Azulejo de garganta azul
Azulejo de garganta azul - Dave Keeling

Los pájaros ya tienen estrés crónico

Ruidos constantes como los que emiten las extracciones de petróleo y gas dañan a las aves e incluso atrofian el crecimiento de sus polluelos

MadridActualizado:

Las estamos volviendo locas. Las aves expuestas a un ruido constante, como el que emiten las operaciones de extracción de petróleo y gas, comparable al zumbido de una carretera transitada, muestran signos de estrés crónico, muy similar al de los humanos después de un gran trauma, según una nueva investigación estadounidense. En algunos casos, estos pájaros tienen polluelos cuyo crecimiento se ve perjudicado o ponen menos huevos que acaban por eclosionar.

«El estrés puede afectar significativamente tanto a las hormonas de las aves como a su estado físico», señala el autor principal, Nathan Kleist, de la Universidad de Colorado en Boulder (EE.UU.). Posiblemente esto sea debido a un aumento de la ansiedad, la distracción y hipervigilancia. «Sorprendentemente, las especies que asumimos que son más tolerantes al ruido tuvieron los efectos más negativos», añade.

Para los investigadores, estos hallazgos se suman a un creciente cuerpo de evidencias que sugiere que la contaminación acústica provocada por la actividad humana es dañina para la vida silvestre.

Las aves que anidan en campos de gas natural tienen síntomas similares a los de los humanos que sufren de trastorno por estrés postraumático
Las aves que anidan en campos de gas natural tienen síntomas similares a los de los humanos que sufren de trastorno por estrés postraumático- Nathan Kleist

Según explican esta semana en las revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS), los investigadores siguieron a tres especies de aves que anidan en cavidades: el azulejo de garganta azul, el azulejo de las montañas y los papamoscas cenizos, que se reproducen cerca de las explotaciones de petróleo y gas propiedad de la Oficina de Administración de Tierras en Nuevo México. Kleist y su equipo colocaron 240 cajas de nidos a distintas distancias de los compresores de gas. Durante tres temporadas de cría, el equipo tomó muestras de sangre de hembras adultas y sus crías y evaluó el éxito de eclosión de los huevos, el tamaño del cuerpo de los animales y la longitud de la pluma. Resultó que en todas las especies y etapas de la vida, las aves que anidaban en áreas con más ruido tenían niveles basales más bajos de una hormona clave del estrés llamada corticosterona.

Lucha o huida

«Puede parecer que significa que no están estresados. Pero lo que estamos aprendiendo de la investigación humana y de roedores es que con factores de estrés ineludibles, incluido el trastorno de estrés postraumático en humanos, las hormonas del estrés a menudo son crónicamente bajas», apunta el coautor Christopher Lowry, del departamento de fisiología integradora en Boulder.

Cuando la respuesta de lucha o huida se acelera constantemente, el cuerpo se adapta para ahorrar energía y puede sensibilizarse. Esto se ha relacionado con la inflamación y la reducción del aumento de peso en los roedores.

En el estudio actual, Kleist también descubrió que los polluelos en áreas ruidosas tenían una respuesta de alerta ante el estrés agudo de ser retenidos durante 10 minutos (una amenaza inesperada), produciendo más hormonas de estrés que aquellos criados en nidos tranquilos.

«Si los niveles de la hormona del estrés son altos o bajos, cualquier tipo de desregulación puede ser malo para una especie», señala Clinton Francis, profesor de ciencias biológicas en la Universidad Estatal Politécnica de California. «En este estudio, pudimos demostrar que la desregulación debida al ruido tiene consecuencias reproductivas».

De esta forma, los polluelos en las áreas más silenciosas y más ruidosas habían reducido el crecimiento de plumas y el tamaño del cuerpo. Los investigadores plantean la hipótesis de que los adultos en las áreas más tranquilas están expuestos a más depredadores, por lo que tienen menos tiempo para procurar alimento a las crías.

Mientras tanto, en las áreas más ruidosas, el ruido de la maquinaria enmascara las llamadas de otras aves, una señal de si hay depredadores presentes, lo que estresa a madres y polluelos. «Si trataras de hablar con tus amigos y tus hijos y siempre estuvieras en una fiesta ruidosa, te desgastarías», señala Kleist. Incapaces de discernir si su entorno es seguro, las madres deben elegir entre permanecer en guardia en el nido o salir a buscar comida para sus crías.

Trampa ecológica

Investigaciones previas han demostrado que algunas especies de aves optan por abandonar áreas ruidosas. Pero el nuevo estudio muestra lo que sucede con los que quedan. Para el azulejo de garganta azul, que antes se sospechaba que era resistente al ruido, las tasas de incubación reducidas son preocupantes. «Este es un ejemplo de una 'trampa ecológica': cuando un organismo desarrolla una preferencia por algo que en realidad es malo para él», dice Francis.

Ninguna de las especies estudiadas está en peligro. Pero los investigadores sospechan que si otras especies experimentan efectos similares en áreas ruidosas, las poblaciones de aves podrían disminuir a medida que aumente el ruido causado por el hombre.

Un estudio reciente encontró que el ruido antropogénico ya duplicó los niveles de sonido de fondo en el 63% de las áreas protegidas evaluadas. «Está comenzando a haber más evidencia de que la contaminación acústica debería incluirse, además de todos los demás factores de degradación del hábitat, cuando se elaboran planes para proteger las áreas silvestres», señala Kleist. «Nuestro estudio agrega peso a ese argumento».