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Beti Jai, la «Capilla Sixtina» de los frontones madrileños

Día 27/03/2014 - 18.48h

Construido en 1893 en pleno centro de Madrid, esta joya desconocida de la arquitectura de Madrid, lucha por sobrevivir a su desaparición

ABC
«El Beti-Jai de Madrid ha de ser, según Arana, una especie de Vaticano de las pelotas… ¡Institución sagrada que subsistirá incólume aunque vinieran otra vez los sarracenos!», podía leerse en el diario madrileño «El Liberal», el 21 de octubre de 1893. Casi 120 años después de su inauguración, celebrada en 1894, el constructor José Arana Elorza no diría seguramente lo mismo si viera el estado ruinoso en el que ha quedado este edificio declarado Monumento Nacional en 1991 declarado Bien de Interés Cultural por la Comunidad de Madrid, en 2011.

A día de hoy, mientras la humedad va carcomiendo sus cimientos y las paredes están literalmente cayéndose, el frontón situado en el número 7 de la calle Marqués de Riscal, cerca del Paseo de la Castellana, es el único ejemplar de edificio deportivo del siglo XIX que queda en Madrid y, junto a Las Ventas, la única construcción de la arquitectura del hierro. Hoy, un grupo de vecinos, arquitectos y algún expelotari lucha, sin embargo, para evitar su desaparición a través de la Plataforma Salvemos el Beti-Jai.

A finales del siglo XIX, Madrid gozó del privilegio de ser una de las ciudades de España con más afición a la pelota vasca. «Cada semana se inaugura por ahí un nuevo frontón, y todos los días se dan detalles de los infinitos que están en obra», contaba ABC a principios de 1894. La capital llegó a tener hasta 30, como el Jai Alai (1891), el Esukal Jai (1893) o el Frontón Central (1899). Pero, entre todos, destacaba este frontón abierto de más de 10.000 metros cuadrados y capacidad para 4.000 espectadores que, por su estilo y comodidad, recibió nombres como «el Vaticano» o «La Capilla Sixtina» de los frontones.

¡Marcador eléctrico!

«Los prosélitos del “sport” euskaro tienen ya un nuevo templo donde rendir culto a sus aficiones», anunciaba «La correspondencia de España» el día de su inauguración, con un partido entre la pareja de pelotaris formada por Portal y Pasieguito, contra Beloqui y Tandilero. En la reseña se hablaba de un edificio «soberbio», con una cancha amplísima y «gran espacio entre ella y las primeras sillas». Poseía, contaba, un novedoso marcador «que funciona por medio de un aparato eléctrico, visible desde todas las localidades», con «un muro lateral de más de 11 metros de altura», «50 palcos comodísimos» y con pinturas decorativas de colores claros que le daban al frontón «un tono de luz y alegría». Además, estaba provisto de todo tipo de salones, despachos vivienda para el conserje, habitaciones para los pelotaris, cafetería, cocina o enfermería. El no va más.

El responsable de todas estas innovaciones fue el arquitecto cántabro Joaquín Rucoba (1844-1919), autor de otros edificios emblemáticos como el Ayuntamiento y teatro Arriaga de Bilbao o la plaza de toros de La Malagueta, que convirtió el Beti Jai («Siempre fiesta», en vasco) en el único frontón de estilo neomudéjar del mundo.

Fue sin duda un negocio rentable para Arana hasta su muerte (1908), por las enormes cantidades de dinero que se movían en las apuestas en torno a este deporte en el Madrid de principios de siglo XX y porque con frecuencia era aprovechado para que se celebraran en él todo tipo de espectáculos, mítines políticos o conferencias. Queda como anécdota histórica que fue allí donde el matemático Leonardo Torres Quevedo (1852-1936) realizó las pruebas de sus máquinas autómatas y del telekino, el primer radiocontrol conocido.

Primo de Rivera suprime las apuestas

Pero en la década de 1920, Miguel Primo de Rivera suprimió las apuestas y los juegos que las promovieran. Fue en ese momento cuando comenzó el declive de este edificio histórico. Primero fue convertido en una fábrica de vehículos Studabaker y, después, en un garaje. Durante la Guerra Civil fue reconvertido en comisaría y cárcel improvisada. Y durante los primeros años de la dictadura franquista se usó como espacio para los ensayos de las bandas musicales vinculadas a la Falange Española. Luego fue fábrica de escayolas, corrala y, en los años 60 y hasta los 90, sus canchas fueron ocupadas por un taller de automóviles.

A finales de los 70 ya se habían publicado en ABC los primeros artículos de Julio Cerón en defensa del frontón Beti Jai: «Que se detenga el proceso continuo de abandono» y que «no volvamos a presenciar la desaparición de otro frontón (recordemos el desaparecido frontón Recoletos, una de las obras arquitectónicas más importantes de los últimos años)».

La especulación también ha amenazado a este edificio que quiso ser convertido, por ejemplo, en un hotel. Pero todas las iniciativas en este sentido fueron frenadas por la declaración del frontón como Bien de Interés Cultural, gozando de la máxima protección legal y urbanística. El expediente, incoado en 1977, fue ratificado en 1991 con la categoría de «Monumento». «Un edificio digno de ser conservado y uno de los mejores de la época», alegó la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Con el objetivo de dar a conocer esta joya desconocida de la arquitectura de Madrid, ABC ofrece el reportaje en vídeo «Memorias del Beti-Jai», una pieza en la que viajar al pasado para entender la importancia del juego de pelota en el Madrid del XIX, la construcción del Beti-Jai, el aspecto original del edificio y su lamentable estado de conservación.

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