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Elecciones EE.UU. 2012: El sistema electoral

Para convertirse en presidente es preciso lograr al menos 270 de los 538 votos del Colegio Electoral

Día 06/11/2012 - 14.14h

Estados Unidos es una república democrática, de estructura federal, cuyo Gobierno está encabezado por un presidente elegido por un mandato de cuatro años, existiendo la posibilidad de renovarlo por otros cuatro más. El poder ejecutivo a nivel federal se completa con un legislativo bicameral, formado por el Senado y la Cámara de Representantes, y un judicial en cuya cúpula se halla el Tribunal Supremo, que hace las veces de Tribunal Constitucional. Por debajo del nivel federal se encuentra el estatal, -50 estados integran el territorio de Estados Unidos-, con un gobernador electo y un poder legislativo propio. El resultado en términos prácticos es un sistema bipartidista -Partido Demócrata y Partido Republicano- en el que los candidatos independientes o de formaciones minoritarias tienen opciones a nivel local pero no a escala federal.

Cada cuatro años, los estadounidenses eligen a un presidente y un vicepresidente. Cada dos años se renuevan los 435 asientos de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, compuesto por un total de 100 miembros -dos por cada estado- y cuyo mandato es de seis años.

Existen dos tipos básicos de elecciones: primarias y generales. Las primeras se emplean para determinar el candidato que cada partido presentará a las generales. En estas últimas es posible la inclusión de aspirantes independientes que han de reunir un número determinado de firmas para figurar en las papeletas. Junto a los nombres de los candidatos, en algunos estados las papeletas incluyen propuestas políticas respecto de las cuales el votante puede manifestar su apoyo o rechazo, y pueden haber sido introducidas por la legislatura estatal o por los propios ciudadanos a través de iniciativas.

La elección presidencial tiene lugar cada cuatro años, siempre el primer martes después del primer lunes de noviembre. Para poder concurrir a la misma es preciso cumplir una serie de requisitos, entre los que figura haber nacido en Estados Unidos, tener más de 35 años y haber residido en territorio nacional un mínimo de catorce años. Para ser designado por uno de los grandes partidos, es preciso pasar por un largo proceso de elecciones primariaso «caucus» en los que los diversos estados seleccionan a los delegados que ficha formación enviará a las convenciones en las que se eligen a los candidatos de cara a los comicios generales. Una vez designado por la mayoría de los delegados, el candidato escoge a un aspirante a la vicepresidencia, su compañero de «tícket», y se inicia la recta final de la campaña.

Para poder votar es preciso ser ciudadano de Estados Unidos, ya sea por nacimiento o por naturalización. Además es necesario estar registrado previamente como votante en el estado en el que resida y tener al menos 18 años, aunque algunos estados permiten votar a partir de los 17 años. El requisito del registro previo es uno de los motivos que explican el bajo nivel de participación -poco más del 60% en las últimas elecciones-.

El Colegio Electoral

El sistema de elección presidencial no es directo, sino que se lleva a cabo mediante el procedimiento del Colegio Electoral. Cada estado dispone de un número de votos electorales que se determina en función del número de miembros que tiene en la Cámara de Representantes -determinado, a su vez, en función de la población de dicho estado- y en el Senado. De esta forma, el número oscila entre los tres delegados que tiene el Distrito de Columbia, por ejemplo, y los 55 con que cuenta California. El total de votos electorales es de 538, por lo que un candidato precisa de al menos 270 para poder ser elegido. En caso de empate, sería la Cámara de Representantes la que resolvería el mismo.

El aspirante que obtiene la victoria en un estado se lleva la totalidad de delegados con que cuenta dicho estado. Solo existen dos excepciones, Maine y Nebraska, donde el ganador a nivel estatal obtiene dos votos electorales mientras que el triunfador en cada distrito del Congreso obtiene el voto electoral correspondiente.

El sistema, concebido para repartir el poder entre el gobierno federal y los estados, permite que el ganador del voto popular pueda no coincidir con el vencedor en el Colegio Electoral. Así ocurrió cuando John Quincy Adams fue elegido presidente pese a contar con menos votos populares que Andrew Jackson en 1824. La historia se repetiría con Rutherford B. Hayes y Joseph Tilden en 1876; con Benjamin Harrison y Grover Cleveland en 1892; y con George W. Bush y Al Gore en el año 2000.

Los delegados de los estados están obligados a entregar sus votos al candidato que haya resultado vencedor en dicho estado, existiendo sanciones administrativas e, incluso en algunos casos, penas de cárcel, en caso de que se violente dicha obligación.

Una vez certificada la mayoría en el Colegio Electoral, la Cámara de Representantes proclama al nuevo presidente, el cual toma posesión del cargo jurando ante el presidente del Tribunal Supremo el 20 de enero del año posterior a la elección.

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