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Craig Zucker, de 29 años, se ha convertido en millonario con la comercialización de agua del grifo embotellada, mucho más barata que la mineral
Cómo hacerse rico vendiendo agua del grifo
Se llama Craig Zucker, tiene 29 años, viste vaqueros, no se peina mucho y tiene la pinta de mal estudiante inteligente que ha llevado a algunos a levantar imperios informáticos en un garaje antes de acabar la carrera. Él va por el mismo camino: se está haciendo de oro...vendiendo agua del grifo embotellada. La etiqueta dice «Tap´d NY. Purified New York City tap water» y se vende a dólar y medio la botella. Eso vienen a ser unos 35 centavos menos de lo que suelen costar aguas embotelladas más de diseño o simplemente más pretenciosas, de Poland Springs o de Evian, cuya demanda empieza por cierto a decaer en la ciudad de los rascacielos. Que por cierto tiene una de las aguas del grifo más buenas y con mejor sabor del mundo, comparable con la de Madrid.
Mucho más que en Madrid, los restaurantes de Nueva York ofrecen agua del grifo que traen en grandes jarras sin pedirla, rellenando el vaso una y otra vez. La gente hace lo mismo en su casa. Pero hasta ahora a nadie se le había ocurrido embotellar este agua, etiquetar la botella y venderla.
No hay fuentes públicas
La primera pega que te podría poner el banco cuando fueras a pedir dinero para abrir el negocio sería: ¿y por qué te va a pagar la gente por algo que puede conseguir gratis? A lo que Craig Zucker contesta que no hay tantas fuentes públicas disponibles en la ciudad de Nueva York, y que la religión americana de ir a todas partes con comida y bebida a cuestas genera una demanda que él ha sabido aprovechar.
Pero sobre todo ha sabido seguir su instinto. El astuto emprendedor -que de muy joven, por no decir muy pequeño, ya triunfó con ideas de negocio tales como ofrecer un millón de dólares de premio a quien metiera una pelota de golf en determinado hoyo de un solo golpe, y cobrar un dólar por cada intento- estaba seguro de que la gente de Nueva York estaría dispuesta a pagar por tener agua de Nueva York embotellada. Que eso halagaría su nacionalismo neoyorquino.
Craig Zucker no es de Nueva York. Es de California. «Los Angeles Times» daba cuenta ayer con orgullo de la hazaña de su paisano. Se le ocurrió la idea milagrosa al encajar dos hechos en su cabeza: las celebradas bondades del agua de Nueva York, y la creciente presión de las autoridades a favor del consumo del agua del grifo contra el de agua embotellada, que es ecológicamente mucho más onerosa. Hay que transportarla desde lugares remotos, gastar combustible... Incluso cuando el agua del grifo sabe mal bastaría con filtrarla.
Pagan dos dólares al mes
Pero si encima es buenísima...¿por qué no hacerla más sexy embotellándola y etiquetándola? Ni corto ni perezoso, Craig Zucker se trasladó a Nueva York, se buscó un socio en la Craigslist, alquilaron un almacén en Brooklyn y empezaron a bombear el agua que salía del grifo. Pagan 2 dólares al mes y sacan todos los litros que quieren más. Alquilan un camión para ir y venir de New Jersey, donde la embotellan, y hala, a distribuir por tiendas y restaurantes. Claro como el agua.
Por ahora les va muy bien. Llevan vendidas 50.000 botellas y tienen 75 establecimientos de Nueva York abonados a su red de distribución.
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