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Cada año a finales enero la NASA rememora los días más tristes en sus casi 54 años de historia. En esta fecha se rinde homenaje a las víctimas de los tres accidentes más trágicos vívidos por la agencia estadounidense. La elección de los últimos días de enero para el que se conoce oficialmente como el Día del Recuerdo no es casual. El próximo viernes se cumplirán 45 años del primer desastre de una de las naves espaciales de la NASA. Le sucedió al Apollo 1. No se produjo durante una misión sino en el ensayo previo al lanzamiento que debía realizarse días después en el que sería el primer gran paso en el proyecto norteamericano para pisar la Luna. La idea era recrear una atmósfera de oxígeno puro en el habitáculo en el que deberían orbitar los astronautas Gus Grissom, Edward White y Roger Chaffe, pero una chispa originada en uno de los mecanismos de control originó un incendio que consumió el oxígeno de forma vertiginosa y que acabó con la vida de los tres hombres en apenas 30 segundos. La tripulación del Apollo 1 no fue, sin embargo, la primera en morir en la carrera espacial. El cosmonauta soviético Valentin Bondarenko falleció en 1961 en un incendio semejante en un espacio de oxígeno puro, hecho que no salió a la luz pública hasta 1980. Siempre se ha especulado con que si la NASA hubiese conocido la muerte de Bondarenko no habría sometido a sus hombres a un ambiente similar.
Este primer accidente hizo que la NASA se replanteará por completo sus medidas de seguridad –la nave estaba repleta de materiales inflamables y la escotilla de emergencia tardaba una eternidad en abrirse desde dentro, por ejemplo–. Incluso se llegó a ralentizar el proyecto Apollo durante meses poniendo en peligro la llegada a la Luna, pero la prioridad por entonces de los administradores de la NASA fue clara: La seguridad de sus astronautas.
Challenger y Columbia
Las mejoras conseguidas hicieron que el programa espacial de Estados Unidos no tuviera que lamentar más bajas durante 29 años. Aunque si hubo sustos. Principalmente, el de Apollo 13 aunque también el mismo Apollo 11 rozó la catástrofe en el instante de su alunizaje.
El siguiente gran desastre para la NASA llegaría al poco de iniciarse la era de los transbordadores. Un 28 de enero de 1986, el Challenger explotaba apenas 73 segundos después de haber despegado con siete astronautas a bordo: Dick Scobee, Michael J. Smith, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Gregory Jarvis, Judith Resnik y Christa McAuliffe. La cabina cayó intacta al mar 2 minutos y 45 segundos después. Se cree que antes del impacto contra el agua los siete tripulantes aún podían estar vivos. El vuelo había sido aplazado en dos ocasiones y la noche antes del despegue había caído una importante helada sobre la nave, lo que pudo afectar a sus componentes. Nueve minutos antes de la ignición se detuvo el lanzamiento para ver en qué manera el hielo que aún se adhería a la plataforma de lanzamiento podría afectar al Challenger. Finalmente se dio luz verde a la cuenta atrás.
El Challenger explotaba apenas 73 segundos después de haber despegado
A modo de homenaje, a día de hoy día 17 montes de Marte descubiertos por los rover Opportunity y Spirit llevan los nombres de cada uno de los astronautas fallecidos. El año pasado, el presidente Barack Obama recordó que «durante más de medio siglo, la NASA ha explorado nuestra última frontera y cambiado el entendimiento de la humanidad sobre nuestro planeta y su lugar en el universo. Estos extraordinarios logros han requerido grandes sacrificios». «Toda la humanidad se ha beneficiado de su valentía y dedicación», añadió el mandatario. Más autocrítico fue el ex jefe NASA Sean O’Keefe al reconocer los fallos humanos que se produjeron en las tres tragedias: «Las consecuencias de nuestros errores son catastróficas».






