario personal de aquella expedición arqueológica. De hecho, el libro es también un mar de hipervínculos que permiten rastrear la pervivencia de Numancia a lo largo de los siglos a través de fuentes clásicas, de la hemeroteca o de la bibliografía especializada.

«Haciendo esto, lo que más me ha llamado la atención es la pervivencia de Numancia, ya incluso desde el mundo romano», continúa Luzón mientras nos descubre qué era lo que decía Séneca de aquel suceso. «Grande fue Escipión, el que encerró y estrechó a Numancia, y obligó a aquellas manos invencibles a que volviesen contra su propia vida», dejó escrito el estoico. Fue uno de los veintidós escritores de la Antigüedad que hablaron sobre Numancia y que la convirtieron en la ciudad celtíbera más citada en los textos antiguos.

Un mito universal

Decíamos, pues, que a Numancia le escribió Miguel de Cervantes, Antonio Machado, Gerardo Diego, pero también Agustín de Foxá. Porque Luzón insiste: «Este no solamente fue, como se dice, el mito de exaltación de patriotismo del franquismo». Para muestra, otra fuente, que nos lleva hasta el Madrid de la Guerra Civil con el bando republicano resistiendo los embates de las tropas nacionales. «La próxima semana estrenará la compañía Arte y Propaganda del teatro de la Zarzuela, que dirige María Teresa León, esta hermosa tragedia de Cervantes. Esperamos que los soldados de nuestro Ejército Popular, los heroicos ciudadanos y defensores de Madrid, asistan a este estreno, cuya significación histórica no debe pasar inadvertida para ningún antifascista», rezaba el periódico «El mono azul» para promocionar la versión que Rafael Alberti había hecho de la obra cervantina. La universalidad del mito no cabía en una sola ideología.

Y mirando más allá del símbolo, Numancia se revela también como una delicia para los arqueólogos. Allí acudieron los alemanes para ver qué había pasado en ese lugar que tanto citaban los romanos, que temían a aquellos individuos que luchaban como nadie y que tenían espadas, según decían, que con su acero templado podían cortar cabezas de un solo golpe. Pero hay más. Los numantinos eran un pueblo celtíbero con claras influencias helenísticas del Mediterráneo. Sus espadas, sus armaduras, sus casas e incluso sus elementos decorativos nos remiten a tierras lejanas. Ahí está, por ejemplo, la Copa de la Abubilla, que podemos ver en este libro multimedia en tres dimensiones. «Esa decoración nos remite a ecos lejanos del helenismo. Esa decoración abstracta no sale de la nada. Quiere decir que conocen ese mundo, pero que lo han simplificado hasta convertirlo en algo abstracto. A mí, como arqueólogo, me interesa mucho. Podemos ver, por ejemplo, a ese pájaro con tres alas. ¿Por qué tiene tres alas? ¡Porque está volando! Están pintando el movimiento. Hablamos del siglo II a.C. y pensábamos que eso lo había inventado Picasso», remata Luzón.