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José Fernando, el hijo descarriado

Con la mayoría de edad y una fortuna millonaria, el retoño de Ortega Cano busca su independencia

Día 09/04/2012 - 21.25h

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Domingo 1 de abril. Las nubes ya se ceñían sobre el cielo sevillano cuando el diestro José Ortega Cano intentaba capear su propio nubarrón familiar. Hacía dos semanas que su hijo José Fernando se había ido de «Yerbabuena», la finca que con tanta ilusión decoró junto a su mujer Rocío Jurado para pasar allí el resto de sus vidas. Apenas tenía noticias del chaval. Fue tras un enfado de Ortega con su sobrino, el hijo de Eugenio, un treintañero que vive en la finca y que se lleva de maravilla con su primo adolescente. El torero no veía con buenos ojos la relación que su sobrino mantiene con una empleada de la finca y eso hizo saltar la chispa, la reacción de abandonar la casa y el anuncio de que su hijo le acompañaba.

Los Ortega Cano, José y Eugenio, no toleran ciertas situaciones y menos en su propia casa. Pero lo que no imaginaban es que José Fernando iba a cumplir la amenaza de irse. «Ya es mayor de edad y tiene la fortuna que le dejó su madre en herencia y que podría rondar el millón de euros», señalan allegados de la familia. Un dineral para un joven con ganas de comerse el mundo, pero un peligro si no se utiliza bien. El propio Ortega quiso en su día invertir ese capital para que le rentara pero legalmente no ha podido.

Ahora, a sus 18 años, José Fernando puede disponer de su herencia en la forma que quiera sin dar explicaciones ni atender los ruegos de cuantos le aconsejan que siga estudiando para poder valerse por sí mismo el día de mañana.

La vuelta a casa del hijo este Domingo de Ramos fue una alegría para el padre. Sabía de José Fernando porque estaba instalado en un piso muy cercano, en Castilblanco de los Arroyos, y por su hija Gloria Camila, puesto que los hermanos están muy unidos. Tuvieron una larga conversación «y todo se arregló», me aseguró el torero, que está cansado de figurar en tantos polémicos titulares. «Ha sido una chiquillada, ya lo hemos solucionado», anunciaba. Como es lógico, el padre quiere proteger al hijo e incluso maquillar una realidad que no es tan rosa como la pinta.

Un niño muy deseado

Fue en 1999 cuando Rocío Jurado y José Ortega Cano abrieron las puertas de la casa de la Moraleja para presentar al mundo a sus dos hijos adoptados: José Fernando, de 6 años, y Gloria Camila, de 3. Tras su boda en «Yerbabuena» el matrimonio había intentado tener un hijo biológico pero tras un aborto optaron por la adopción. De sus temporadas en Cali (Colombia) Ortega tenía muy buenos amigos y allí encontró la manera legal de convertirse en padre.

Rocío, en prueba de amor a su marido, aceptó ilusionada ese proyecto y antes de encontrar a sus hijos sé que estuvo a punto de adoptar a cinco hermanos que vieron en una casa de acogida. Finalmente le quitaron la idea de la cabeza y se centraron en un niño. Fue tras enterarse de que el chico tenía una hermana cuando decidieron ampliar el papeleo y adoptar a los dos. «Les parecía horrible separar a los pequeños», me dice un buen amigo del diestro y su difunta mujer. «Bastante desgracia tenían con que sus padres los hubieran entregado en adopción como para distanciarlos».

Desde el primer momento los niños fueron la pasión de sus padres. Gloria, muy cariñosa y responsable, y José Fernando, un niño más rebelde que no se centraba en los estudios, por lo que decidieron enviarlo a un internado en una academia militar en los Estados Unidos. La enfermedad de Rocío trajo de nuevo al niño a casa y junto a su hermana vivió la tragedia de perder a una madre que les dejó una fortuna al recibir la legítima de su herencia donde salió beneficiada la hija biológica de la artista, Rocío Carrasco.

En busca de su otra familia

Si bien es cierto que la relación de Rocío Carrasco con sus hermanos podría considerarse casi nula —por la diferencia de edad, de ciudad y de circunstancias—, lo que sí saben cuantos tratan a José Fernando es que siempre ha tenido mucho interés en conocer sus raíces, en saber de su familia biológica. Este interés, que es muy habitual en hijos adoptados, aumentó cuando a través de internet descubrió que tiene más hermanos en Colombia. Aunque se ha comentado que quiere traer a su madre biológica a España, fuentes cercanas al chico aseguran que no es verdad ya que «únicamente guarda algún vago recuerdo de su padre biológico pero casi nada de la madre».

Tras pasar por un sinfín de colegios en los que nunca encajó, la última intentona de Ortega antes de que José Fernando ideara salir de casa fue enviarlo a un buenísimo centro educativo en Irlanda. Al haber repetido varios cursos se convirtió en el mayor de la clase y eso hizo que más de una madre no viera con buenos ojos que sus hijos, menores de edad, salieran con un chico al que nada se le prohibía. Tampoco funcionó. Expulsado del colegio regresó a España para disgusto de un padre que sigue luchando por darle una formación, algo que Ortega Cano tiene más complicado ya que sólo será si el joven quiere. Para su suerte o su desgracia, su madre le ha dejado una fortuna como para creer que se puede comer el mundo.

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