Ciencia

Nuevas pruebas confirman que la Voyager 1 navega por el espacio exterior

Día 10/07/2014 - 15.47h

La nave, la primera en cruzar la frontera del Sistema Solar, ha detectado por tercer vez una onda lanzada por el Sol que toca el plasma interestelar «como si fuera una campana»

Nuevas pruebas confirman que la Voyager 1 navega por el espacio exterior
NASA/JPL-Caltech

La nave espacial Voyager 1 de la NASA, la primera en cruzar la frontera del Sistema Solar y el instrumento humano que ha llegado más lejos, ha experimentado de nuevo lo que los científicos de la agencia espacial llaman un «tsunami» del Sol, una eyección de masa coronal o una explosión masiva de viento solar que modifica el medio interestelar y de esa forma confirma que, en efecto, la sonda navega por el espacio exterior. Estas «olas» son lo que llevó a los científicos a la conclusión, en el otoño de 2013, de que la Voyager había abandonado la burbuja que rodea el sistema regido por el Sol, entrando en un lugar inexplorado.

«Normalmente, el espacio interestelar es como un lago tranquilo», afirma Ed Stone, del Instituto de Tecnología de California en Pasadena y científico de la misión desde 1972. «Pero cuando nuestro Sol tiene una explosión, envía una onda de choque hacia el exterior que alcanza la Voyager alrededor de un año más tarde. La onda hace que el plasma que rodea a la nave espacial 'cante'».

Los datos de esta onda más reciente generada por el Sol confirman que la Voyager se encuentra en el espacio interestelar, una región entre las estrellas llena de una sopa fina de partículas cargadas, también conocida como plasma. La misión ha roto la heliosfera, la burbuja invisible también de partículas cargadas, pero las que emite el Sol en todas direcciones y que envuelve nuestro sistema planetario. Ocurrió alrededor del 25 de agosto de 2012.

«No todo está tranquilo alrededor de la Voyager», dice Don Gurnett, de la Universidad de Iowa e investigador principal del instrumento de ondas de plasma en la Voyager. «Estamos muy contentos de analizar estos nuevos datos. Hasta el momento, podemos decir que se confirma que estamos en el espacio interestelar».

Como boyas en un tsunami

Nuestro Sol pasa a través de los períodos de mayor actividad, en los que expulsa de forma explosiva el material de su superficie, arrojándolo hacia el espacio. Estos eventos, llamados eyecciones de masa coronal, generan ondas de golpe o presión. Tres de estas ondas han llegado a la Voyager 1 desde que entró en el espacio interestelar en 2012. El primero fue demasiado pequeño como para ser notado cuando ocurrió y sólo se descubrió más tarde, pero el segundo fue claramente registrado por los instrumentos de rayos cósmicos de la nave espacial en marzo de 2013.

Los rayos cósmicos son partículas energéticas cargadas que vienen de las estrellas cercanas en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Las ondas de choque del Sol empujan estas partículas alrededor como boyas en un tsunami. Los datos del instrumento de rayos cósmicos de la nave dicen a los investigadores que una onda de choque del Sol ha llegado.

Mientras tanto, otro instrumento en la Voyager registra también las ondas de choque. Es el instrumento de ondas de plasma, que puede detectar oscilaciones de los electrones del plasma. «La ola del tsunami toca el plasma como una campana», dice Stone. «Si bien el instrumento de ondas de plasma nos permite medir la frecuencia de este sonido, el instrumento de rayos cósmicos revela lo que golpeó la campana, la onda de choque del Sol».

El canto del espacio interestelar

Ahora, el equipo cuenta con nuevas lecturas de la tercera ola del Sol, registrada por primera vez en marzo de este año. Estos datos muestran que la densidad del plasma es similar a lo que se ha medido previamente, confirmando que la nave espacial está en el espacio interestelar. Gracias a los ecos de nuestro Sol, la Voyager tiene la oportunidad de escuchar el canto del espacio interestelar, de otra forma un lugar silencioso.

La Voyager 1 fue lanzada al espacio en septiembre de 1977 pocos días después de su gemela, la Voyager 2, ambas con la misión de explorar el Sistema Solar. Entre las dos han «visitado» Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, y 48 de sus satélites. Incorporan unas baterías de plutonio que las harán funcionar hasta 2025, momento en que dejarán de enviar datos. Ambas portan una grabación en discos de cobre con sonidos e imágenes de la vida en la Tierra, por si se encuentran con alguna otra civilización inteligente. Se espera que Voyager 2 también entre en el espacio interestelar en unos pocos años.

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