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Las estrategias que utiliza Ryanair para ser tan barata

La compañía aérea es famosa por jugar al filo de la navaja legal y ha sido llevada a los tribunales en varias ocasiones

Día 23/08/2012 - 13.35h

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«Todo el mundo se queja pero todo el mundo lo utiliza». Carlos, Alba y Amparo están esperando a que despegue su vuelo de Ryanair con destino a Alghero. Son jóvenes, de veintitantos y clientes habituales de la aerolínea. «Es la peor de todas pero la utilizamos unas cuatro veces al año», confiesa Amparo.

La doble cara de la empresa que dirige O’ Leary ha permitido a una generación entera algo que sus padres nunca tuvieron al alcance: conocer el mundo por precios irrisorios. Eso sí, aceptando a cambio una serie de riesgos.

A 40 euros el descuido

«Todos hemos escarmentado con Ryanair, porque a todos nos han hecho pagar alguna vez los famosos 40 euros», explica Carlos.

La aerolínea ha sido llevada a los tribunales en varias ocasiones por cobrar sanciones abusivas a sus pasajeros. «A mi me hicieron pagar 40 euros porque mi maleta pesaba 11 kilogramos en lugar de 10. Al final rellenamos una bolsa entre los tres pasajeros que teníamos exceso de peso en el equipaje y pagamos los 40 euros entre todos. Si no, no nos dejaban volar», cuenta Alba.

En las colas de embarque de Ryanair es frecuente encontrar una hilera de pasajeros tratando de apretujar el contenido de su maleta, forcejeando con un molde metálico imposible en el que deben encajar su equipaje e incluso poniéndose 3 o 4 capas de ropa para reducir el peso de ese único bulto que la aerolínea permite introducir en cabina. Las estrictas restricciones hacen que en cada vuelo los empleados de O‘Leary atrapen como mínimo a un par de incautos, haciéndoles pagar un precio que puede incluso cuadruplicar el importe pagado por el billete.

Lo mismo ocurre con la obligación de imprimir la tarjeta de embarque, «Yo no me di cuenta de que tenía que imprimirla porque antes no era obligatorio y no me leí la letra pequeña», explica Carlos.

En enero de 2011 el Juzgado de lo Mercantil número 1 de Barcelona dictó una sentencia pionera que declaraba nula y abusiva la cláusula de Ryanair que obliga a los pasajeros a realizar la facturación «online» e imprimir la tarjeta de embarque para evitar pagar 40 euros por su emisión en el aeropuerto. Sin embargo, en octubre del mismo año, la Audiencia Provincial de Barcelona avaló esta práctica, anulando la sentencia anterior ya que «con este método, la compañía agiliza el trámite de embarque, además de obtener un ahorro de costes al evitar el despacho e impresión de las tarjetas de embarque a cargo del personal».

La obligación de imprimir el billete en casa pilló por sorpresa a más de uno cuando en marzo de 2009 fue aprobada por la compañía. La carta escrita por Stephen Mcnamara rezaba así: «La medida de Ryanair de Facturación Online 100% a partir del 1 de octubre de 2009 es la primera en la industria aeronáutica y es otra de las propuestas pioneras de la compañía, lo que proporcionará una nueva reducción de los costes de viaje de millones de clientes».

Según Enrique García, portavoz de la OCU ( Organización de Consumidores y Usuarios), su organización lleva años alertando de estas técnicas de «dudosa legalidad» que suponen un abuso para los consumidores, pero por el momento nadie ha conseguido demostrar que estas prácticas de la compañía estén fuera de la legalidad.

Ahorrar en combustible

Desde hace años se acumulan las quejas por parte de pilotos españoles que alertan de presiones sufridas por parte de Ryanair con tal de limitar las reservas de combustible en vuelo. No son los únicos en Europa. El principal sindicato de pilotos germano, Cockpit, denunció hace dos días «fuertes presiones» de Ryanair hacia sus propios trabajadores para que sus aviones carguen con el «mínimo» carburante necesario. En palabras de su portavoz, Jorg Handwerg a la agencia France Press, la aerolínea ha elaborado listas de pilotos según la cantidad de combustible que consumen en sus vuelos.

En España, las denuncias contra la política de ahorro de costes de la aerolínea irlandesa vienen de lejos. En 2009, el colectivo de trabajadores del sector aéreo español presentó una carta al por entonces titular de Fomento, José Blanco, en la que alertaban de las presiones de la aerolínea a sus pilotos con tal de limitar el combustible en carga de la aeronave. Según la carta, la compañía establece máximos de 300 kilogramos sobre el combustible mínimo requerido en el plan de vuelo. De sobrepasar ese límite los empleados deben justificarlo por escrito. «En caso de que repetidamente aterricen con una cantidad superior a lo previsto, los pilotos son amonestados por parte de su jefe de base», afirmaba la misiva.

El ministerio está investigando a la compañía por los incidentes acaecidos en Valencia el pasado 26 de julio mientras fuentes de la compañía siguen insistiendo en que se volaba con el volumen exigido por la normativa comunitaria y lo que motivó el «mayday» fue un excesivo tiempo de sobrevuelo en ambos aeropuertos. De momento no se conocen los resultados de la investigación.

Personal de vuelo

En la misma carta que el sindicato Sepla presentó al Gobierno en 2009, se advertía sobre las «irregularidades» respecto al personal de vuelo. En ella se denuncia por una parte que la compañía Ryanair «tiene prohibida la representación sindical a su personal», se advertía de que «la mayoría de ellos trabajan sin contrato de trabajo mercantil» y «pueden ser despedidos en cualquier momento sin preaviso y sin indemnización». Además, los tcp’s (azafatos y sobrecargos) tienen la obligación de realizar trabajos para los que «no han sido contratados» como las tareas del limpieza.

De acuerdo con la carta, gran parte de los pilotos y tripulantes de cabina son obligados a hacerse autónomos, no contribuyen a la Seguridad Social, ni tampoco cotizan a Hacienda a través del IRPF, a pesar de que todos los que tienen base en España son residentes y viven gran parte del año en nuestro país. Otra parte de ellos, son contratados directamente por Ryanair y cotizan en Irlanda con menos prestaciones que en España y más ventajas fiscales.

Publicidad gratuita

Las ocurrencias de O’ Leary para ahorrar costes son máquinas de generar exclusivas. El irlandés ha hecho propuestas tan sonadas como hacer pagar dos billetes a las personas obesas, volar sin copiloto, cobrar por ir al baño e introducir asientos verticales en cabina y hacer volar a la gente sujeta de un arnés. El magnate ha llegado incluso a dejar en tierra a las embarazadas que no presentaran un informe médico en inglés o dejar en tierra a 100 pasajeros por un conflicto con el volumen de una maleta. Estrategias comerciales manifiestamente ilegales pero que generan por si solas toneladas de publicidad gratuita para la aerolínea. Como dice el dicho, «que hablen de mi aunque sea mal».

Venta engañosa

Enrique García, portavoz de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), advierte de que cuando se compra un billete con Ryanair «no se explica claramente cual es el precio del vuelo». Enfrentarse a la compra de un vuelo por internet sin que a eso se sumen 15 euros por el seguro de viaje, 7 euros de tasas de pago con tarjeta por trayecto y otros tantos importes por reserva del asiento, un coche en el aeropuerto, equipaje adicional o envío de sms por confirmación del vuelo es una tarea titánica. García afirma que todas estas son «prácticas de dudosa legalidad, ya que muchos consumidores no son conscientes del precio final del billete» y terminan pagando «algo muy por encima del precio inicial».

Una encuesta realizada por Facua desvela que el 70% de los pasajeros cree que Ryanair es la aerolínea que comete más abusos. La paradoja es que pese a todo, la compañía irlandesa, hoy dirigida por el inefable Michael O'Leary consiguió cerrar 2011 como la compañía con mayor número de pasajeros, con 16 aeropuertos españoles, un tercio de los 47 que componen toda la red de Aena y tres de cada cuatro de los aeródromos a los que actualmente la aerolínea vuela en España. Al fin y al cabo nadie puede decir que Ryanair no sea un negocio rentable. Como decía Carlos, «todo el mundo se queja, pero todo el mundo la utiliza»,

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