Imagen de archivo de las luces nocturnas de la Península Ibérica
Imagen de archivo de las luces nocturnas de la Península Ibérica - Nasa

El derroche de luces que apaga los cielos de España

Las zonas costeras del Mediterráneo o ciudades como Madrid, Sevilla o Zaragoza muestran extensas zonas iluminadas que suponen un gran desperdicio económico e impiden ver las estrellas

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La contaminación lumínica está muy extendida por los países más desarrollados y que no hacen un buen uso de la energía lumínica, de tal forma que gran parte de la luz emitida por las farolas es arrojada hacia arriba, un lugar donde la luz se pierde, se dispersa y, en consecuencia, se pierde dinero.

Muchas de las luminarias con las que contamos hoy día o están mal colocadas o son altamente contaminantes, sobre todo aquellas en forma de globo que envían la luz hacia todas partes menos hacia abajo, lugar donde es fundamental iluminar. Fotografías hechas por satélites en plena noche sobre, por ejemplo, nuestro país, muestran extensas zonas iluminadas de luz parásita que se envía al espacio, esencialmente las zonas costeras del Mediterráneo o grandes ciudades interiores como Madrid, Sevilla, o Zaragoza.

El 27 de marzo pasado el secretario general de Turismo de la Junta de Andalucía, Vicente Granados, declaró el reconocimiento de la zona de la Sierra Morena y de la Sierra Sur de Jaén con el certificado internacional Reserva Starlight (luz de las estrellas).

Son muy pocos los lugares donde la oscuridad es total. Uno de ellos es precisamente la zona de Sierra Morena, donde se encuentra enclavado el Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata (sierra norte de Sevilla), que cumple 7 años desde su apertura con respecto al certificado internacional Reserva Starlight. Las localidades andaluzas que han obtenido este certificado son: Almadén de la Plata Alanís, Cazalla, Constantina, Guadalcanal, Las Navas de la Concepción, El Pedroso, La Puebla de los Infantes, El Real de la Jara, y San Nicolás del Puerto; todas ellas, pequeñas localidades, como el caso de Almadén de la Plata con 1.500 habitantes.

Es un paso adelante en cuanto a lo que se refiere a la falta de contaminación lumínica y el despilfarro económico en materia de iluminación. Estadísticamente, una gran ciudad podría ser iluminada eficazmente con la mitad de las luminarias que tiene, si todas ellas cumplieran la normativa que se integra dentro de la ley contra la contaminación lumínica, ley que existe en varias comunidades autónomas, como Cataluña o Andalucía, pero de escasa aplicación. La mayor ejecución se produce en la comunidad Canaria, esencialmente en la isla de la Palma y la mitad de la isla de Tenerife que mira a la Palma. En la isla de la Palma, se asientan los mayores observatorios del mundo, incluso los aviones deben llevar una trayectoria determinada para no afectar los trabajos que se realizan en los observatorios.

Para calificar a estos municipios con el certificado internacional Reserva Starligh, se ha llevado un estudio del cielo de la zona durante 9 meses. Este preciado certificado lo tienen contadas zonas del mundo. Contribuirá a reducir en un 20% las emisiones de CO2 hasta el año 2020.

El certificado está basado en tres puntos fundamentales:

1.- iluminar exclusivamente las zonas necesarias y de forma eficaz. 2.- En las zonas exteriores, se podrán colocar detectores de paso que iluminen solo cuando sea necesario y no durante todo el tiempo.

3.- Y lo más importante, que las farolas no alumbren por encima de la horizontal, proyectando la luz hacia abajo. Con ello se consigue una iluminación más potente, directa y no dispersa.

A pesar de que cada vez, en más lugares de España, la ley contra la contaminación lumínica se extiende, no se aplica. Las farolas contaminantes viejas no son sustituidas por farolas de baja contaminación, así como las propias bombillas. Siguen existiendo en muchos lugares farolas en forma de globo de forma incomprensible, conociéndose que son las peores para iluminar el suelo, que es donde queremos la luz. Es Canarias y esencialmente la isla de la Palma quienes concienzudamente aplican la ley.

Si todas nuestras farolas cumplieran la normativa en materia de contaminación lumínica, no solo veríamos el cielo en mejores condiciones, sino que nos ahorraríamos la mitad del dinero que pagamos en alumbrado público.

En definitiva, la contaminación lumínica es un doble y grave problema. Primero porque tiramos el dinero al espacio exterior y segundo, porque estamos acabando con nuestros cielos. Desde el interior de una gran ciudad apenas vemos una docena de estrellas en el mejor de los casos, pero desde un lugar Reserva Starlighse contemplan miles a simple vista y el espectáculo es grandioso para cualquier persona, tenga o no relación con la astronomía.

Perdemos nuestros cielos. Los observadores del firmamento de Madrid deben ir a ver las estrellas a la provincia de Toledo o más allá. La luz que emite Sevilla se ve a más de 150 km de distancia y tenemos que alejarnos hasta las profundidades de la sierra norte de Sevilla o ir hasta las sierra de Cádiz o Badajoz.

Existen muchas formas de contaminar, no solamente la contaminación acústica o de CO2, sino la contaminación lumínica. ¿Cuántas farolas están colocadas al lado de una ventana y en ocasiones nos hace imposible el sueño durante el verano con las ventanas abiertas? Esto es intrusión lumínica, un tipo de contaminación de la que muchos vecinos se quejan. ¿Cuándo entenderán nuestros gestores este problema y la forma de ahorrar?

Miguel Gilarte Fernández es director del Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata (Sevilla) y presidente de la Asociación Astronómica de España.